JosE Luis Font: Cumplen los Font 100 años de fomentar la cultura

¿Crisis? El término es fuerte para quien se dedique al comercio. Pero para José Luis Font significa un término cotidiano al que hay que afrontar con gallardía.
Para el propietario de más de 12 sucursales de la Librería Cosmos, la actividad de la venta y edición no ha terminado, sino que sigue al pie del cañón, enfrentando nuevos retos cada día.
“Seguramente bajaremos la producción a comparación del año pasado, porque los costos son mayores por la inflación, pero vamos a seguir adelante; lo de las crisis es recurrente, desde el año 76, por lo que ya nos hemos acostumbrado, la única manera es leyendo y llevando la cultura a todos lados”, explica Font, de 64 años.
Con más lectores el país saldrá adelante, a pesar de los nuevos formatos electrónicos de e-books, el formato impreso del libro, es algo que permanecerá vigente.
“Tener el deleite de tener un libro en las manos, de tocarlo, releerlo, ponerlo en la cómoda cerca de nosotros, creo que seguirá por siempre; aunque este negocio pareciera ser una vocación, porque sólo te da para vivir a secas”.
En su local ubicado en Plaza Morelos, Font se convierte en un asesor del público para sugerir un libro de consejos de salud, conocer la noticia del momento o simplemente informarse.
“Me dicen oiga, soy una mujer golpeada, o tengo una enfermedad, ¿qué puedo hacer? Entonces te da satisfacción volverte un consejero de la gente, porque de alguna manera les ayudas a salir de sus problemas”, explica.

ALGO DE HISTORIA
Leopoldo Font Ruidor, su abuelo español, quien llegó a México en 1898 como soldado español para pelear contra Estados Unidos por las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, terminó estableciéndose en Veracruz.
“Trabajó con un tío hasta 1908, cuando funda la librería Font en asociación con el señor Velasco; en el caso de mi padre Leopoldo Font Hernández, nace en Buenos Aires, por viajes de comercio del abuelo, y después lo bautizan en Barcelona y regresan a México a trabajar en Guadalajara, en 1934, al lado del abuelo”.
Fue en 1908 en la ciudad de Guadalajara cuando se funda la primera empresa familiar, que era librería, papelería, imprenta, encuadernación y edición de libros.
“Fue en 1956 que se compra un terreno y se construye un edificio en Guadalajara, pero es en 1971 es cuando yo vengo a Monterrey a una convención librera y tengo la oportunidad de platicar con los dueños de Cosmos, la Sra. Clementina V. de Elorduy y Alfredo Gracia Vicente para comprar la librería”.
Gracia Vicente, exiliado español, era gerente de una librería en Tampico y fue muy importante para el crecimiento de esa empresa que se convierte en la matriz.
En aquel tiempo se pagaron 4 millones de pesos y desde octubre de 1971 llegó a tener un crecimiento importante con nueve sucursales regiomontanas, por ser concesionaria del Tec de Monterrey, así como sucursales en Tampico y Ciudad Victoria.
“La Librería Cosmos, impulsada por Don Alfredo Gracia Vicente, fue el primer centro de cultura en los años 80, incluso antes de Arte A.C., porque había exposiciones de pintura, conferencias, lecturas de poesía, pero obviamente la actividad principal era la librería”.
El promotor cultural llegó a ser socio de la Librería Cosmos y que a pesar de la venta de librería se dedicó a la cátedra por varios años y crear su propia empresa librera.
“Fue mi amigo sin guardarse nada, siempre mantuvimos muy buena amistad, a pesar de que había una cláusula en la venta de la librería, que no se dedicara a los libros; porque había más la amistad de por medio, entonces puso una librería por Zuazua, antes de la construcción de la Macroplaza”.
Su gran amistad lo llevó a seguir en contacto con él hasta su muerte, llegando a comprar algunas de las obras de arte que promovía.
Los años duros por la construcción del metro subterráneo en Padre Mier en 1993 hizo que cerrara sus puertas en 1997, la legendaria herencia paterna parecía esfumarse.
“Era un edificio de cinco pisos, resentimos la baja por lo que cerramos todas las sucursales de Monterrey y las foráneas, pero poco a poco empezamos a recuperarnos”.
Otra razón importante fue el cierre de las sucursales porque de pronto dejaron de ser rentables.
“Entonces dependíamos de las ventas del Tec, pero un año antes decidieron entrar a las librerías, por lo que nuestras ventas cayeron y tuvimos que cerrar todas nuestras sucursales”.
La actual librería ubicada en Escobedo 821 Sur, a media cuadra del legendario edificio de Cosmos ubicado en Padre Mier, continúa con el servicio de venta al público, como la edición de proyectos de edición.
“Teníamos el proyecto de construir un edificio en los años 90, por Morones Prieto, donde hoy es el Edificio Convex, pero con la crisis y el incremento de los intereses tuvimos que abandonar este proyecto”.

LA EDITORIAL FONT
Si bien la librería es el conducto cotidiano para llegar al público, surgió la necesidad de retomar la edición de libros, donde la razón social está en Monterrey.
“Una de las razones que las librerías tenga más posibilidades de surgir, es la ley del libro, donde se compromete a los libreros a respetar los precios de los libros, sin competir con las cadenas comerciales; si esta ley se cumple será en beneficio de todos”.
Señaló que en la actualidad es más rentable usar imprentas no propias, con el proceso de aprobación del producto.
Hay cerca de 70 títulos editados con autores regiomontanos, aunque también hay autores de Jalisco y otros estados.
“Todos los libros son revisados y si tienen la calidad son editados, porque también hay otros que son rechazados, de acuerdo al dictamen de un comité especial que ayuda a tomar una decisión para su publicación”.
Algunos de los títulos publicados son “En la punta de la lengua” (Ricardo Espinoza), “Ni un cuento más, ni cuento menos” (Fernando Kalife), “Historias sin R, como podemos superar el ya merito” (Luis Gerardo González), “El pequeño mensajero” (Martha V. de León), “Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León” (Homero Adame) y “Atrévete” (Jessica Garza).
César Lozano y Ricardo Espinoza son de los consentidos del público local y sus libros van en contra de la creencia de que la gente no compra libros.
“El doctor Lozano, un autor del que se hicieron 10 mil ejemplares de inicio y hasta 5 mil de redición en el caso de su libro Destellos. En el caso de Espinoza se llegan a imprimir hasta 2 mil ejemplares, con muy buena respuesta en la venta y las ferias de libros”.
Señaló que las estadísticas indican que en México se lee muy poco, cerca de medio libro al año, pero se podría leer más.
“Yo volví gracias a dos manos amigas que me ayudaron, con las cuales puede volver a empezar; esos nombres no se dicen, pero estoy convencido que con entusiasmo y mucha fe se puede salir adelante”, expresa.
Sigue sus pasos de cerca su hijo Eduardo Font Chevalier, que espera continuar con la tradición librera en una cuarta generación.
El nombre de Font y Cosmos están ligados a la historia de la cultura regiomontana. Leer un buen libro, más que comprarlo en una tienda de conveniencia, tiene que experimentarse en los pasillos de una buena librería.

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