Reynosa, Tam.-
Los integrantes de La División del Norte, el vocalista Wayo Roux y el maestro, Pepe Ramos, hicieron historia con aquel grupo que se presentó en ese festival, el cual marcó un parteaguas en la cultura musical nacional.
Ávandaro es un asentamiento turístico de Valle de Bravo en el Estado de México que el 11 y 12 de septiembre de 1971 se inscribió las páginas de oro del rock en México, con un evento sin precedentes en el país.

Originalmente se estaba organizando una noche mexicana en la que un par de grupos daría una velada previa a las carreras del un circuito automovilístico que se celebraría el día siguiente. El periodista Jabobo Zabludivsky del Telesistema Mexicano (hoy Televisa), invitó al público a asistir con un boletaje de 25 mil localidades.
Sin embargo, las expectativas se rompieron cuando se fueron agregando más conjuntos a la tocada como Tree Souls in my Mind, Tequila, Peace and Love, Los Dug Dug’s, Love Army, La Tinta Blanca, Los Yaki, Mayita Campos y El Ritual, entre otros.
En total eran 12, uno de los cuales fue La División del Norte, un grupo de Reynosa conformado por Pepe Ramos en la trompeta, David Garza en el bajo, Esteban Aguilar en los teclados, Raúl Sauceda en el saxofón, “Angelillo” en la guitarra y Wayo Rioux como vocalista.

Nadie se imaginaba las dimensiones que este concierto llegaría a alcanzar y sus organizadores, al notar la grande expectativa, decidieron denominarlo como el “Festival de Rock y Ruedas de Avándaro”.
Los cálculos son fluctuantes, pero se estima que hubo entre 250 mil y 450 mil personas reunidas en ese lugar, comparándolo con el multitudinario concierto de Woodstock, que había tenido lugar dos años antes en Nueva York.
“Fue impresionante ver tantas personas juntas, era un mundo de gente ahí. Le dije a mi compadre Wayo, –asómate, porque ahí hay más gente que en Reynosa, que entonces tenía 75 mil habitantes (carcajadas)”, refirió el destacado músico ya fallecido Pepe Ramos en una entrevista a Hora Cero a principios de 2018.
LOS AÑOS ‘HIPPIES’

Esto provocó el nerviosismo del gobierno de Luis Echeverría, con las huellas recientes de la matanza de Tlatelolco y el temor a un levantamiento juvenil.
La Secretaría de Gobernación (Segob) intentó boicotear el evento con campañas de desprestigio pero el público respondió sin ningún gesto de violencia, como se quiso hacer ver.
“Lo de Avándaro fue algo muy vetado. En cualquier parte donde se oía una tocada de rock entraba la policía a llevarse a los músicos, por hacer escándalo en la vía pública. Los relacionaban con disturbios. Pero el festival duró 12 horas y la gente se comportó a la altura.
“A nosotros nos tocó la reina de todas las horas, de nueve a diez de la noche. Afortunadamente el mejor audio de Avándaro fue en esa hora, porque con los demás a cada rato se les fue la luz”, relató el también músico por el Conservatorio Nacional.
La División del Norte fue en lugar del grupo La Tribu de Monterrey, aunque don Pepe Ramos consideró que luego se arrepintieron por no aceptar la invitación.
“Se pusieron en sus moños y no fueron. Ahí se empinaron ellos… Y surgió la pregunta ¿a quién más llevar?, ‘pues llamen a La División del Norte, tocan muy bien’, les dijeron a los organizadores y fuimos el grupo sensación en todo el festival, porque no tocamos ningún ‘cover’ y todas fueron piezas de nosotros.
“La raza las aceptó muy bien. Incluso uno de nuestros toquidos lo adoptaron en toda la República Mexicana para final de tanda, como se le llama cuando un grupo musical hace un descanso”, añadió el entrevistado.
PARA EL RECUERDO
El festival de rock más grande de la historia es el Steve Wozniak’s, que reunió a 670 mil personas en California a principios de los ochenta, pero Avándaro fue de los primeros y marcó una época.
Mostrando en su sala la imagen que la reconocida fotógrafa mexicana Graciela Iturbide le tomó aproximadamente a 400 metros de distancia, Pepe Ramos dijo que los registros de este multitudinario evento han sido mostrados en documentales, programas de televisión, revistas y museos.
Pepe y sus compañeros, se dieron cuenta de los alcances de Avándaro, cuando pasaron los años y nadie logró esta hazaña.
“Yo no sabía que bien tocábamos hasta que no lo oí 30 o 40 años después. Un día estando en casa de mi compadre Wayo me puso un disco y me preguntó –¿Quiénes son compadre?– y yo le respondí: –Tocan con madre, ¿quiénes serán?–. –Escúcha– me dijo.
Había una pieza que le metió Esteban Aguilar muy barroca en el órgano, hasta que mencionó, –somos nosotros compadre–.
“Yo no sabía que tocábamos tan bien… a mí el rock no me gusta. Yo jalé con el rock porque me pagaron bien siendo yo orquestado. El grupo de nosotros era muy bueno. Y los demás en Avándaro eran buenos, pero no tanto, y lo peor y lo que trascendió y lo que se quedó fue lo más mugroso, la música de Alex Lora, es lo más mugroso”, criticó don Pepe (Q.E.P.D.)

LA BORRACHERA MÁS GRANDE DE MÉXICO
Mencionó el entrevistado que ese festival lo organizó el productor Luis De Llano y en menos de tres horas se vendieron dos millones de latas de cerveza.
“Se llevaron el billete en grande. Costaba 5 pesos cada una y ahí 20. Fue el negociazo de toda la vida. Los soldados no podían ponerse bravos, porque nos tocaban como a cada mil gentes un soldado, así que no nos molestaron”, recordó sonriente.
Describió que la fusión de sonidos de Avándaro fue algo muy especial. Todo estaba rodeado de columnas de bocinas.
“Mirabas hacia abajo y estaba refeo, de cómo se movía la gente. Estuvieron ahí centenares de personas. Tocando arriba sentía cómo se movía el escenario”, charló don Pepe Ramos.
Por su parte, el cantante Wayo Roux, de hecho, todavía se mantiene vigente realizando tocadas y conciertos, recientemente interrumpidos por la pandemia del Covid–19.
Con el maestro Pepe Ramos, ambos han sido de los más brillantes representantes de la música en Reynosa y el Festival de Avándaro, que este 11 de septiembre cumplirá su 50 aniversario de realizado, es el mejor ejemplo.







