Monterrey, la ciudad industrial, la Sultana del Norte, la de la gente trabajadora, ofrece otro rostro, no tan atractivo para el turismo, pero que no se puede ocultar, porque para eso está la nota roja de los periódicos, es la parte oscura que existe en los seres humanos y que sale a relucir en actos criminales.
Y Hugo Valdés lo sabe bien. Desde que publicó “El crimen de la calle de Aramberri” desenterró fantasmas de un pasado sangriento de esta metrópoli de principios de los años 30, sin duda un crimen que fue el parteaguas en el criterio de la sociedad regiomontana.
“Yo lo creo porque, tomando de partida el crimen de Aramberri del 1933, hay una indignación justificada, entendible, un doble feminicidio de manera brutal, madre e hija que fueron casi degolladas en un tiempo que había violencia, pero por robos de ganado y no de esa manera.
“Entonces la ciudad se indigna y pide la ley fuga, se les da a los criminales, lo cual fue una cosa bárbara, tan bárbara como el propio crimen, pero ilegal y en discordancia con la visión actual de los derechos humanos”, señaló el novelista regiomontano.
Luego de una investigación exhaustiva, Hugo Valdés escribe “El asesinato de Paulina Lee”, otro crimen ocurrido en 1938, cinco años después del que cimbró a los regiomontanos, y del que hasta la fecha cada vez que pasan por la casa ubicada en la calle de Aramberri, algunos se detienen un momento a observar su fachada y otros hasta extienden su vista al interior.
En su más reciente novela, cuya protagonista es la joven de 16 años de origen asiático, Paulina Lee, el autor recrea con lujo de detalles el rol de las diferentes instancias que involucran al caso que también causó impacto, pero hubo notables diferencias con el anterior.
“Cinco años después con algo que ocurre de manera brutal, que una sola mujer, una joven de 16 años se da por sentado que hay un presunto culpable y además no existe un expediente judicial, mientras que en el crimen de Aramberri sí existe, está disponible, no sé si ya lo digitalizaron para que no se maltrate y para que perdure.
“Acá no existe el expediente judicial, lo hubiéramos sabido si el joven hubiera dicho: ‘oiga, cuando haiga más gente…’ como seguramente hablaba un joven y no como actor, pues parecía que hablara Emilio Tuero; claro que no puede ser, entonces habría que ser muy ingenuo para que la gente se creyera eso, y el modo en que la Policía lo trata y todo el proceso”, subrayó.
Y es que tanto en los años 30 como en la actualidad, la nota roja es la evidencia del rostro non grato de una ciudad como Monterrey, cuya imagen siempre ha sido de progreso, bonanza, desarrollo, lo cual contrasta mucho con los conceptos de violencia, perversión y degradación.
“La construcción del mito regiomontano hacía que no viéramos eso: una vez decía un cuate muy inteligente, Eduardo Ramírez, un estudioso del fenómeno plástico, te estoy hablando de cómo se construye en un mito en el que Monterrey es inmaculado, no pasa nada, pero eso no es cierto; yo siempre les comento: comparen la nota roja de ese momento y lo que la gente sabe, compárenlo con una publicación del mismo año ya sea 33 o 38 , la de Previsión y Seguridad Social, una revista anual que sacaba Cervecería y era la imagen que querían mostrar, pero esto no es Monterrey, no es esa ciudad perfecta donde no hay lugar para la parte oscura del hombre que ahí estaba”.
De alguna manera estos “fantasmas” son quienes recuerdan o dan testimonio a través de las páginas de las novelas de Valdés, que Monterrey es lo que es ahora gracias a su pasado, un pasado que desde su fundación se perfilaba bárbaro , sin embargo al que se puede mirar para de ahí aprender algo y poderse llamar una ciudad verdaderamente cosmopolita.
“Yo esperaría que realmente ya diera el paso al verdadero cosmopolitismo, a poder mirar su pasado sin vergüenza, un pasado que construyó, no lo hicieron otros, y bueno toda la sociedad y sus sectores más poderosos tuvieron que ver, y en el que ya se reconociera no como algo ajeno.
“No sé cuánto contribuyan estas visiones y versiones, porque yo imagino que si publicaran en los 50 un libro de este tipo, pues no les gustaría, incluso a la gente asociada a sectores poderosos pues cómo se atreven a cuestionar”.
RESCATE DEL LENGUAJE
Entre otras cosas que aporta la investigación de Hugo Valdés en “El asesinato de Paulina Lee, “es reencontrarse con un lenguaje que está a punto de desaparecer pues en el relato aparecen ‘obsequiosos´, ‘insultativos’, ‘malmandados’ y otros adjetivos que no suelen escucharse más.
“Algo que me agrada y no sólo de esta novela, es darle juego al lenguaje, eso es algo que me da pie, no a mis anchas, porque luego dicen: nomás tú te entiendes o es difícil, pero sí es darle esa densidad al lenguaje no nada más novelitas funcionales con un lenguaje lento.
“Escribir sobre ‘El asesinato’ me volvió a enseñar, me volvió a afinar el oído, a anclarme otra vez con más fuerza al español, y ver la respiración del lenguaje, siempre eso: es una gran experiencia que tiene una intensidad que luego termina, luego lo ves con nostalgia, con un descanso y vuelves a buscar algo parecido, con la misma fuerza: sobre todo que esa emoción del proceso la puedas transmitir con el lector, porque si tú estás haciendo un libro y te aburres , pues imagínate el pobre lector qué culpa tiene”.
Valdés deja en claro que no desea especializarse en el género de la novela negra, que su interés va más por hacer una radiografía de la ciudad, de un Monterrey cuya historia también está escrita con sangre.
Fragmento del capitulo 7 de “el asesinato de Paulina Lee”
:: El jueves 24 de noviembre, Cesáreo se retracta de nuevo y pidió al juez que dejara a su madrastra investigar a fin de que pudiera comprobarse que fue él solo quien mató a Paulina, sino que lo hizo en compañía de un chino joven, cuyo nombre desconocía, pero al que podría identificar.
Según la nueva declaración de Cesáreo, fue a través de dicho asiático que Emanuel Chong le hizo saber que le pagaría no 100 pesos, sino 150 por matar a Paulina. Así, tras encontrarse con Paulina en la Alameda, se topó al poco tiempo con el chino, y al entenderse respecto al dinero, dieron la vuelta con la joven en un automóvil para él desconocido. Al llegar al baldío, el chino le dio su puñal -Cesáreo no llevaba uno consigo-, y le infligió las tres primeras heridas a Paulina, dejando que siguiera el asiático, hasta que se aseguraron de que estuviera muerta.
Después de cometer el crimen, Cesáreo se fue a su casa a pie, en tanto que su cómplice abordó nuevamente el automóvil que habían dejado en 5 de Mayo, y se dirigió por Cuauhtémoc rumbo al sur. El puñal que empleó era más pequeño que el de su mamá, que según su confesión inicial del domingo 13 usó presuntamente para el crimen, mismo que entregó sin dilación a las autoridades.




