Después de que el Instituto Nacional de Migración los retirara del patio y explanada del Puerto Fronterizo “Benito Juárez Reynosa-Hidalgo”, los migrantes que esperan una audiencia para exponer su solicitud de asilo político al gobierno de Estados Unidos decidieron caminar unos metros, e instalarse en la llamada Plaza de la República, en la puerta de entrada a México.
Su acento y sus costumbres no son comunes en la frontera norte de México, pero sus sueños de salir adelante para darle un mejor futuro a sus familiares obtuvo una gran empatía de muchas personas que también pasan por este límite territorial para conseguir el anhelado “Sueño Americano”, o bien, como otras que se establecen en Reynosa para aprovechar esta tierra llena de oportunidades.
La vida no es fácil para quien ha decido buscar una mejor calidad de vida lejos de su país, de sus familiares, o donde quizá la vida los dejó marcados con la violencia extrema que persiste en su región.
Es ahí donde deciden hacer su vida al norte del continente americano, exponiéndose a diferentes peligros durante el viaje.
A eso hay que sumarle la discriminación y no comer o beber agua.
María narró su travesía saliendo desde Guatemala el 9 de marzo del 2021. Aseguró que fueron muchos los obstáculos, pero en una semana llegó a Tapachula, Chiapas.
“Yo viajo sola, no tengo familia… allá en mi país hay poco trabajo, yo limpiaba casas, lavaba ropa, pero no ganas mucho, ahí te pagan poco y aparte te extorsionan, si no cumples te matan.
“A mí me contaron que acá pagan bien y pues me vine, no lo pensé dos veces, vengo sola por necesidad”, dijo.
Cuando se encontraba en territorio estadounidense fue aprehendida por la Patrulla Fronteriza, quienes sin llevarla a la corte la echaron de regreso al lado mexicano.
“Yo venía para buscar un futuro mejor porque en mi país no hay trabajo, no hay nada, yo iba para Estados Unidos, pero me agarraron y me echaron para acá de este lado (Reynosa)”, dijo.
EXTORSIÓN Y DISCRIMINACIÓN
María, como a muchas otras personas en su situación migratoria, fue entregada al Instituto Nacional de Migración (INM) donde, acusó, fue objeto de extorsión.
“Como no tenía dinero ahí me dejaron como un día y una noche, no nos dieron agua, no nos dieron nada, ahí nos tenían aguantando hambre, no nos dejaron dormir ni un rato; ya después que nos sacaron”, relató.
Después de mucho andar por la ciudad en plazas e iglesias, María no encontró la ayuda que necesitaba, por lo que volvió a la explanada del puerto fronterizo “Benito Juárez Reynosa-Hidalgo”.
Desesperada por verse en un panorama extraño que no conocía y al que no estaba acostumbrada, María volteó a la Plaza de la República, con la ropa tendida y una multitud que le llamó la atención por lo que se acercó a pedir ayuda.
“Cuando vi ropa tendida dije ‘voy a ir a ver, tal vea me dan un poco de información’ y ellos me dijeron que vienen de allá de donde yo vengo y otros dijeron que venían de Honduras, de El Salvador, y muchos venían con sus niños, pero yo vengo sola.
Yo quiero ver si aquí me dan un permiso de trabajo, porque en mi país hay mucha extorsión, me gustaría pedir permiso para trabajo porque esta duro la pasada.
“He visto mucha discriminación hacia nosotros los migrantes porque no tenemos el apoyo por parte de migración de México, quieren cortar la luz para que no carguemos los teléfonos, nos vienen a hablar bien feo, dicen que somos cochinos, asquerosos y nos maltratan no porque ellos tengan un buen título o sean mejores que nosotros.
“Queremos que nos respeten porque nosotros a nadie estamos ofendiendo, nos dieron hasta el día 30 para que desalojemos este lugar, pero queremos luchar para volver a ingresar a los Estados Unidos”, dijo.
“EN REYNOSA ME SENTÍ COMO EN CASA”
“Pues me sentí como en casa porque gracias a Dios viene mucha gente a entregarnos comida. La comida no nos falta y la comida está mejor que allá en Migración y no nos daban ni agua, gracias a la gente que tiene buen corazón y que son enviadas por Dios, nos ayudan con ropa”, explicó.
Pese a las bondadosas atenciones de la gente con los migrantes, la señora María ha manifestado preocupación porque los agentes de Instituto Nacional de Migración (INM) les ha dicho que desalojen ese lugar.
“Nos sentimos bien aquí, pero dicen que van a venir y nos van a sacar, no sé si eso es verdad o no, no me gustaría que nos sacaran porque a dónde vamos a ir, para regresar a mi país como que no, allá está difícil la situación, muchos no quieren volver allá”, indicó.
Algunos de los migrantes cayeron en desesperación y decidieron regresar a su país de origen obteniendo un apoyo del Instituto Tamaulipeco para los Migrantes (ITM), mientras que otros viven en condiciones miserables en la plaza de Reynosa.
Solamente sobreviven de donaciones que les brindan Asociaciones Civiles, líderes religiosos, El Club Rotario, y entre otras personas de buen corazón, por eso hacen el llamado a las autoridades de Tamaulipas para que volteen a verlos y darles un lugar digno principalmente a los menores de edad que ahí se encuentran.





































