Sin pensarlo dos veces, el 31 de mayo tomé una de mis decisiones más importantes en este 2021: viajar a Estados Unidos para vacunarme contra el Coronavirus.
La inconsistente estrategia del Gobierno Federal y el pertenecer al último bloque que recibiría la dosis, producto de mis 26 años, fueron las principales razones que me orillaron a elegir esta vía.
Además, el relajamiento de restricciones aéreas, las ofertas de viaje para incentivar la reactivación económica y el acelerado proceso estadounidense -en el que están vacunando sin importar la nacionalidad- también sirvió como un aliciente.
El destino: la ciudad de San Antonio, Texas. Desde las 06:00 horas salí junto a mi hermano y su mejor amigo con el fin de llegar sin contratiempos al Aeropuerto Internacional de Monterrey.
Apenas ingresamos por las puertas de la Terminal C y observé una impresionante cantidad de viajeros tanto en el apartado de vuelos nacionales como internacionales, aglomeraciones que espantarían a cualquiera si aún estuviéramos en el 2020.
Una vez que nos revisaron las maletas y los pases de abordar avanzamos a la sala de espera, donde pude apreciar desde familias de más de cuatro integrantes, hasta grupos de jóvenes con el mismo objetivo de hacer “turismo de vacunación”.
El vuelo alcanzó su máxima capacidad a tal punto que permitieron el acceso de pasajeros por las dos entradas de la aeronave y a pesar de estar aglutinados, mantuvimos el orden y en todo momento portamos el cubrebocas.
A las 08:55 horas despegamos y tras sólo 50 minutos, los cuales muy apenas se sintieron y no me permitieron dormirme, aterrizamos en tierras norteamericanas.
El último filtro para poder decir que oficialmente estábamos en San Antonio fue el área de Migración, sala que se vio acaparada por más de un centenar de mexicanos, momento al que por cuestiones de reglamento no pude tomarle una fotografía.
Además de los viajeros provenientes de Nuevo León, también me pude percatar que arribaron paisanos de entidades como San Luis Potosí, Sonora y la Ciudad de México, estos últimos hasta portaban su jersey del Cruz Azul e inclusive relataban que estuvieron en el Estadio Azteca.
He de admitir que llegué a ponerme nervioso durante la fila, temía dar una respuesta errónea o fallar en mi pronunciación del inglés y cuando llegó mi turno, la agente me realizó solo tres preguntas.
“¿Cuál es el motivo de su visita? ¿Cuántos días y en dónde se va a quedar? ¿Cuántos dólares trae consigo?”, mismas que respondí con total honestidad al tiempo que me revisaban el pasaporte.
Los tres pasamos sin problemas y para nuestra fortuna, el paquete del hotel incluía transporte, por lo que esperamos unos minutos, nos recogió y arribamos al Staybridge Suites.
Reposamos cerca de una hora, dejamos las maletas, organizamos el plan y nos dirigimos a la farmacia del HEB para conseguir nuestra tan ansiada inmunización, no sin antes almorzar en un Subway ubicado a una calle del supermercado.
Con cita en mano y contrario a lo esperado, solo encontramos cuatro personas por delante de nosotros, curiosamente, todos mexicanos en busca de recibir la vacuna de una sola dosis del laboratorio Johnson & Johnson.
Al llegar mi turno me entraron nervios, no por el inminente piquete, sino por el miedo de errar en la “foto del recuerdo” que como buen Millennial quería capturar.
En menos de un minuto la doctora me inyectó el biológico y ¡listo!, conseguí mi protección contra este asqueroso virus que no deja de causar estragos.
Después de pasar los 15 minutos de observación, salimos del lugar y junto a mi certificado de vacunación cargué conmigo un brazo izquierdo adolorido.
Una vez inmunizado, quedé sorprendido tanto del proceso de registro, la rapidez para inocular y la disponibilidad de las dosis, entre las que también ofrecían las de Moderna y Pfizer, siendo esta última elegible para menores entre 12 y 15 años.
Obviamente, no desaprovechamos la oportunidad para hacer unas compras y apenas al ingresar al Dillard’s del North Star Mall aprecié una indicación que decía lo siguiente:
“Sí ya estás completamente vacunado, no estás obligado a portar una mascarilla o aplicar el distanciamiento social en este establecimiento. De no estarlo, debes continuar con la mascarilla y el distanciamiento social”.
En primera instancia el anuncio me sorprendió y al transitar por la tienda observé que había clientes que acataban ambas indicaciones, mientras que en otros negocios las medidas sanitarias eran obligatorias y hasta respetaban el aforo limitado, como en “Hot Topic” que solo permitían 20 personas.
Cerca de las 20:00 horas comencé a sentir reacciones adversas, principalmente escalofríos, dolores de cabeza y cuerpo cortado, por lo que inmediatamente me fui a recostar y durante la noche despertaba cada 30 minutos producto de una leve fiebre que también se sumó a los síntomas.
Al día siguiente solo persistió el dolor corporal y amanecí con cansancio debido a que no pude conciliar el sueño y para mi sorpresa, también mi hermano y su mejor amigo compartieron estos efectos.
Finalmente, el único consejo que les puedo dar a todos aquellos interesados en vacunarse en Estados Unidos es el siguiente: sí desean hacerlo no caigan en la indecisión, entre tanta incertidumbre es mil veces mejor actuar a no hacer nada al respecto.







