El sonido del mar evoca recuerdos. Sus manos fabrican redes con hilos y lazos; esos lazos que conectan con la memoria. Laura Mellado se atrevió a enfrentarse con su pasado, con un pulpo imaginario cuyos tentáculos extendió para realizar su obra tridimensional.
El pasado 9 de mayo se inauguró en el Centro de Desarrollo Académico y Estudiantil (CEDAE) de la U-ERRE, la instalación titulada El frágil hilo de la memoria, que consiste en una gran silla de playa, el sonido de las olas del mar y toda la atmósfera que le rodea.
“Yo he tejido y bordado desde chiquita porque en el colegio de monjas es lo que me enseñaron. Pero eso en realidad no tiene nada que ver ahorita, porque cuando yo me puse a explorar en la tercera dimensión, es decir, es la primera vez que hago instalación, la idea que yo tenía en un principio era hacer una piel.
“Entonces empecé a descartar materiales y cuando empecé a ensamblar la organza, el lino, la manta de cielo, el tejido y el bordado, empecé a notar que eran una piel”, explicó Mellado, originaria de Tuxpan, Veracruz.
Esta obra en especial requirió de mucha introspección, que poco a poco fue liberando para dar rienda suelta a esas imágenes y sonidos que se transformaron en una pieza que ahora se exhibe en el edificio CEDAE de la U-ERRE.
“El pulpo es un ser que me fascina, que me encanta y conforme fui trabajando en esto, empecé a sentirme la niña pulpo. El pulpo tiene varios significados: está en la oscuridad, está en lo profundo del mar, es misterioso. Es esa parte que todos tenemos adentro de nosotros, pero también nos fascina”, expresó.
Y este sentimiento lo transmite en el texto que dedicó para la presentación de su obra en el espacio universitario: “La mirada está llena de imagen de gozo y añoranza y sin embargo esas imágenes se convierten en algo doloroso. Es una paradoja. Las sensaciones de mi cuerpo, se transfiguran y recrean semaneras desconocidas cuando intento atraparlas.
“Mis poros se convierten en sensibles terminales de la piel, alertas y en movimiento como los tentáculos de los pulpos. Soy yo misma las ventosas que palpitan con las vibraciones y se convierten en terminales nerviosas…”.
Los elementos claves en esta instalación están relacionados con el mar, porque aunque pareciera que la silla fuera la única protagonista, el audio ofrece un valor agregado para que el espectador tenga el cuadro completo.
El tejido de la gran silla demuestra una minuciosa labor en la que Laura mezcló todos los materiales que forman esa red o “piel” a la que se refiere, pero el significado cambia según la experiencia de cada persona que se detenga a observarla.
“Hace muchos años yo compré una silla de playa allá en Veracruz y la tenía guardada en mi casa, y de repente, no sé por qué, la vi afuera del clóset donde estuvo como por 20 años ahí refundida, y dije ¡claro! esa va a ser mi pieza.
“Y es que yo había pensado primero en un sillón, pero cuando la vi dije: ésta va a ser mi instalación”, recordó quien en el 2011 obtuvo el Premio de Adquisición de la Reseña Anual de Nuevo León.
Sobre la dimensión, explicó que como todo el concepto se remonta a la infancia, es como recuerda ver esa silla cuando era niña.
Sobre el audio de ambientación, comentó que fue realizado ex profeso para la instalación, porque todo tenía que estar “hilvanado”, valga la expresión.
“Entonces yo dije: quiero el sonido de los pájaros, de ranas, de esto y de lo otro; yo armé la historia. Las ranas croan cuando llueve y cuando termina de llover y sale el sol, el pájaro canta. Y la cigarra canta en tal momento, y cuando pasa el barco también suena diferente, depende si lo escuchas lejos o cerca”, comentó.
Señaló que estuvo trabajando en el bordado y en el tejido alrededor de cuatro meses y cuando terminó, se quedó sorprendida del resultado.
Laura Mellado obtuvo el Premio de La Asociación de Plástica de Garza García, A. C., en el 2017, que consiste en una exposición individual que se realiza en coordinación con la U-ERRE.
La silla de playa
Por su parte, la curadora Mariana Elizondo refirió que esta instalación es el resultado de la experiencia de Laura como artista, quien ya dio un paso adelante al incursionar en la instalación.
“Laura tiene muchos años explorando esta línea de investigación y tiene realmente muy depurada su técnica; además tiene muy claro lo que quiere decir, lo cual es súper importante. En realidad, el trabajo fue llegar a cómo decirlo, porque ella ya sabía lo que estaba percibiendo, sólo era cuestión de encontrar una técnica que no fuera necesariamente una representación gráfica de las cosas.
“Y aquí está el resultado. Entre la labor manual, la escala, a mí se me hace importantísimo que sea una silla gigante porque te pone desde la perspectiva de una niña y regresar a tu infancia, que es cuando generas tus temores y cuando generas también el sentido de seguridad; muchas veces lo conocido, aunque represente un peligro, es preferible a un peligro nuevo”, apuntó.
Elizondo señaló que mucho de su relación con el mar, con las sensaciones que le provocan la intensidad del mar, se convierten en una fuente de consuelo y tranquilidad, al saber que ya conoce cuál es el temor y al pasar el tiempo se enfrenta de una manera más consciente.
Consideró que para cualquier artista es importante experimentar con la diversidad, pues de ahí que pueda optimizar sus propios recursos para mostrar de la mejor manera su obra.
“La escala te pone en perspectiva y te hace decir: esto es importante, porque si lo ves en un trabajo en acrílico o en óleo, o en un formato de un metro por un metro a lo mejor sí te invita a pensar ciertas cosas, pero aquí te obliga a ponerte a ti en relación con ese temor, o con ese recuerdo, o esa melancolía”, argumentó Mariana Elizondo.






