Portando un uniforme gris “como su presente” y cubrebocas color azul, Francisco Daniel e Imelda, internos del Centro de Internamiento y Adaptación para Adolescentes de Monterrey, se encontraban aislados de sus compañeros en una sala anexa.
Los jóvenes fueron seleccionados por las autoridades penitenciarias para ser entrevistados por los medios de comunicación y compartir cómo los malos pasos los trajeron a estar apartados de la sociedad.
A pesar de mostrarse pocos comunicativos y temerosos ante los reporteros y camarógrafos, ambos accedieron a contar parte de sus experiencias y afirmaron que “no volverán a cometer delito alguno”.
— ¿Por qué delito los detuvieron?
FD: Estoy por robo, llevo dos años internado y me faltan tres años por cumplir. No ha sido nada fácil aquí dentro, he tenido buenas y malas experiencias todo este tiempo encerrado. Comoquiera yo me siento muy agradecido con las áreas de reinserción social que me ayudaron mucho, por mi familia que no ha dejado de apoyarme.
I: Estoy aquí por homicidio, no ha sido nada fácil el tiempo que he estado aquí. Me dieron tres años y seis meses de sentencia y apenas voy a cumplir el primero.
— ¿Qué te llevo a cometer este delito?
FD: Malas amistades, me involucraron en las drogas y me dejé llevar por esas influencias. Me invitaron a robar, me gustó el dinero fácil, me alejé del estudio y comencé a delinquir en las calles con las pandillas y un tiempo con la delincuencia organizada. Desde los 12 caí en este camino y ya muy pronto cumpliré los 20.
— ¿El estar aquí dentro te ayudará a reinsertarte allá afuera?
FD: Sí, estoy agradecido con Dios por esta segunda oportunidad que me dio para readaptarme a la sociedad, todo este tiempo de la mano de las actividades de psicología, criminología y trabajo social me han ayudado mucho en mi readaptación y me siento muy a gusto con este nuevo pensamiento y forma de ser.
I: Sí, nos han brindado muchas actividades y agradezco a la reinserción social porque no ha sido nada fácil vivir esto y tengo la fe en que saldré adelante de esta situación
— ¿Cuál es su objetivo primordial al salir?
FD: Seguir estudiando y si primeramente se da la oportunidad conseguir un trabajo y volver a ver a mi hijo. Es muy difícil estar encerrado, aislado y más ahora que está la contingencia, nos separamos mucho de nuestras familias, han sido pocos meses, pero aquí el tiempo es eterno.
I: Espero el día de mañana que salga pueda ser un ejemplo para mi hermano y no tropiece con la misma piedra que yo, me destrozaría que a él también lo llamen asesino. Sé que nada es fácil en la vida, pero todo se dará y deseo sentirme orgullosa de la persona que seré tras reformarme.
— En base a lo vivido, ¿cómo podrían afirmar que no volverían a delinquir?
FD: Yo afirmaría que al salir me pondré a trabajar y pues seguir el camino derecho y evitar a toda costa las malas amistades para no volver a tropezar. Definitivamente haré a un lado a esas malas influencias que contribuyeron a que dejara de ver a mi hijo, quiero ser una persona bien una vez que cumpla mi condena.
I: Te puedo asegurar que quiero ser un cambio para la sociedad y la gente que me rodea. Quiero que se den cuenta que existen las segundas oportunidades para que se den cuenta que puedo ser otra persona y aspiro a que mi ejemplo sirva para demostrar que los jóvenes que cometimos delitos podemos cambiar.
— Si tuvieran de frente a esas malas influencias ¿Qué les dirían?
FD: Les daría el consejo de que dejarán de pensar que no todo en la vida es robar o andar drogándose, siempre hay una segunda oportunidad para readaptarnos a la sociedad y que los malos pasos jamás nos llevarán a algo bueno. Pueden caer en el hospital, dónde estoy yo o en el peor de los casos la tumba. Solo les puedo decir que Dios los bendiga y cada quien decide qué hacer con su vida.
