A la cita el ingeniero José Maiz García llegó con impecable traje oscuro y corbata. Muy puntual. En las oficinas de la Constructora Maiz Mier en Matamoros y Escobedo, en el centro de Monterrey, se combina una tradición empresarial de familia con su pasión desde niño: el beisbol.
Su espalda recta cualquier jugador veterano la envidiaría. Y quien no lo conociera apostaría a que tiene sesenta y un poco más de años, no 77.
Entre broma y en serio don Pepe, como se le conoce en el ambiente deportivo, empresarial y social de Nuevo León, dice: “Ya me quieren jubilar, pero mi papá siguió trabajando hasta semanas antes de fallecer a los 91 años”.
Aquel Niño Campeón en Williamsport de 1957 se contiene las lágrimas pero sus ojos se enrojecen al hablar de Ángel Macías, pequeño lanzador del juego perfecto en la final de ese año a quien acostumbra ver cada semana en su casa: “Sin él no sería quien soy”.
— Don Pepe, desde los 22 años ha construido puentes, túneles, plantas industriales, cruces internacionales, domos, ¿pero qué estadio de Grandes Ligas le hubiera gustado construir?
Antes de construir el estadio de Monterrey nos dimos una vuelta por los estadios de San Diego, de Los Ángeles y de Houston, y de esos tres sacamos lo que creíamos conveniente para nosotros.
Si lo ves, el estadio de Sultanes es muy parecido al de San Diego de antes, aunque sacamos cosas de otros estadios que pensamos que también nos convenía.
Lo único que nosotros le cambiamos a los estadios de Estados Unidos fue la separación de las butacas, pues allá están muy pegaditas. Entonces nuestro estadio tiene mucha amplitud, y puede pasar la gente a vender sin incomodar a los asistentes.
—Aparte de su equipo los Sultanes de Monterrey ¿cuál es su equipo favorito en Grandes Ligas?
En Grandes Ligas yo siempre he sido Dodger, desde antes de Fernando Valenzuela. Incluso Roy Campanella jugó como catcher con Sultanes en 1943 cuando fue el primer campeonato del equipo.
Mi familia siempre ha sido aficionada del beisbol. A nosotros nos llevaban desde niños al parque Cuauhtémoc de la Calzada Victoria, en aquel tiempo a ver a los Sultanes. Mi papá, por ejemplo, nos llevaba al estadio, se iba al trabajo y pasaba por nosotros para irnos a la casa.
Ese fue mi primer contacto con el beisbol y después en el colegio Franco Mexicano, que en aquel tiempo se practicaba más que el fútbol.
—Era una ciudad de Monterrey con 450 mil habitantes y sumamente beisbolera…
Sí, era beisbolera al cien por ciento.
— Entonces aparte de Sultanes es seguidor de los Dodgers…
¡Claro! Además, porque uno de los primeros equipos que nos invitaron cuando fuimos campeones fue justamente los Dodgers. Ahí conocimos a Walter O’Malley, al papá.
— En 1991 se organiza el Duelo de Titanes entre Fernando Valenzuela contra Teodoro Higuera para inaugurar el parque de Monterrey. ¿Ese partido cómo se concretó? ¿Qué obstáculos puso Grandes Ligas para que vinieran los equipos?
Se batalló por un buen tiempo porque queríamos inaugurar el estadio con algo sensacional. Ya lo habíamos inaugurado jugando la última serie del 90 y con un Mundial Juvenil donde jugó Karim García, Beto Saucedo, y una bola de muchachos que después ascendieron.
Cuando estábamos construyendo el estadio, el presidente Carlos Salinas de Gortari me exigía que termináramos en determinada fecha porque ya tenía el Mundial Juvenil comprometido.
Queríamos inaugurarlo con algo espectacular. Cervecería seguía siendo parte dueño del equipo todavía, tenía el 32 por ciento del equipo. Ellos fueron realmente los encargados de armar ese Duelo de Titanes porque querían atraer mucha gente para vender su producto y darlo a conocer.
—Incluso se anticiparon a la Ciudad de México en este tipo de eventos…
Ellos tuvieron antes un juego de Indios de Cleveland pero no en un parque tan moderno como el nuestro, porque en ese entonces el Estadio de Monterrey era el más moderno de Latinoamérica.
— Cuando Valenzuela se retira y vuelve a México a jugar con Charros, ¿nunca tuvo la tentación de contratarlo para Sultanes?
¡Claro!, varias veces traté de comprárselo a la gente de Charros, pero nunca me lo soltaron porque era una gran atracción a donde fuera a pichar. Nunca quisieron ponerle precio a Valenzuela.
