El 26 de enero, cuando el canadiense Ryan Wedding ingresó por primera vez a la corte de Santa Ana, California, para enfrentar su primera audiencia judicial por 17 cargos criminales relacionados con narcotráfico y homicidio, más que su estatura y complexión, fue su actitud la que sorprendió a quienes lo esperaban.
“Al entrar a la corte, hizo que los guardias que lo custodiaban se vieran casi como enanos. Es un hombre muy alto (1.92 centímetros) y muy, muy atlético. Pero más que su físico, fue la arrogancia, la superioridad y el aire desafiante con el que se paró frente al juez. ¡Fue odioso!” me dijo una periodista canadiense que estuvo en la audiencia.
Ryan Wedding es un hombre acostumbrado a estar frente a los reflectores, de los más brillantes. A los 15 años, el hijo mayor de tres, y miembro de una familia involucrada activamente en los deportes de invierno, fue convocado por primera vez al equipo nacional de esquí. En febrero de 1999, a los 18, obtuvo la medalla de bronce en el campeonato mundial junior, y en marzo del 2001 regresó al podio, esta vez para colocarse la medalla de plata y convertirse en una promesa real para la delegación canadiense que se preparaba para las Olimpiadas de Invierno del 2002 en Salt Lake City, Utah.
Pasar demasiado tiempo bajo las luces más brillantes no es para todos. En la cumbre de su carrera deportiva, la esperanza de que el joven Wedding obtuviera finalmente el triunfo en el snowboard apenas duró 38.61 segundos, insuficientes para avanzar a la siguiente ronda en la clasificación olímpica en la que el canadiense terminó en lugar 24 de 29.
Fuera de la competencia de alto rendimiento, Ryan Wedding volvió a los reflectores el 13 de junio del 2008 cuando fue arrestado por un agente encubierto del FBI en San Diego, California bajo cargos de conspiración para comprar, junto con dos personas más, 24 kilogramos de cocaína para abastecer a un grupo de traficantes de drogas con base de operaciones en Vancouver. En mayo del 2010, un juez lo sentenció a cuatro años de prisión.
De acuerdo a la Policía Montada Canadiense, cuando el ex deportista dejó la cárcel en diciembre del 2011, su plan de vida ya incluía el abandonar los reflectores y vivir entre las sombras del crimen organizado internacional.
Las relaciones criminales de Ryan Wedding maduraron hasta convertirlo en un asociado, que no miembro, del grupo criminal de Sinaloa. Utilizando al menos 32 apodos y junto a su compatriota Andrew Clark, establecieron rutas, métodos y contactos entre la región andina, México, California y Canadá. Documentos oficiales del gobierno estadounidense narran que los canadienses se abastecían de la droga en Colombia, donde era procesada en colaboración con narcos y grupos paramilitares locales. De allí, el negocio cambiaba de socios, y ya en alianza con los mexicanos transportaron cientos de kilos hacia el norte; primero en aviones y barcos a través del caribe, luego en tractocamiones desde México hasta Canadá. Ya con una nueva investigación en su contra, el exdeportista encontró protección bajo las sombras del poderoso narco sinaloense y continuó operando con éxito y crueldad su empresa criminal.
Entonces, los reflectores brillantes volvieron a colocarse sobre Wedding. En junio 18 del 2024, el FBI y seis agencias más anunciaron seis cargos criminales en su contra, radicados en una corte de Los Angeles. 37 días después, el canadiense seguramente también fue sacudido cuando el ecosistema del narco en Sinaloa se cimbró con la traición y fractura entre los narcojuniors después de la entrega de Ismael Zambada a los Estados Unidos.
La suposición de las policías canadienses y estadounidenses es que Wedding y Clark se establecieron en México mientras su grupo criminal cruzó una línea de la que no hay vuelta atrás. El 17 de septiembre, 16 nuevos cargos, entre ellos el homicidio, y una recompensa de 50 mil dólares fueron anunciados nuevamente en Los Angeles. Una investigación binacional estableció que los líderes ordenaron un ataque en los suburbios de Toronto, donde los padres de uno de sus asociados murieron y una hermana fue herida de gravedad. También, los canadienses fueron acusados de ordenar al menos dos homicidios más.
El ocho de octubre, la presión aumentó cuando Andrew Clark fue arrestado en una plaza comercial en Zapopan, Jalisco y entregado a los estadounidenses en un grupo de 29 narcotraficantes que fueron utilizados como moneda de cambio por el gobierno mexicano ante las amenazas arancelarias de la administración Trump para frenar el fentanilo y los migrantes.
