Ya no se hacen comedias como ¡Detengan ese tren!
Con un humor absurdo, muy parecido al de ¿…Y dónde está el piloto?, la propuesta de Adam Shankman es un divertidísimo disparate, que mezcla risas y desastres, con un elenco de protagonistas drag queens permanentemente histéricas.
El formato narrativo, el aparentemente descuidado empaque de efectos digitales, el lenguaje guarro y las situaciones, tienen un olorcillo ochentero, para lograr, en conjunto, una película hilarante, de temática adulta, aunque nada explícita.
Los artistas drags están soberbios, sobreactuados, como se espera de ellos en una comedia que se va contando a gritos de pánico, con una premisa bastante sencilla, y que basa su encanto en las actuaciones alocadas en este viaje hacia el desastre.
La historia es básica: Tess (Minj) y DeeDee (jujubee) son dos azafatas, mejores amigas, que trabajan en el sistema ferroviario nacional. Sueñan trabajar un día en el Glamazonian Express, un tren bala VIP hecho para el placer, donde todo es caro, y exclusivo con gente que es, al mismo tiempo, millonaria y patética.
El destino, a través de una peripecia imposible, les abre la oportunidad deabordar, por lo que pronto se ven en esos vagones de ensueño. No saben que están en un viaje hacia el desastre, porque se enfilan directamente hacia un huracán mortal, con peligro de chocar el vehículo vertiginoso en Los Ángeles… y con el conductor inconsciente.
Estas dos amigas están para salvar el día, pero un trío de sobrecargos que ya estaban en la nave, se unen para bloquear sus esfuerzos salvadores.
Mientras tanto, la Presidenta del país (RuPaul), hundiéndose en el descrédito en la Oficina Oval, duda si interviene en el operativo para detener el bólido o huye del problema, refugiándose en el alcohol.
El guion de Christina Friel y Connor Wright está plagado de humor verbal y físico, con situaciones delirantes de estas drags expansivas que se la pasan del pánico al enojo, tratando de serenarse, mientras esperan el fin del mundo. Llama la atención la austeridad de la producción, con pocos sets y montones de efectos digitales de bajo calado, que remiten a una producción B, que pudo haber llegado directamente al mercado del streaming.
Hay montones de referencias visual que apuntan, como fuente de inspiración, a las películas descabelladas de Zucker, Abrahams y Zucker, que hicieron aquellas cintas de humor venusino como Airplane!, Top Secret, y ¿…Y dónde está el Policía?, que marcaron una época y definieron un tipo de gracia muy estadounidense, que fue repetida, copiada y parodiada en muchas otras producciones subsecuentes.
Es de aplaudirse la audacia de Shankman con esta apuesta arriesgadísima, con las posibilidades de éxito en contra. En un tiempo de polarización social, con un rechazo hacia lo extranjero y, por extensión, a lo desconocido, podía haber reacciones por la propuesta basada en el tema de las drags, que conllevan implícita la hmosexualidad y la homofobia, temas sensibles en la agenda global.
Era inevitable el sesgo político de esta aventura, por su simpatía hacia la comunidad LGBT+ y a las minorías vulnerables.
Pero el resultado es alentador. Toda la historia se ha manejado con buen gusto, con un espectáculo de excentricidades bien controlado, que hace que se luzcan cada una de las reinas que desfilan en la pantalla, con sus atuendos extravagantes y comportamientos exagerados, para hacer un espectáculo colectivo flamboyante, que es como una celebración al buen humor.
¡Detengan ese tren! es un vehículo ligero para las carcajadas, con una tropa de divas travestis que desempeñan su oficio histriónico con dignidad y gran talento.
@LucianoCampos G





