Para muchas personas, los milagros existen. Para otras, son resultado del trabajo o de varios factores que se conjugan para dar un resultado que se creía imposible.
Pero no hay duda que incluso con todos los avances tecnológicos y de medicina, siguen existiendo casos que parecen escritos por un gran dramaturgo, dignos de un milagro.
La familia Vázquez Martínez es de aquellos casos que no se dan comúnmente, que conmueven a todo aquel que se entera de su historia y hace valorar cada segundo vivido.
El eje de esta historia sin embargo, es el joven José Miguel, quien durante sus 23 años de edad, ha luchado para salir adelante y su permanencia podría ser catalogado casi como un milagro.
Luego de varios procedimientos clínicos a los que se ha tenido que someter, la familia acude a la ciudadanía para recaudar fondos, buscando solventar una nueva y costosa cirugía que necesita su hijo, ya que el sistema de salud pública no cuenta con esa operación.
EL PRIMER MILAGRO
El joven ha tenido que ser sometido a varias intervenciones médicas desde que llegó al mundo, pues a las cuatro horas de haber nacido, José Miguel dejó de respirar. Inmediatamente fue intubado e ingresó a quirófano por primera vez en su vida a los siete días de edad.
La razón: secuestro pulmonar. Se trata de una anormalidad en un pulmón, similar a un excedente del órgano que podría también ser considerado como un muy pequeño tercer pulmón que bloqueaba el resto del sistema respiratorio, por lo que el recién nacido dejó de respirar y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente.
El procedimiento pintaba un panorama de un 33 por ciento de probabilidades de resultar exitosa y afortunadamente, así fue.
Tras esta operación, el diagnóstico fue totalmente favorable. Un bebé había vencido su primera batalla y el pequeño volvió a nacer, una semana después de haber llegado al mundo.
A partir de entonces, José Miguel pudo crecer de manera normal acompañado de su familia. Divirtiéndose, riendo, jugando.
EPISODIO TRISTE
Años después, durante una revisión rutinaria con el pediatra como cualquier otra, se le diagnosticó un problema en el corazón. Esto vuelve a someter al joven a nuevos estudios.
Estos arrojaron una miocardiopatía hipertrófica, en este caso asimétrica. Esto quiere decir un engrosamiento del corazón que puede derivar en dificultad para bombear sangre, forzándolo a trabajar y haciendo difícil la relajación del vital órgano.
Alrededor del 65 por ciento de los casos son hereditarios, y José Miguel entra en la estadística, por lo que llaman a revisión a toda la familia para detectar a tiempo cualquier anomalía.
El joven no era el único en su familia que lo poseía, su hermanita menor, Isabela, también fue diagnosticada con el mismo padecimiento, pero en su caso, se trataba de una miocardiopatía hipertrófica simétrica, a diferencia de su hermano.
Esto cambió la vida diaria de la familia Vázquez Martínez. Las visitas con el cardiólogo se volvieron una cotidianidad.
La hermanita no presentó síntomas, permitiendo que siguiera realizando su vida con normalidad. José Miguel por otra parte sí mostró cansancio, fatiga, ya no podía correr o realizar mucho ejercicio.
Lamentablemente en un mes de enero, Isabela tuvo una arritmia en su corazón que fue fulminante. Falleció a los 13 años de edad. La operación a la que podía someterse para una mejor vida, llegaba hasta que cumpliera los 15, pero no pudo ser así.
Este hecho desencadenó en que su hermano mayor fuera tratado con mayor cuidado, pues algo similar podría ocurrir. Para esto, se le implantó desfibrilador cardioversor implantable (DCI), un aparato que detecta la arritmia y envía una descarga eléctrica al corazón para volverlo a su ritmo habitual.
Al pasar los meses, José Miguel, como buen aficionado a los Tigres, asistió al estadio con su familia, al salir después del encuentro, se desvaneció. Sufrió una arritmia.
Fue gracias al DCI que el joven sobrevivió, pues el aparato médico había hecho su trabajo correctamente.
Tiempo después, caminando a escasos metros de su trabajo, volvió a sufrir otro episodio de arritmia que lo dejó al borde de la muerte.