— ¿Le hubiera gustado vestirlo con los colores de Sultanes?
Me hubiera encantado vestirlo de Sultán. El señor es el máximo ídolo que ha existido en el beisbol mexicano por donde se le vea.
— ¿El mejor pelotero?
Para mí es insólito que no esté en (el Salón de la Fama de) Cooperstown. Simplemente por haber regresado a la gente a los estadios después de la huelga de los años 80 él debería de estar ahí. Lo que hizo Fernando fue algo descomunal para todo el beisbol de Latinoamérica porque no solo nos abrió las puertas a los mexicanos. Si tú te pones a ver cuántos latinos había antes de Valenzuela y después de Valenzuela, te vas a dar cuenta de todo lo que hizo.
—Don Pepe y en ese rechazo del Salón de la Fama a Valenzuela ¿no interviene el racismo?
Yo creo que algo hay de eso, porque si él hubiera sido americano desde hace muchos años hubiera estado dentro del Salón de la Fama. Siempre hay algo de eso.
Te pongo un ejemplo: en Williamsport, en el Salón de la Excelencia, yo entré en el 2005 y fui el primer latino. El segundo latino fue Mariano Rivera que lanzó en Panamá Ligas Pequeñas y él entró en 2016, y el tercero fue Ángel Macías hasta el 2017, cuando gracias a su juego perfecto fue que el beisbol creció tremendamente hacia Oriente, Centroamérica, Sudamérica, Europa y a todo lo demás. Fue el boom del beisbol después del juego perfecto, y eso no lo pueden negar.
—¿Antes que usted debió haber entrado Ángel Macías?
Tuvo que ser el primero en haber entrado. Desde que instituyeron el Salón de la Excelencia para mí el número uno debió haber sido él, porque ha sido el único juego perfecto que ha habido en una final hasta la fecha.
—Usted abogó mucho para que reconocieran a Ángel Macías…
Fui el número 35 que entré, pero el primer latino. Entonces, empecé a machacar para que lo metieran. Yo cuestionaba su ausencia y ellos decían que no solo consideraban lo que habían hecho en Williamsport, sino toda la trayectoria de su vida. Y yo les respondía que si lo analizaban, con las dos películas que se hicieron de Ángel Macías, fue el que más niños metió a Ligas Pequeñas en todo el mundo y eso no lo pueden negar.
Cuando nosotros fuimos campeones solo competían tres países, ahorita hay 100 países, incluso de países que son dominados por el fútbol. Todo eso fue provocado por Ángel Macías.
—¿Le dolía mucho que Ángel no estuviera?
Sí, me dolía mucho que no estuviera, pero en mayo de 2017 me habló por teléfono Stephen Kinner, quien sigue siendo el director a nivel mundial de Ligas Pequeñas, y me pregunta: “Oye Pepe ¿cuándo le gustaría a Ángel Macías entrar al Salón de la Excelencia? Y le respondí que me diera 15 minutos.
Para ese momento Ángel ya estaba bastante malito, ya no estaba bien (padece Alzheimer). Ni siquiera le hablé a Ángel, pero le dije que quería entrar el 23 de agosto de 2017 en la Serie Mundial porque es un marco precioso. Y me responde: “¡Perfecto! encantado se hace”.
Le fui a avisar a Ángel y su esposa de que entraría al Salón de la Excelencia, que tal día tenía que estar en Nueva York y después en Williamsport. Y me responde: “Si tú no vas conmigo yo no voy”. Yo tenía demasiado trabajo, pero insistió y me fui con ellos cuatro días.
Nos fuimos a Nueva York, iban dos de sus hijas, hermanos, tíos y todo porque es un acontecimiento importante. Él ya tenía bastantes problemitas con el Alzhaimer y entonces yo le tuve que repetir mucho que era lo que tenía que decir. Le pedí mucho a Dios que las cosas salieran bien y todo salió excelente. Ángel dijo todo lo que le había dicho que dijera y le agregó otras cosas de manera perfecta.
Yo traía ya el reconocimiento y cuando regresa conmigo me pregunta: ¿Pepe, a qué venimos? Ahí se me salieron las lágrimas porque estaba entrando al Salón de la Excelencia de Williamsport y no lo estaba disfrutando. No se estaba dando cuenta de lo que estaba pasando.
—Ángel Macías es como su hermano. Como si fuera el hermano número 13 de la familia Maiz García…
Definitivamente sí porque toda la vida hemos estado juntos. Fuimos al Mundial de Ligas Pequeñas y al Mundial de la Pony juntos.
