Desde el infierno

Entre las miles de familias que enfrentan las secuelas de las graves inundaciones que aún siguen afectando a Poza Rica, Veracruz, está Karla Alexandra Torres Isidro, vecina del fraccionamiento Gaviotas, quien recuerda con angustia el momento en que el río comenzó a desbordarse durante la madrugada del 10 de octubre.
“A las cinco de la mañana nos quitaron la luz y ahí fue donde nos alarmamos; empezó a sonar una alarma de Pemex, ya el río se veía feo y sin luz. Cuando salimos, el agua venía con mucha fuerza, traía árboles, basura, láminas”, relata.
La mujer, quien vive con su esposo Juan Torres Ramos y su hija embarazada Karla Torre Isidro, tuvieron que salir caminando entre la corriente que les llegaba al cuello. “Nos encomendamos a Dios, yo mido 1.50 y el agua me daba al cuello. Caminamos como seis cuadras hasta llegar al bulevar; la gente lloraba, estaba desesperada. Yo solo quería ver tierra.” Ella como muchas familias lo perdieron todo. “Sala, comedor, cocina, recámaras, todo fue pérdida total.” Desde entonces, Karla y su familia viven refugiadas en una casa prestada por la ginecóloga de su hija. Pero el miedo y la incertidumbre persisten. “Se están metiendo a robar. Climas, cilindros, todo están saqueando. Todo lo están ocultando, no lo dicen en las noticias.”
La crisis también ha disparado los precios de productos básicos. “Las botas las están vendiendo en el centro en 500 pesos, cuando antes costaban 100. Los taxis que cobraban 20 ahora te cobran 60. Y pues uno no tiene nada, ni ropa, ni zapatos. ”
Aunque el Ejército y la Marina han intervenido en labores de limpieza, la ayuda no ha alcanzado todas las zonas. “Han recibido beneficios los que están afuera de las colonias. Si te metes seis cuadras adentro, ahí no ha llegado nadie. Solo ciudadanos nos están ayudando con comida, agua y ropa.”
Incluso, las autoridades locales han solicitado documentos difíciles de presentar. “Nos piden contrato de renta para darnos apoyo, pero el contrato se fue con el lodo. Salimos con lo que traíamos puesto.”
Sin embargo, no solo lidian con cosas como la vestimenta o la ropa, sino también con olores. “Hay mucha mosca, mucho olor. Caminas y se ve sangre. Te bañas y sigues oliendo a lodo podrido. En la noche hay polvo, neblina… tienes que traer cubrebocas para no respirar eso.”

UNA CATÁSTROFE

Para dimensionar lo que sucedió en Veracruz, basta con recordar lo que pasó hace un año en Nuevo León, cuando la tormenta tropical Alberto afectó al estado en junio del año pasado. Se registró una precipitación acumulada de 614.5 milímetros en tan solo tres días, prácticamente lo que suele llover en todo un año, cuya media anual es de 627 milímetros. Esta lluvia masiva provocó que la presa La Boca pasara de estar al 35 por ciento de su capacidad el 19 de junio a superar el 100 por ciento el 20 de junio, reflejando la rapidez y magnitud con la que el agua puede llenar los embalses de la región.
Ahora, trasladando estas cifras a Veracruz, es importante recordar que este estado se encuentra al nivel del mar, a diferencia de Monterrey, que se ubica en altitud. Esto significa que la acumulación de agua en Veracruz puede tener efectos diferentes, con mayor riesgo de inundaciones en zonas bajas y costeras. Las lluvias que normalmente serían extremas en Monterrey pueden generar aún más impacto en Veracruz debido a su geografía, haciendo evidente la vulnerabilidad de las comunidades ante fenómenos meteorológicos de gran intensidad.

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), las intensas lluvias que azotaron el norte de Veracruz durante los primeros días de octubre fueron provocadas por la interacción del frente frío número 4, la vaguada monzónica y los remanentes de la tormenta tropical Raymond en el Golfo de México
Estas condiciones generaron lluvias torrenciales que superaron los 300 milímetros en menos de 48 horas, ocasionando el desbordamiento del río Cazones y varios afluentes menores que cruzan Poza Rica, Papantla y Tihuatlán. En el mapa de septiembre de 2025, Veracruz aparece cubierto por zonas de color púrpura y rojo, las categorías de mayor intensidad, con lluvias que superaron los 900 milímetros en algunas áreas, de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Un año antes, en octubre de 2024, los registros mostraban niveles mucho menores, lo que confirma que el evento de este año fue excepcionalmente alto y dejó saturados los suelos antes del paso del nuevo sistema de tormentas.

APOYO DESDE NUEVO LEÓN

Mientras las familias veracruzanas intentan levantarse, autoridades de Protección Civil de Nuevo León continúan enviando ayuda humanitaria hacia el norte del estado. Durante el sexto día de operaciones en Pánuco, se realizaron 13 vuelos de apoyo con 870 despensas, 280 galones de agua y el traslado de siete personas que requerían atención médica prioritaria.
A estas acciones se sumaron centros de apoyo de distintos municipios del área metropolitana, como Monterrey, Apodaca, Santa Catarina, San Pedro, Escobedo, García y San Nicolás. Además, en Guadalupe, el alcalde y funcionarios de primer y segundo nivel acordaron donar el 10 % de su sueldo para enviarlo directamente del DIF Guadalupe al DIF Veracruz.
Las operaciones fueron coordinadas con Protección Civil de Guadalupe y El Carmen, el DIF Estatal, la Secretaría de Igualdad e Inclusión y autoridades de Pánuco, lo que permitió llegar a comunidades incomunicadas como Oviedo, Altamirano y Poza del Tigre.

‘PERDÍ TODO, PERO SALÍ
CON VIDA’

Pese a la desesperanza, Karla agradece la solidaridad de quienes han enviado víveres y artículos de limpieza desde otros estados. “Desde Monterrey nos han mandado escobas, trapeadores, cosas de limpieza, lo que más se necesita ahorita para sacar todo el lodo.”
A pesar de la devastación, la historia de Karla y de tantas familias afectadas en Poza Rica es también un testimonio de resiliencia y solidaridad. Sin embargo, aún falta mucho apoyo: muchas personas siguen sin lo más básico para reconstruir sus hogares y su vida cotidiana. Cada despensa, cada litro de agua y cada ayuda económica puede marcar una gran diferencia.
“Perdí todo, pero bendito Dios que salimos con vida. Desde 10 pesos son bien recibidos, porque aquí todo se necesita”, asegura Karla, mientras sostiene la esperanza de que la ayuda llegue a todos los rincones afectados.
Cada pequeño gesto, cada despensa, cada aporte económico se convierte en un salvavidas para quienes aún luchan por recuperar lo que perdieron.

 

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