Tuvo que ser internado de nueva cuenta en la Unidad Médica de Alta Especialidad de Cardiología número 34 del Instituto Mexicano del Seguro Social, donde fue informado ya no podía seguir de esa manera y necesitaba un transplante urgente.
EL CORAZÓN PERFECTO
Dada la edad de José Miguel y la gravedad de su padecimiento, fue puesto en el primer lugar en la lista de prioridad para recibir un corazón donante.
Pasó una semana de angustia, nerviosismo y mucha oración, pero finalmente, el órgano llegó.
Por supuesto que la familia Vázquez Martínez estaba más que contenta y agradecida en cuanto recibieron la noticia, ya que volvieron a ver una luz de esperanza tras varios años de seguir luchando juntos.
El donante fue Juan Pablo Gil, un joven que compartió todo con José Miguel. Un corazón que encajaba perfecto.
“Los doctores estaban sorprendidos porque la compatibilidad fue perfecta. Era un muchacho de su misma edad, de su misma complexión, entonces fue un reemplazo original haz de cuenta”, contó Carlos Vázquez, papá de José Miguel.
La muerte había llegado al donante debido a un accidente en motocicleta, lo que derivó en la muerte cerebral del joven originario de Hermosillo, Sonora.
En un acto de amor y amabilidad con el prójimo, la familia del fallecido decidió donar los órganos y en este caso, el corazón llegó directamente a José Miguel para darle otra oportunidad más de seguir viviendo, pese al dolor de perder un familiar.
“Nos informaron que el muchacho tuvo un accidente, tuvieron que desconectarlo. La familia generosamente donó sus órganos. Nosotros agradecidos con la familia porque entendemos el dolor de despedir a una hijo. Nosotros lo vivimos en su momento con Isabela y claro que entendemos ese dolor”, relató.
Tras varias horas de operación, el procedimiento resultó exitoso y ese órgano volvió a latir, pero ahora en el cuerpo de José Miguel.
LA AYUDA
Por si fuera poco, Vázquez volvió a sufrir otra arritmia. En esta ocasión fue una semana después de recibir el transplante, ante esto, tuvo que ser intubado de nueva cuenta.
Recién nacido, José Miguel había sido intubado y en esta segunda ocasión, una mala praxis por parte del cuerpo médico al momento de realizar el procedimiento tuvo algunas repercusiones en su sistema respiratorio.
Y es que la intubación dañó su tráquea, así como las cuerdas vocales. Esto impidió que José pudiera seguir hablando.
Como consecuencia de esto, se le realizó una traqueostomía. Un orificio que se hace en la tráquea a la altura delantera del cuello para mantenerlo abierto y que la persona pueda seguir respirando.
Después de tantos años de luchar contra la adversidad, la familia Vázquez Martínez está pidiendo a la ciudadanía de Monterrey que puedan ayudarles.
Para corregir estos problemas, el joven necesita dos cirugías, una de ellas sí puede ser realizada en una clínica del IMSS sin embargo, la segunda solamente puede llevarse a cabo en un hospital privado.
El monto que necesita la familia es de alrededor de 120 mil pesos para poder solventar los gastos de la segunda cirugía que pueda regresarle el habla a su hijo.
Si usted quiere y puede apoyar a este joven para que pueda regresar a tener el habla, puede hacerlo a la cuenta Banco Azteca con número 4027 6600 0611 5598, la cual está a nombre de José Miguel Vázquez Martínez.
Cualquier monto puede ayudar a hacer la diferencia, pues será la suma de los pequeños apoyos los que puedan llegar a la meta y conseguir esta nueva oportunidad.
Puede ser considerado un milagro o no, pero sin duda que la historia de José Miguel y su familia nos demuestra la fortaleza humana y la calidad de las personas que ayudan desinteresadamente a todo aquel que lo necesite, aún siendo un completo desconocido.
¿CÓMO AYUDAR?
La familia está solicitando apoyo para recolectar los 120 mil pesos necesarios para la operación de José Miguel. Cualquier donación se puede hacer a esta cuenta:
4027 6600 0611 5598
Banco Azteca
José Miguel Vázquez Martínez.

