Ángel y yo nos conocimos a los 11 años, jugamos juntos hasta los 16 o 17, y luego cuando él jugó profesional y que venía a Reynosa iba a buscarlo a su casa para ir a comer.
— Hay una anécdota que yo lo escuché decir: que el empresario Anuar Canavati quería contratar por hambre a los jugadores de beisbol…
Así fue. Me invitó a comer al casino, yo tenía 15 años. Acabábamos de llegar del Mundial de la Pony y quería que yo firmara para jugar con Sultanes. Yo le dije que no porque quería seguir estudiando y sus palabras fueron: “Qué lástima que no tengas hambre”. Después firmó a varios de mis compañeros y al año todos se rajaron.
— ¿Por qué la historia del béisbol ha sido tan injusta con los campeones mundiales del 58?
Creo que se dieron dos cosas, en el 57 íbamos todos fregados, con camiones muy destartalados; íbamos con las ventanas abajo (por el calor) y cruzamos el puente a pie. La historia de ellos es muy diferente porque ya en el 58 ya la gente le ponía más atención a las ligas pequeñas.
Creo que había dos diferencias: el equipo de nosotros se distinguía mucho por el pitcheo de Ángel Macías y Enrique Suárez que ganaron seis juegos cada uno, y yo uno, mientras que en el 58 fueron menos partidos, ahí si podrías perder un juego (y seguir avanzando).
Ellos batearon, pero era más fuerte nuestro pitcheo, incluso llegamos a enfrentarnos y les ganamos 6 a 5 en el parque Cuauhtémoc.
De hecho a nosotros nos invitaron a jugar a Japón a una gira después de ser campeones mundiales, y se acordó que no íbamos porque nos hacíamos profesionales y querían que siguiéramos siendo amateur.
—En el grupo del 57 ¿usted y Ángel han sido los punteros, los más mediáticos? Y los otros no.
Sí, pero fíjate que pasó una cosa muy curiosa, Enrique Suárez fue el mejor bateador en toda la gira, fue un gran pitcher, pero si tu pones a comparar a Ángel y Enrique, el más completo fue Enrique.
—Usted era de familia pudiente y seguramente llevaba más dólares que los demás peloteritos….
Mi papá me había dado 100 dólares, que en ese tiempo era mucha lana, y le decía a César Faz (el entrenador): “Aquí está”, le ofrecía la mitad, pero no me los quería aceptar y me decía: “Aquí somos todos parejo’”.
Un día llegamos a dormir al Hotel Río Grande de McAllen, un hotelito de madera donde me tocó ser compañero de “El Verdugo” Villarreal, un muchacho muy humilde de la colonia Industrial, tremendo catcher, listo e inteligente; eran dos camas de tamaño Queen, una para cada quien.
En la mañana que me levanto me lo encuentro tirado en el suelo y le digo: “¿Qué pasó? ¿Te caíste?”. “No, en mi casa duermo en el suelo, yo nunca he dormido en un colchón y no podía dormir” Fue mi primera gran enseñanza que tuve a los 12 años y se me quedó grabada para toda la vida. Para mi todos somos iguales.
— Don Pepe, ¿por qué México no ha ganado más que el 57, 58, 97 habiendo más ligas y patrocinadores?
Aquí nada más en el estado de Nuevo León tenemos 62 ligas de las 220 que hay en el país.
— ¿Pero aun así porque no se han ganado más?
Cada vez es más difícil porque hay más equipos y más países; en el próximo año ya no serán 16, serán 20 los que van a llegar al Mundial: 10 de Estados Unidos y 10 internacionales.
—¿Sus compañeros no le hacían bullying porque usted era de familia con dinero?
No, dos éramos de condiciones económicas media alta: Gerardo González Elizondo y un servidor, los demás eran de clase muy humilde.
La verdad César nos decía que nos divirtiéramos. Sí era estricto, pero era un gran instructor y sabía cómo tratar a cada quien. Nunca hubo peleas.
Varios de mis compañeros trabajaron conmigo; “El Verdugo”, Fidel Ruiz que era el capitán del equipo, aquí jaló hasta que se murió. Mi papá lo becó para que estudiara en el Tec.
Con Ángel hemos sido amigos toda la vida, también trabajé con (Ricardo) Treviño.
