El milagro que continúa

Como cada día, David Ceballos regresa a casa después de la jornada laboral y con sus manos sujeta a su hija Belén para fingir una caída, que de inmediato provoca la risa de la pequeña de cinco meses de edad.
La felicidad de este orgulloso padre es evidente, sin embargo, hace apenas ocho meses una mueca distinta se dibujaba en su rostro ante los estragos que el Covid-19 provocaba en su familia.
Y es que, el regiomontano es esposo de Ingrid Verenice González Shay, la mujer que en julio de 2020 se convirtió en la primera embarazada en México en recibir tratamiento con plasma para combatir al Coronavirus y así salvarle la vida y la de su producto.
El 19 de junio, tras un contagio familiar, la ama de casa ingresó al hospital San José para una aparente valoración, pero los médicos le detectaron neumonía, que con los días empeoró hasta ser intubada el 22 de junio.
Aislado en casa, pues también había contraído la enfermedad junto a su pequeño hijo Salomón de entonces 2 años de edad, David esperaba con incertidumbre la llamada de los doctores para conocer el estado de salud de su esposa y su hija, aún no nacida.
La condición de Ingrid llegó a ser tan precaria, que, al no mostrar mejoría, los doctores incluso pensaron en adelantar el parto para salvar al producto.
Sin embargo, para esa fecha, la Secretaría de Salud de Nuevo León ya había implementado el tratamiento con plasma para pacientes Covid con resultados favorables y tras un consenso entre médicos se decidió aplicarlo en Ingrid, cuyo caso ya había ganado notoriedad en las redes sociales.
24 horas después de la primera aplicación, la joven ya presentaba mejoría y luego de una segunda dosis su estado de salud evolucionó tan satisfactoriamente que pocos días después fue extubada, para ser exactos el 26 de junio, el día que David cumple años.
El tratamiento con plasma fue exitoso en Ingrid, quien a los pocos días salió del hospital para continuar su recuperación en casa, parecía que el calvario por fin tendría su fin.
Pero la tranquilidad, entre comillas, fue temporal, ahora una nueva duda embargaba el seno de la familia Ceballos González: ¿cómo afectaría la enfermedad al ser que se formaba en el vientre de la regiomontana? Y que con amor ya la había nombrado Belén.
¿Nacerá sana?, ¿tendrá Ingrid fuerzas para dar a luz de forma natural?, ¿se pudo haber contagiado la pequeña? eran tan solo algunos de los cuestionamientos que la familia se hacía, previo al parto.
“Estábamos preocupados por cómo iba a nacer Belén porque, aunque Ingrid ya estaba bien había mucha incertidumbre de que pudiera estar afectada.
“Ingrid ya estaba al cien por ciento, entre comillas, porque finalmente cuando tuvo Covid la intubaron y cuando eso pasa la persona sale muy afectada porque el cuerpo se atrofia. Ya para septiembre estaba bien, pero entre las secuelas, lo psicológico, la preocupación por Belén, eso era un desgaste muy fuerte para mi esposa”, aseguró en entrevista, David Ceballos.
Las dudas y miedos se apoderaron de la familia, pero al ser personas de Fe, la esperanza también apareció para reconfortarlos.
“Fue un momento muy esperado, pero también de mucha incertidumbre porque no sabíamos cómo vendría”, aseveró el David.
Finalmente, la fecha esperada llegó: el 12 de septiembre la pequeña Belén nació pesando 2.5 kilos y después de un parto que resultó más rápido y tranquilo de lo esperado.
En una primera revisión, los médicos señalaron que la pequeña no presentaba problemas y a pesar de su peso y estatura, se encontraba sana.
“Belén nació chiquita en peso y medidas. Los doctores nos dijeron que era normal, que no nos preocupáramos y hasta ahorita todo muy bien.
“Nació muy bien y afortunadamente su desarrollo ha sido muy normal y esperemos que así siga”, comentó el regiomontano.
Tras las labores de parto, la atención en Belén fue casi total para detectar algún tipo de padecimiento; afortunadamente, al día de hoy, el desarrollo de la menor ha sido como el de cualquier otro niño.
Actualmente, Belén pesa 6 kilos, mide 72 centímetros y ya comienza a balbucear. Desde semanas atrás, de acuerdo con su padre, se ha vuelto una bebé muy risueña, más que de costumbre.
“Belén es muy alegre, ahorita ya tiene movilidad, va muy adelantada, su característica ahorita es que se ríe mucho y ya empieza a balbucear un poquito”, dijo David.
Han pasado cinco meses desde que Belén vio la luz por primera vez y los momentos de alegría que ha dado a su familia son incalculables.
David sabe que cuando la menor crezca, tarde o temprano, le contará la historia de cómo su vida fue producto de lo que él llamó un milagro o una bendición, que también salvó la vida de su esposa.
“La palabra con la que podría describir la situación es bendecida porque tanta gente que ha fallecido por Covid, incluyendo gente que conocemos, la verdad, me hace sentir muy bendecido, con esa palabra podría englobar todo”, expresó el entrevistado.
Ingrid también es parte de ese milagro y, aunque los temores en ocasiones aparecen, sus hijos Salomón y Belén, así como su esposo David son la fortaleza para seguir adelante.
Hace ocho meses, la ama de casa y emprendedora estaba postrada en una cama, conectada a un ventilador artificial, luchando contra la estadística que indica que cerca del 70 por ciento de los pacientes que llegan a ser intubados, fallecen.
Las secuelas del Covid-19 en su vida son principalmente psicológicas. Es de esperarse que algunas veces un simple dolor de cabeza puede ser malinterpretado como sinónimo de Coronavirus, afortunadamente, las pruebas PCR le han despejado sus temores.
“Mi esposa tiene ese temor, los dos lo tenemos. Es parte de lo que te deja esta enfermedad, la incertidumbre de no saber qué te puede pasar después, pero por lo pronto te podemos decir que estamos bien.
“Mi esposa ha estado al tanto de sus pulmones. De hecho, hace como dos semanas andaba inquieta porque le dolía la cabeza y ella pensaba que era Covid-19, pero al hacerse el último estudio salió todo muy bien y no había nada de qué preocuparse.
“Yo he estado donando plasma y ahí te dicen los anticuerpos que tienen. Además de apoyar gente aprovecho para saber cuántos anticuerpos tengo. Me he hecho dos pruebas de PCR”, aseveró David.
Lo acontecido en 2020 dejó grandes lecciones en la vida de la familia Ceballos González. Hoy, cada día, cada hora, cada minuto es atesorado, pues están conscientes de la fragilidad del ser humano.
“Estamos más conscientes de la vida, aprendimos que somos muy frágiles y que en cualquier momento se nos puede ir. Entendimos cosas que tal vez uno no reflexiona en el día a día, pero nos hizo hacer consciencia de que somos muy frágiles.
“Estamos muy bendecidos, somos personas de fe y podemos decir que lo que vivimos casi fue un milagro”, comentó el regiomontano.
Luego de haber presenciado los estragos del Covid-19 en sus seres más amados, David Ceballos pide a la población prudencia para frenar la cadena de contagios.
Está consciente que aunque falta menos, la contingencia aún persiste y solicita a la ciudadanía cuidarse y tomar todas las medidas de precaución.

 

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