Aunque se trate del mismo producto, la Coca-Cola puede tener precios muy distintos según el lugar de compra. En cadenas como OXXO suele ser más cara que en otros establecimientos.
Con el paso de los años el precio de una lata de 355 mililitros ha aumentado de forma constante. En 2010 un refresco en esta presentación que no adquirido en un bar o restaurante se conseguía de 11 a 12 pesos; en 2015 ya alcanzaba los 16; y actualmente supera los 20, llegando incluso hasta los 28.50 en las tiendas OXXO.
En un recorrido por distintas tiendas del área metropolitana se compararon algunos precios de la Coca-Cola en su presentación de 355 mililitros. La visita incluyó un 7-Eleven en Apodaca, ubicado en una zona rodeada de casas privadas; otro en el centro de Monterrey, sobre la calle Morelos; una Bodega Aurrerá en una colonia popular; además de dos OXXOs: uno en Barrio Antiguo y otro en una colonia popular del municipio de San Nicolás.
En la comparativa de estas tiendas, se encontraron diferencias mínimas de uno o dos pesos en el precio, a diferencia de los OXXO donde el costo es 7.50 pesos mayor.
¿POR QUÉ EL PRECIO CAMBIA?
Aunque se trate del mismo producto, el precio varía según el lugar de compra. En el 7-Eleven vale 20 pesos, en Bodega Aurrerá 21 y en el OXXO 28.50 pesos, la diferencia representa un 42.5 por ciento más.
Entre las razones de esta diferencia de precios podrían citarse estrategias de negocio como:
Tiendas abiertas las 24 horas, enfocadas en la conveniencia inmediata. Un estudio realizado por la Universidad Católica Luis Amigó en Medellín revela que los consumidores valoran positivamente el horario extendido de las tiendas de conveniencia, ya que les permite acceder a productos en cualquier momento del día.
También están las ubicaciones en zonas de alto tránsito. Un informe de Aecoc Shopperview señala que el 48 por ciento de los consumidores prioriza la cercanía al hogar al elegir una tienda de conveniencia, mientras que solo el 33 por ciento considera el precio como factor determinante.
Un modelo comercial que prioriza accesibilidad por encima de precios bajos. Un análisis de TMC Consultores destaca que las tiendas de conveniencia han liderado el crecimiento en el retail mexicano, enfocándose en la eficiencia operativa y la rentabilidad por metro cuadrado. Este modelo comercial prioriza la accesibilidad y la conveniencia, lo que puede justificar precios más altos en comparación con otros formatos de venta.
Las tiendas OXXO ofrecen cercanía y accesibilidad en horarios completos, pues la mayoría tiene servicio 24/7.
Otro de los factores que ha influido en el alza es el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), un impuesto aplicado a productos como bebidas azucaradas, cigarros y combustibles. Su propósito es doble: desalentar el consumo y generar ingresos para el Estado.
Desde el 1 de enero de 2025, la cuota aplicable a las bebidas saborizadas se actualizó a 1.64 pesos por litro, lo que significó un aumento del 4.5 por ciento con respecto al año previo. Para una lata de 355 ml, este impuesto equivale a 58 centavos adicionales al costo de producción y distribución.
LOS GIGANTES DETRÁS DE LA COCA
En México, la producción y distribución de Coca-Cola está en manos de dos grandes embotelladoras con sede en Monterrey: FEMSA, a través de Coca-Cola FEMSA, y Arca Continental, que es la responsable de la distribución del producto en la zona metropolitana.
De acuerdo con información oficial de ambas compañías, estas empresas no solo fabrican el producto, también controlan su logística y comercialización, lo que les da un papel clave en la definición de costos.
Arca Continental atiende a más de 128 millones de consumidores en México y otros países de América Latina y Estados Unidos. Por su parte, FEMSA no solo es uno de los mayores embotelladores de Coca-Cola a nivel mundial, sino que también es dueño de OXXO, la cadena de conveniencia con mayor presencia en el país.
Este nivel de control permite a ambas compañías aplicar estrategias comerciales que van más allá del simple costo de producción.
Desde la logística de reparto hasta los acuerdos con cadenas de autoservicio, así como la inversión en publicidad y presencia de marca, sus decisiones terminan impactando directamente en el precio final que paga el consumidor por una lata de Coca-Cola.
La bebida se ha convertido en parte de la vida cotidiana de los mexicanos desde hace casi un siglo. Su llegada oficial en 1926 marcó el inicio de una relación que trascendió generaciones y la posicionó como un elemento habitual en reuniones, celebraciones y momentos de convivencia diaria.
Monterrey fue una de las primeras ciudades en contar con su producción, gracias a la concesión que obtuvieron Manuel L. Barragán y Herman H. Fleishman, fundadores de Bebidas Mundiales y La Pureza.
De acuerdo con Eduardo Guardado, investigador de la Universidad Veracruzana, Barragán identificó que los consumidores mexicanos preferían refrescos extranjeros y aprovechó la oportunidad para establecer la marca en el país.
El caso de la Coca-Cola en México muestra cómo los factores económicos, fiscales y comerciales influyen en el costo de un producto tan cotidiano.
Comparar precios entre distintos establecimientos evidencia cómo la conveniencia, la ubicación y las estrategias de mercado terminan impactando directamente en el bolsillo de los consumidores.