—Volvamos a los Sultanes. Cuándo decidió compartir la propiedad con Multimedios, venderle el 50 por ciento, recuerdo que antes de eso hizo varios llamados…
Sí, al gobierno, así fue. Te voy a decir lo que pasó: cuando perdíamos dinero mi papá lo ponía; cuando se muere mi padre yo tenía unas acciones pero y digo: “¿Quién se quiere quedar conmigo?”, y nadie quiso entrar conmigo, me dejaron solo y yo ponía y ponía dinero hasta que la familia me dijo “¡ya no!”.
—¿Ya no era negocio?
Pues no, y yo ya no podía poner. Entonces tomé la decisión de vender, si no se hubiera ido a la quiebra la constructora, la familia y el equipo.
—¿Y no se arrepiente de esa decisión? Le pregunto porque de esa alianza del 2017 solo ha redituado un campeonato y usted tuvo cuatro.
Me han tocado cinco de los 10, pero también nosotros perdimos varios campeonatos por diferentes situaciones que no se nos dieron. En lugar de 10 campeonatos deberían ser 13 ó 14. Pasaron muchas cosas que no dejaron que Sultanes fuera campeón.
—¿Cómo cuáles?
A veces yo tenía un pelotero y el presidente de la liga decía: “¡Por mis pantalones no gana Sultanes!”, como cuando me quitaron de mi roster peloteros que dependían de Estados Unidos siendo míos, cosas que no se saben y yo me quedé callado. Ese tipo de cosas.
—En 1982 Cervecería lo invita a ser presidente de los Sultanes y antes, en 1986 la constructora compra acciones del equipo. ¿Fue la recompensa de su papá por haberle impedido ser jugador profesional?
Así fue, cuando compró me dijo: “No dejé irte al territorio profesional pero aquí está el béisbol, pero una condición: “Me vas a jalar hasta las 7 de la noche todos los días, y después de las 7 te puedes ir al estadio”.
Por eso todas mis juntas en mis treinta tantos años que estuve ahí eran en el estadio, y hasta la fecha voy a ver los juegos todos los días.
—¿Hubiera sido un jugador de Grandes Ligas?
No sé, cuando me quisieron firmar los Gigantes de San Francisco me querían firmar de pitcher, y yo les decía no, yo bateo bien. Después tuve otras ofertas para ir a firmar a la Liga del Norte.
— Escuché que lo invitaron a jugar en Coahuila y le ofrecieron 200 pesos por semana y que su papá le dijo “¡no!, te vas a lesionar y te va a costar más el hospital”.
Me dice no, te vas a lastimar el brazo y no vale la pena. Por eso no fui. Pero creo que mi papá estuvo en lo correcto de no dejarme ir al béisbol profesional.
—Don Pepe hablando de las Grandes Ligas, cuando estalla el escándalo del doping de Alex Rodríguez José Canseco, Sammy Sosa, ¿no le entró la sospecha de que pasaba lo mismo en la Liga Mexicana?
Eso sucedía, pero más en la Liga de la Costa ¿Por qué? Porque exigían mucho más, venían muchos peloteros de Grandes Ligas, y si no lo hacías te ibas para afuera. Hay que agradecerle a Pedro Treto Cisneros y a Alejo Peralta que se pusieron duros en la cuestión del doping.
Desgraciadamente se ha ido flexibilizando porque en aquel tiempo la marihuana era doping, la cocaína era doping y ahorita la marihuana ya es libre en Estados Unidos.
Creo que muchos peloteros no estaban conscientes del daño que se estaban haciendo, y lo que querían era romper récords.
—Pero el escándalo del doping en Estados Unidos no le hizo nada al negocio del béisbol…
Nada, pero sí les pegó a algunos atletas que debieron estar en el Salón de la Fama y no pueden estar.
—En el 2012 cuando fue diputado local por el PRI ¿lo hizo por convicción?, ¿por agotar su curiosidad por entrar a la política?, ¿porque se lo pidió su cuñado Natividad González Parás? ¿Por qué arriesgarse en la política un empresario tan exitoso como usted?
Te voy a contar algo, a mí en los ochenta me invitaron a ser presidente municipal de Monterrey por el PRI, pero mi papá nunca me permitió ser político.
Resulta que por el 2009 me llega un citatorio de que estaban todas mis cuentas congeladas. Fue en el periodo del presidente (Felipe) Calderón. A través de un amigo conseguí una cita con el secretario de Hacienda y me dice que tengo una devolución de Impuesto al Activo, el IMPAC, por 65 millones de pesos de aquel tiempo. Pedí (la devolución) pero nunca me la dieron y me tacharon.
