El espíritu está intacto

Por Pedro Ortiz
Así como el Ave Fénix, una criatura sagrada de la mitología egipcia capaz de renacer de sus propias cenizas, Café El Grande está resurgiendo después de que la madrugada del pasado viernes 13 de marzo su local fuera consumido por las llamas.
La diferencia es el arduo trabajo de todo el equipo liderado por Ana Lidia y Raúl Páez, quienes aseguran que pudieron haber perdido todo pero su espíritu no fue quebrantado y con la ayuda de Dios, proveedores y clientes, saldrán adelante.
Café El Grande nació en 1956 en la ciudad de Monterrey Nuevo León, fueron los padres de Ana Lidia y Raúl, quienes la iniciaron como un negocio familiar.
A ciencia cierta los hermanos no saben como es que sus padres se interesaron en el negocio del café, pero de una cosa si están seguros; Se trata del esfuerzo y corazón que día a día imprimieron sus padres para sacar la empresa adelante.
“Ahora sí que no sé como mis padres se enamoraron del café, pero mi papá empezó en 1956, en esa fecha fue cuando llegaron a ese mundo.
“Pasó el tiempo y aproximadamente en 1960 puso otra empresa con mi mamá, en la que trabajaron mucho tiempo. Luego la vendieron y más o menos como en el 87, por cuestiones del destino, papá volvió al café”, contó Raúl.
Apenas uno o dos años de regresar al mundo mágico del café, fue cuando registraron la marca de ‘El Grande’, recomenzando la historia hasta tiempos actuales.
“Café El Grande es una empresa familiar iniciada por mi papá y mi mamá hace ya muchos años. Con mucho esfuerzo y sacrificio hemos ido avanzando”, agregó Ana Lidia.

EL INCENDIO

Por motivos que aún son desconocidos, la madrugada del pasado viernes 13 de marzo un incendio acabó con el patrimonio de la familia Páez. En minutos, un incendio se salió de control y consumió todo a su paso.
Tan fuerte fue el siniestro, que además consumió una bodega aledaña por lo que fueron necesarias seis horas de trabajo para extinguirlo.
De acuerdo a las primeras investigaciones, las llamas se generaron en la bodega ubicada en el cruce de José Alvarado y Agustín Lara, en la colonia Jardín Español, al sur de Monterrey.
“El incendio ocurrió la madrugada del viernes 13 y fue muy tremendo porque pues imagínate ver consumir todo lo que sembramos con mucho esfuerzo.
Ocurrió poco después de las 12:30 de la noche y como a las 7:30 de la mañana todavía estaban trabajando los bomberos”, contó Raúl.

MANOS A LA OBRA

Después de ver como el fuego acababa con el trabajo de años por que el que tanto habían luchado sus padres, comenzaron a idear que es lo que tenían que hacer para resurgir de las cenizas. Fue así que con la ayuda de proveedores, clientes y amigos, comenzaron a idear un plan.
“En ese momento (después de que las llamas fueron controladas) fue cuando nos pusimos en contacto con los proveedores para hacer un plan y seguir con esto, seguir dando el servicio”, señalaron.
Detalló que dadas las condiciones de su tostadora y que el lugar ahora se encuentra bajo resguardo de las autoridades por las investigaciones, proveedores les han suministrado el café tostado para continuar ofreciendo su servicio.
Incluso montaron una pequeña cafetería ambulante en el cruce de José Alvarado y Agustín Lara en donde tienen venta de bebidas preparadas para clientes en general.
“Nosotros somos como una familia y todos los que trabajan aquí nos están apoyando, se pusieron la camisa. Los clientes nos han dado una respuesta favorable y nos preguntan qué ocupamos o en qué nos pueden apoyar”.
“Ha sido una cosa impresionante, tanta gente que ha venido, que nos está apoyando comprando café, por todos lados nos están apoyando. A pesar de la tragedia, estamos muy contentos y agradecidos con Dios, porque todo esto es gracias a Dios”, agradecieron.
Para la familia, el milagro de no lamentar una muerte se dio gracias a Dios, por lo que ahora trabajan para sacar adelante el negocio del cual dependen más de 50 personas.
“Esta empresa comenzó desde abajo y es así como estamos echándole ganas. Nosotros somos muy creyentes en Dios. Este incendio se llevó todo, pero las ganas de jalar, el entusiasmo, la energía y el espíritu, eso no se nos quemó.
“El incendio quemó las cosas materiales, pero el espíritu que nos mantiene ese sigue. Como regios no nos queda otra más que seguir adelante con toda la fuerza y entusiasmo”, enfatizaron.
Para ellos, la ayuda de la gente es algo que los conmueve mucho y los impulsa a seguir adelante.
Sin duda un impulso fundamental fue el que les dieron sus proveedores para salir de este enorme bache, socios de antaño que iniciaron haciendo tratos entre padres.
“Llegamos a un acuerdo con los proveedores, quienes ya nos conocen, saben la calidad que manejamos, saben que son cafés especiales de exportación.

