Una explosión le cambió la vida para siempre, y aunque al principio fue difícil, el amor de su familia y su pasión por la motocicleta, lo sacaron adelante.
Se trata de la historia de Odilón, quien pertenece al grupo de bikers Cínicos, con quienes desde hace muchos años comparte rodadas y carreteras disfrutando de la naturaleza y el viento sobre su cara.
Odilón perdió ambas piernas y el brazo izquierdo en una explosión en su domicilio en la colonia Estrella cuando tenía 15 años y que lo postró en la cama cerca de un año.
Sin embargo, el amor de su esposa que en ese momento se encontraba embarazada de su hija Mara, fue pieza clave para que él se levantara de esa cama y superara toda clase de obstáculos.
Otra pasión que lo ayudó a superar la situación por la que estaba atravesando fue su afición por las motocicletas, pues desde los 12 años Odilón se paseaba por las calles de su barrio montado en su caballo de acero.
Al cabo de un año, Odilón comenzó a utilizar prótesis en sus piernas pero la adaptación fue lenta y difícil, no obstante, jamás se dio por vencido pues tenía dos grandes razones para luchar.
“Es un poco difícil, te tienes que adaptar a tu nueva vida con la discapacidad que te queda; pero también me hizo más fuerte”, platicó.
Y es que el tener que adaptarse nuevamente a las motocicletas, le costó un gran esfuerzo, pero también le mereció el reconocimiento del gremio de motociclistas por su destreza para rodar aun y con su discapacidad.
“Créeme que ahorita no veo ninguna diferencia entre mis compañeros y yo, le hecho la mismas o más ganas y todo está en conducir con prudencia.
“Actualmente pertenezco al Club Cínicos, pero por lo regular siempre ando solo pues tengo un trabajo que me absorbe mucho tiempo y a veces no me queda espacio para salir con los del club”, indicó.
Lo anterior debido a que tiene que atender varios negocios de tacos de vapor o Tlaquepaque, lo que le da un mérito más a su tenacidad y perseverancia en todos los aspectos de su vida.
Aunque casi no sale a rodar con sus compañeros, la buena relación y el apoyo entre todos persiste, pues de alguna manera todos están para echarse la mano cuando lo necesiten.
“Gracias a Dios todos están conmigo y yo con ellos y de alguna manera nos apoyamos”.
Odilón no quiso dejar pasar la oportunidad para mandar un mensaje a quienes sufrieron algún accidente o que se encuentran en un momento turbulento de su vida.
“Nada más que le echen ganas y no se doblen y en especial a sus familias que los apoyen en todo”, expresó.
Actualmente Odilón y su esposa siguen estando juntos con sus hijos Mara y Dani, quienes también gustan de la pasión por la moto, pasión que también están transmitiendo a sus nietas.
Mientras tanto sigue recorriendo las calles de Nuevo León y otros lugares, a bordo de su inseparable Honda Goldwing, disfrutando del viento en sus gafas.
VETERANO DE LOS CAMINOS
A sus 79 años, Arturo Romero de Carrileros Nuevo León, sigue recorriendo calles y avenidas de México a bordo de su motocicleta Can-Am Spider, aunque no siempre fue esa su compañera de viajes.
A los 16 años, el Tío Arthur, como lo llaman sus amigos, adquirió su primera motocicleta, una Islo 50 centímetros cúbicos, en donde comenzó sus andanzas por parte de México y América.
“Desde que vi un carnaval en Tampico comenzó mi gusto por las motos, recuerdo que ahí se proyectó un espectáculo y pensé que bonito era eso, sin duda no me equivoqué”, platicó.
Tiempo después se desempeñó como piloto de moto cross en Tampico, Monterrey y otras ciudades en donde ofrecía shows espectaculares.
Y aunque resulte difícil de creer, el Tío Arthur jamás sufrió una caída en sus 60 años de trayectoria en dos ruedas.
“Nunca me he caído, esa es una satisfacción muy grande para mí, a mis 79 años, aquí ando rodando sin ninguna fractura”, dijo.
En ese sentido lanzó una recomendación para quienes desean adquirir una moto y se detienen por la peligrosidad que representa.
“Esto es algo único, bonito, quienes se caen son los jóvenes que aprenden a través de la vida, pero únicamente usando el casco, la protección pertinente y sobre todo respetando las señales de tránsito, no debe pasar nada”, recomendó.
Aunque a bordo de los caballos de acero ha recorrido infinidad de ciudades y países, la mayor satisfacción para el Tío Arthur es cosechar amistades que perduraron desde que inició andar en moto.
“La satisfacción que tengo es conocer tantos amigos en Alaska, Canadá, Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico, entre muchos otros lugares”, aseguró.
Después de 60 años de andar en moto, el Tío Arthur puede presumir un recorrido kilométrico no sólo en México, sino en la parte norte y centro del continente americano.
“Para el lado norponiente he recorrido hasta Alaska, toda la trayectoria desde Estados Unidos y Canadá y para el sur, todo Centroamérica, Panamá, El Salvador Cuba y muchos otros países”, contó.
Por su trayectoria, recientemente fue merecedor de un reconocimiento por parte de un Club de Motociclistas.
Ahora comparte ese mismo gusto con sus tres hijos, que cuando estaban pequeños les encantaba subirse a dar una vuelta con su padre para sentir la adrenalina que sólo transmite la motocicleta.
“Este es un medio de transporte que lo tienes que gozar, no andar tomando o haciendo faramallas”, enfatizó para después prender su Can-Am Spider y salir rompiendo el viento de la plaza Ocampo en el municipio de Santiago.