Acababa de entrar el gobernador Rodrigo Medina, y le digo: “¿Qué se necesita para ser alcalde de Monterrey?” No me dijo nada, pero luego me mandaron decir que me bajara.
La verdad yo quería entrar a la política porque estaba enojado por muchas sinvergüenzadas que estaban haciendo. Esa fue la razón.
—¿Esa fue la razón por la cual llegó al Congreso local?
No. El presidente electo Enrique Peña Nieto vino a hablar conmigo para decirme que por favor declinara porque él tenía otros planes, y le digo que está bien, y me propuso que aceptara ser diputado.
Yo le dije: “Señor quiero el Distrito 5 que siempre lo gana el PAN”, y subí las votaciones en esa elección más del 30 por ciento en un distrito cien por ciento panista.
—Después de la experiencia en el Congreso local ¿ya no quiso volver a intentar ser candidato?
No, porque hubo cosas que no me gustaron en el Congreso y prefiero estar ajeno en la política.
—Ingeniero, tiene que decirme un secreto que se lo escuché en algún video, sobre el domo más grande del mundo ubicado en Arabia Saudita construido con tecnología Maiz Mier.
—Es una compañía que se llama Geometría, de la cual somos dueños del 30 por ciento. Es el domo más grande del mundo, 210 metros de diámetro, y se acaba de inaugurar este año y está en el desierto de Arabia Saudita. Está hermosísimo.
—Pura tecnología avanzada que la quisieron comprar los chinos.
Sí, porque querían que hiciéramos domos en China y dijimos ¡no!, porque nos van a fusilar todo.
—Don Pepe, a los 77 años tiene un cuerpo muy fuerte. Está muy derecho.
Me siento fuerte, gracias a Dios, muy bien.
— ¿Qué le falta por hacer?
Quiero hacer muchas cosas, las tengo en mente. Participo en varias asociaciones, una se llama Abuelitos ABP, en donde damos de comer a los viejitos y ofrecemos atención médica; queremos hacer un centro donde estén cien abuelitos y ese modelo ponerlo en varias partes del estado, e irlo replicando a varias partes del país.
Quiero seguir siendo director de Ligas Pequeñas mientras el cuerpo aguante.
—En esta pandemia ¿ha perdido a una persona cercana?
Fíjate que bendito sea Dios que nos ha protegido como a nadie. Nos dio a muchos y yo fui asintomático, pero todo muy bien.
— Ingeniero podría pasar mucho tiempo platicando con usted. ¿A quién le recuerda y le recordara por siempre esta frase: enamórate de lo que haces?
A mi padre, porque era la frase que siempre decía cuando le preguntaban: “Ingeniero, ¿a qué se debe su éxito? Y él contestaba: “Enamórate de lo que haces, sea la profesión que sea”.
No quiero que se acabe la entrevista sin leerte los valores que son de las Ligas Pequeñas
Trabajo en equipo, porque te va a servir toda la vida en donde estés; disciplina, obediencia, compañerismo, humildad al ganar; no perder nunca el piso, eso era algo que me decía mi papá; jugar muy duro pero limpio; dar siempre más del cien por ciento de esfuerzo; tener una fe inquebrantable en Dios, pues todo sueño puede realizarse.
Pensar siempre positivamente; aprender a superar la adversidad. Si hoy repruebas una materia la siguiente vez que presentes tienes que pasarla.
Motivación, valor, coraje, lealtad, perseverancia, tener actitud y aptitudes positivas; tener liderazgo, honestidad, respeto y nunca hacer bullying.
Los valores no tienen colores. Aquí no hay PRI, PAN, PRD, Morena o Movimiento Ciudadano, nada. Yo creo que esto es lo que nos deja las ligas pequeñas.
—Usted es patrimonio de Nuevo León. Va a durar mucho tiempo más dándole al beisbol infantil y lo que falta por hacer.
Seguir entregado al béisbol, a la construcción. No he dejado de trabajar a pesar de que me han estado fregando desde los 65 años de cuándo me retiro, pero mi padre nunca se jubiló y murió a los 91 años.
—Ha sido muy bendecido don Pepe…
Yo creo que demasiado, porque ¡imagínate!, nunca pensé que iba a estar en siete salones de la fama.
—Estoy seguro que siempre seguirá muy cerca de su hermano número 13, Ángel Macías.
Sí, hasta que Dios se acuerde de mí o de él, estaremos muy juntos. Como yo te digo: si no es por él a Pepe Maiz no lo conociera nadie. Esa es la verdad. Nadie se acordaría.