“Como ya tiene muchos años este negocio, nuestros padres y los papás de los proveedores eran quienes hacían trato, ahora los hijos estamos tratando, es una relación de muchos años”, resaltaron.

LEGADO DE LUCHA

Los hermanos platicaron que desde que empezaron, recuerdan que sus padres lucharon contra adversidades enfocándose en vender un café de muy buena calidad, incluso ellos ya habrían tenido algunos contratiempos, pero ninguno como el incendio.
“Desde que este negocio inició, cuando lo comenzaron nuestros padres, fue un negocio que se empezó sin dinero.
“Toda la historia de este negocio ha sido a base de mucho esfuerzo y ha habido pruebas muy difíciles, claro que esta supera a todas, pero de todas nos hemos levantado y salido adelante con esfuerzo, trabajo y la ayuda de Dios.
“Nosotros somos una empresa que todo lo que hacemos le ponemos mucho cariño a las cosas, le ponemos mucho corazón. No es vender por vender, de hecho no vendemos café, lo que hacemos es dar un servicio de café de especialidad”, platicaron.
Café El Grande ofrece un producto que viene directamente de productores en fincas de Chiapas, Oaxaca, Veracruz y otras regiones. Llega a Monterrey, se tuesta, se hacen mezclas, muele y envasa.
“Tenemos toda una trayectoria, un legado y la gente nos busca mucho porque no sólo les vendemos café, les damos servicios de asesoría, de capacitación, todo un paquete, un servicio muy completo”, resaltó.
Raúl contó que además de ofrecer ese servicio de especialidad siempre se han preocupado por ayudar a los colaboradores, especialmente a las comunidades indígenas en las fincas de café.
“Estamos apoyando de 800 a mil 200 familias en Chenalhó, Chapas. Tenemos también apoyo a mujeres indígenas que encontraron sustento en el café.
“Todo el café de nosotros está certificado por un catador Q, la empresa misma está certificada y pues ahora si que esto fue muy doloroso”, acentuó.
Por ahora continúan con los trámites ante las autoridades para lograr cuanto antes la liberación de su espacio y poner manos a la obra en la limpieza y regeneración.
“Estamos en todos los trámites que conlleva, y gracias a Dios las autoridades nos han apoyado bastante.
“Todo esto nos ha servido, ese es un tema muy importante, de todo se aprende para mejorar. Lo que sigue es volver a levantar esto y echarle todas las ganas”, precisó.

CON UNA SONRISA

Mientras tanto, empleados como Sandra Cruz, del área de Marketing, continúan poniendo su granito de arena con una enorme sonrisa en el rostro, atendiendo de manera memorable a los clientes que llegan al puesto improvisado en José Alvarado y Agustín Lara.
Sandra no para de 8:30 a 17:00 horas de lunes a viernes y sábados de 9:00 a 12:00, atendiendo junto a sus compañeros y ofreciendo tazas de café con un sabor único y especial.
“Nosotros buscamos la manera de seguir trabajando para no afectar a nuestros clientes. La verdad es que hemos tenido muchísimo apoyo en cuanto a todo, entre palabras de aliento y compras, la respuesta de la gente ha sido maravillosa”, dijo Sandra.
Así, como dicen Ana Lidia y Raúl, con la ayuda de Dios esperan volver a levantarse y seguir ofreciendo experiencias completas a sus clientes, así como seguir trabajando hombro a hombro con sus proveedores.

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