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ás allá de los discursos de Samuel García de que la Copa del Mundo en la sede Monterrey fue la mejor en México que ofreció a los turistas una experiencia de vida, sólo lo que pasó en el Fan Fest sepultó la versión oficial.
Sin embargo, más allá de un Parque del Agua con zonas en construcción, broncas de movilidad, un Metro rebasado y un Fan Fest donde lo más importante fue la borrachera, hubo una grosería que no pasó desapercibida para las delegaciones que estuvieron en Nuevo León para competir en el torneo.
Se trata de la indiferencia, discriminación y hasta desprecio por parte del oficialismo estatal a tres selecciones que jugaron en la sede Monterrey del Mundial de la FIFA: Túnez, Sudáfrica y Marruecos.
Esto no pasó desapercibido para la población, que en redes sociales como X detalló y cuestionó la indiferencia que mostró a estos tres equipos, que tienen algo en común: la mayoría de sus jugadores y directivos son de piel oscura y, en el caso de Túnez y Marruecos, profesan el islam.
Durante las semanas en que Monterrey vivió la euforia futbolera, el gobierno de Nuevo León incurrió en una vergonzosa violación de las mínimas reglas de conducta, que dictan que tiene que ser imparcial y buen anfitrión.
La insistencia de Samuel por mezclar la política con el futbol manchó la participación de Nuevo León en el torneo, exhibiéndolo no solo a nivel nacional, sino internacional.
Cuando faltaban meses para el primer juego en el Estadio Monterrey el 14 de junio, el ejecutivo estatal realizó viajes a Asia y Europa, quesque para promocionar la sede, y hasta cargó con una botarga naranja que se inventó como mascota y que provocó una seria y documentada molestia por parte de la FIFA, muy cuidadosa de proteger sus marcas registradas.
Sin embargo, ¿recuerdan a dónde no acudió Samuel y su caravana naranja? Exacto, al continente africano.
Alguien de sus colaboradores tuvo que decirle que Marruecos, cuarto lugar en Qatar 2022, tenía posibilidades de jugar en Monterrey dependiendo de las posiciones de los grupos, pero en cambio estuvo en Francia y España, que no iban a venir.
Tampoco tuvo la cortesía de asistir al único país que aceptó tener toda su concentración en tierras regiomontanas: Túnez, quien durante las semanas que el equipo estuvo en Nuevo León no lo recibió en su hotel a su llegada, como con los holandeses.
Es más, fue tanta la obsesión por Países Bajos, que Samuel utilizó uno de los helicópteros Black Hawk que recientemente adquirió en algo así como 86 millones de pesos para ir a recibir un camioncito con 15 neerlandeses (holandeses) que cruzaron la frontera por el Puente Colombia para presenciar el juego ante los marroquíes.
¿Y qué decir de los escudos de Países Bajos que aparecieron en las calles alrededor del Palacio de Gobierno y en cada poste de las avenidas Chapultepec, Eloy Cavazos y Pablo Livas?
¿Acaso no hubo un inteligente del gabinete que calculara los daños a la persona y las consecuencias políticas y electorales de mostrar este abierto favoritismo al equipo europeo, despreciando al africano?
¿Por qué nadie le dijo a Samuel García que, por su investidura, tenía que ser imparcial, ordenando proyectar en pantallas una bienvenida en árabe y en castellano, no solo en holandés, cuando jugadores y directivos de Marruecos se acercaban al estadio a bordo del autobús?
Y luego, como cereza del pastel, está el descarado acarreo de burócratas, a quienes vistió con camisetas color naranja para hacerlos pasar como aficionados de Países Bajos.
La movida fue desesperada, es cierto, pues en el gobierno se dieron cuenta de que los 15 mil neerlandeses que aseguraban llegarían a Nuevo León en realidad no fueron más que un par de miles, o quizá hasta menos.
La caravana naranja no pasó desapercibida para medios nacionales e internacionales, quienes se burlaron de una decisión tan ridícula como la de llevar acarreados a un evento deportivo.
Sin embargo, la decisión provocó el efecto contrario al esperado, pues el día del partido el 99.9 por ciento de los asistentes en el Estadio Monterrey corearon el “¡no fue penal!” del Mundial 2014, cuando Arjen Robben fingió una falta de Rafael Márquez que eliminó a México.
Desde la misma noche del 29, cuando el árbitro pitó el final del encuentro, un tatuaje se marcó en las siglas MC, aunque tendrán meses para intentar borrarlo rumbo a las elecciones de 2027.
Bien, en cambio, por los alcaldes de Monterrey y Guadalupe, Adrián de la Garza y Héctor García, respectivamente, que nunca se pusieron un jersey para ofender al otro equipo.
Y asistieron a los cuatro juegos como imparciales y hospitalarios anfitriones: Adrián, como edil de la sede de la FIFA, y Héctor como alcalde de la ciudad del estadio.
Estas decisiones no pasaron desapercibidas por la comunidad internacional; ahí están las declaraciones del técnico de Marruecos al terminar el juego, que bien supo de la campaña antimarroquí del gobierno de MC.
“El pueblo marroquí devolverá a México lo que los fans mexicanos nos han dado hoy, vendrán y se sentirán en casa; tendrán allá un estadio lleno de fans en apoyo”, dijo Mohamed Ouahbi.
Quizá, por respeto y bien educado, el entrenador omitió decir a quién iba dirigido su mensaje.
En otros asuntos, la pugna entre el gobernador y el Congreso del Estado cuenta con un nuevo capítulo, una vez que la jueza Tania Virginia Neri Borjas decidió otorgar a Samuel un amparo ante el juicio político que se sigue en su contra.
La decisión no fue ignorada por los legisladores, quienes anunciaron que interpondrán una queja en contra de Neri Borjas en el Tribunal de Disciplina Judicial.
De hecho, el amparo abrió la puerta para que la Suprema Corte de Justicia determinara suspender de manera temporal cualquier decisión de castigo o inhabilitación que pueda generarse del juicio político contra el gobernador.
Porque eso es lo que en realidad determinó la Corte: detener cualquier determinación del juicio, no suspender el proceso u ordenar al Congreso local que frene el proceso que está llevando a cabo contra García Sepúlveda por las supuestas triangulaciones de recursos públicos al despacho contable de su familia.
Y mientras el gobernador busca forma de mantenerse en el puesto, delega a sus colaboradores atender broncas como los reclamos de los alcaldes para que les paguen los más de mil 700 millones de pesos -aunque el tesorero estatal lo negó-, que les deben por concepto de participaciones públicas.
Nuevo León está que arde… y eso que aún no arrancan las campañas.