El 15 de febrero del 2025, Ryan Wedding solicitó un amparo contra la orden de detención con fines de extradición ante el Juez Séptimo de Distrito en el Estado de Sinaloa, con sede en Los Mochis, donde el canadiense aseguró tener su residencia. Incluso, la revista Rio Doce detalló que el canadiense dijo, sin detallar fechas, que autoridades llegaron a su casa para cumplimentar sin éxito una orden de aprehensión.
Entonces, el más brilloso de los presidentes colocó el más brillante de los reflectores sobre Ryan Wedding al convertirse en mucho más que un criminal: El seis de marzo del 2025, el canadiense se volvió botín político para la administración Trump, que puso sobre su cabeza una recompensa de diez millones de dólares y su nombre en la lista de los diez más buscados. Mientras en Estados Unidos y Canadá se referían al exolímpico como el nuevo Pablo Escobar o Joaquín Guzmán, en México su presencia en el inframundo criminal era prácticamente ignorada, aún y cuando se le aseguraron 62 motocicletas, dos vehículos, dos medallas olímpicas y obras de arte.
Convenientemente convertido por la narrativa estadounidense en un gran capo del narcotráfico, el 19 de noviembre del 2025 la recompensa por su captura se incrementó a 15 millones de dólares. Apenas 15 días antes, el juez séptimo de distrito en Sinaloa resolvió que, aún y cuando el entonces fugitivo reportó vivir en Los Mochis, esto no era suficiente para justificar la competencia del juzgado en su solicitud de amparo, por lo que se declaró incompetente.
En el inframundo del crimen organizado, las coincidencias raras veces ocurren, y aún menos cuando los grandes reflectores estadounidenses iluminan el escenario. Mientras el cerco policiaco se fue cerrando, el exolímpico, o alguien cercano a él, sorprendió al abrir una cuenta de Instagram el 14 de enero del 2026. Hasta ese momento, Wedding se había -aparentemente- resistido a la tentación de varios narco-milennials de exhibir sus lujos en las redes sociales. La cuenta @bossryanw rápidamente sumó 52 mil seguidores que interactuaron con las fotografías que mostraban objetos y vehículos de lujo, además de una supuesta imagen del fugitivo junto a un helicóptero. Análisis periodísticos en Canadá determinaron que las imágenes fueron creadas con inteligencia artificial, y la cuenta fue suspendida por Meta.
Otra coincidencia ocurrió apenas ocho días después, cuando la visita a México de una delegación estadounidense encabezada por el director del FBI, Kash Patel, “sorpresivamente” se convirtió en un operativo de captura y traslado a California del narcotraficante canadiense más buscado.
En una conferencia de prensa en la que participó también, aunque brevemente, la Policía Montada de Canadá, pero nadie de las autoridades mexicanas, Patel se desbordó en elogios al supuesto despliegue conjunto de localización y arresto de Wedding. Mientras tanto, en la CDMX, la presidente Sheimbaum no informó en su conferencia matutina de la detención de muy alto perfil, aún y cuando su presencia pública ocurrió antes de la presentación del FBI. Fue hasta que el secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, publicó en redes sociales la visita, y hasta en párrafo secundario, mencionó de la entrega voluntaria, que no arresto, del exolímpico.
La versión mexicana fue que Wedding se presentó a la embajada estadounidense y se rindió. Otra casualidad, que lo hiciera justo cuando el director de FBI estaba en el país. Una especulación sobre la supuesta entrega voluntaria es la creciente vulnerabilidad del fugitivo en México ante la guerra interna en el grupo de Sinaloa. Otra es la oportunidad negociada de convertirse en testigo protegido, intercambiando información por beneficios.
Horas después, la supuesta cuenta de redes sociales del canadiense publicó una fotografía del exatleta en el exterior de la embajada, supuestamente antes de ingresar para entregarse. La imagen, que después incluso la presidente Sheimbaum mostró en la mañanera, también resultó ser generada con inteligencia artificial. Después del cierre de la cuenta en Instagram, una nueva fue abierta, a la par de una más en X. En esta, “una persona autorizada” anuncia que se publicarán cartas escritas por el detenido además de actualizaciones del proceso penal.
Después de una entrada ostentosa en la que hasta sonrió a los periodistas que estaban en la corte de San Diego, Ryan Wedding se declaró no culpable de los 17 cargos criminales y terminó en silencio al saber que la libertad bajo fianza no fue opción.
Pasar demasiado tiempo bajo las luces más brillantes no es para todos, y parece que Ryan Wedding es uno de ellos. Como ocurrió en su carrera deportiva, el canadiense parece que se quedó nuevamente a un paso de la gloria después de permanecer bajo los reflectores de la justicia.







