Escuchar los tacones de las chicas sobre las calles empedradas, las risas de los chicos y la música de fondo que salía de bares y antros fue algo que la pandemia vino a callar el pasado 17 de marzo del 2020.
Aunque la decisión de cerrar las puertas de bares y antros estaba a cargo de los alcaldes municipales, estos no dudaron en dar la orden que este tipo negocios pararan labores pues era uno de los lugares principales en donde el contagio comunitario podía aumentar rápidamente los casos de Covid-19 en el estado.
Los bares y antros fueron uno de los negocios más afectados económicamente debido a que no eran de la parte esencial y han sido uno de los últimos que se les ha permitido su reapertura.
Son las 9:45 de la noche del sábado 10 de abril, la noche es joven y apenas comienza, gente va y viene sobre el andador de Morelos, en donde se ubican los antros.
A diferencia de la calle Padre Mier, de este lado luce con mucho ambiente e inclusive familias se les ve pasar caminando tranquilas disfrutando de un clima que marcaba los 26 grados centígrados.
Me siento en la primera banca cerca de la calle Doctor Coss, observando a los vendedores de pulseras artesanales, a lado mío está sentada una chica que prefirió escoger un outfit cómodo, tenis casual color blanco y un vestido negro en lugar de lentejuelas y zapatillas
¡Apúrate que cierran todo a las 12! le decía a la persona que se encontraba al otro lado del teléfono, tal como cenicienta.
Liz y su compañía apenas tendrían dos horas para disfrutar de la noche que les ofrecía Barrio, por lo que mientras esperaría fumando un cigarrillo.
“¿Amiga tienes un encendedor?”, me dijo mientras observaba como un vendedor intentaba convencer a una mujer llevarse un anillo de lapislázuli que según él le ayudaría a aliviar el enojo y alejarla de los pensamientos negativos.
“No”, le respondí, se paró y se acercó con un chico que estaba a dos metros y regreso con el cigarro encendido.
Aproveché para preguntarles si sabía que antro está abierto “¡pues me fui a dar la vuelta de aquel lado y está cerrado y ahorita voy a esperar a mi amigo para que vayamos a al Cotorritos!”, respondió.
“¿Y ya extrañabas venir a bailar?”, continúe.
“Un chingo, pero con esto de la pandemia nos arruinó nuestra vida, a veces iba a reuniones con amigas en su casa, pero ni podíamos hacer mucho relajo por eso que los vecinos te echaban a la poli”, contestó.
Esperé unos minutos para continuar con mi recorrido, aunque se veía mucha gente, solo se oía Bohemia Rhapsody de Queen, que salía de una bocina afuera de la tienda de discos Récord Shop, que se encuentra a lado del famoso Café Iguana que también se encontraba cerrado y que al igual que el AMBIA, SR. Mostacho y el Zócalo decidieron no unirse a la reapertura, al menos no esa noche.
En frente se encontraba Cotorritos abierto; sin embargo, el ingreso a este lugar tenía que ser bajó las medidas sanitarias, la toma de temperatura, poner gel antibacterial e ingresar con cubrebocas hasta que empezaras tu consumo, eran algunas de las condiciones.
“Almacén” era otro lugar en donde la gente también hacía fila para ingresar, pero una vez pasando el restaurante “Me Muero de Hambre” que se encuentra en la esquina de la calle Francisco Javier Mina parecía que hasta ahí se había acabado la diversión.
Caminé hasta llegar al final, en donde se encuentra el bar “Las Horas”, en el lugar se escuchaba buen ambiente; después de mí llegó Tania con su grupo de amigas, mientras hacían fila me acerqué para presentarme rápido y preguntarles cómo se sentían de volver a los antros y a bailar.
“¡Bien, ya lo necesitábamos!”, responde entre risas, mi segunda pregunta es que si no les da miedo poderse contagiar pese a que los casos iban a la baja.
“Un poco”, respondió, “pero si los casos están bajando eso quiere decir que el riesgo es menos”, agregó.
“Aparte, de que estos negocios son los que más se vieron afectados, se necesita reactivar la economía completamente”, interrumpió su amiga.
“No podemos vivir con preocupación pero sí con precaución”, respondió Tania, les di las gracias pues ya las estaban pasando sin antes preguntar su nombre.
Me regresé y observé un local de tacos a los que iba muy seguido con mi hermana, ahora lucía abandonado y con cachivaches en la entrada.
Le marqué para decirle que si no apetecía cenar una pizza, pues nuestras salidas sociales también se pausaron con la de miles de nuevoleoneses, me dijo que sí y tardó algunos minutos para llegar.
Entramos al lugar en donde la mayoría de los comensales eran parejas de novios, mientras esperábamos nuestra orden nos pusimos al corriente de su día en el trabajo, pero mientras hablaba me puse a pensar en la frase que Tania me había dicho unos minutos antes “No podemos vivir con preocupación pero si con precaución”, quizás en eso se base ahora la vida de todos, salir a disfrutar, pero con mucha preocupación.