I: Que se alejen y no sigan haciéndole más daño a la gente porque eso no es vida, seguir esos pasos no te traen nada bueno. Al igual que mi compañero les diría de frente que lo que me pasó a mí les puede ocurrir a ellos o en el peor de los casos, morir.
VALIENTE AL MICRÓFONO
El pasado 6 de octubre en el Centro de Internamiento y Adaptación para Adolescentes de Monterrey se llevó a cabo la presentación del libro “Un sicario en cada hijo te dio” por dos de sus coautoras, Saskia Niño de Rivera y Mercedes Castañeda.
Las escritoras cofundaron y encabezan la asociación “Reinserta”, organización sin fines de lucro que busca romper los círculos de delincuencia para mejorar la seguridad del país.
Como parte de una dinámica de integración y para dejar de lado el protocolo convencional de presentar un libro, extendieron el micrófono a alguno de los recluidos para que compartieran sus vivencias.
El nulo interés por participar reinó unos segundos, sin embargo, Francisco Daniel se puso de pie y levantó la mano airadamente ante la sorpresa de sus compañeros y decidió tomar la iniciativa ante las visitas.
El joven mencionó que su vida ha sido “un sube y baja” desde que entró a delinquir y resaltó que su mayor inspiración para dejar los malos pasos es su hijo de cinco años, de quien espera lo vea como un ejemplo a seguir.
“Esto me ha servido como una experiencia muy grande, no he dejado de sumar experiencias y en este centro de internamiento acabé la primaria y secundaria, me encuentro cursando la preparatoria, tengo un proyecto de vida y metas muy claras.
“El día que consiga mi libertad me llevaré recuerdos muy gratos de esta que es mi segunda familia, nunca olvidaré el apoyo que me brindaban cuando estaba enfermo o que me escucharan si tenía un problema que compartirles”, relató.
“Quisiera que mi hijo viviera en una comunidad donde haya respeto y valores para que pueda superarse y sea alguien en la vida. A diferencia mía, le inculcaría el apoyo y seguimiento por parte de su familia, que no pierda el camino ni mucho menos se deje llevar por esas malas amistades que abundan en las calles”, precisó y minutos después fue ovacionado por sus compañeros.
UN IMPACTO POSITIVO
Desde su creación en el 2013 “Reinserta” han impactado positiva y directamente a más de 2 mil 600 personas en el sistema penitenciario y colaboran anualmente con cerca de 180 adolescentes y jóvenes en conflicto con la ley y en proceso de reinserción, así como 200 mujeres privadas de la libertad y sus hijos.
Acompañadas por el experto en temas de seguridad, Eduardo Guerrero, así como del director del recinto, Carlos Daniel Gutiérrez, las autoras relataron que su obra narra la dolorosa historia de seis jóvenes que estuvieron involucrados en la delincuencia organizada.
Más de 40 jóvenes privados de su libertad presenciaron el evento y al ser cuestionados sobre su mayor anhelo, exclamaron al unísono que desean ver un “México de oportunidades y paz”.
“Este libro es un llamado a las autoridades y la sociedad civil para visibilizar, cuidar y proteger a los menores que hemos olvidado. Es momento de dar opciones y alternativas que garanticen sus derechos humanos.
“Nuestra principal apuesta es por la prevención y reinserción, porque solamente así vamos a poder rescatar a los niños, niñas y adolescentes de la constante normalización de la violencia que se vive día a día en nuestro país”, expresó Castañeda.
Agregó que la finalidad del libro es darle voz tanto a los jóvenes que perdieron la vida a manos de la delincuencia como a los que sobrevivieron y quedaron “marcados de por vida”.
“El INEGI nos dice que un niño sicario tiene un estimado de dos a tres años de vida cuando entra a trabajar a un cártel. Esto necesita hacer que nos humanicemos y ataquemos el problema antes de que sea demasiado tarde”, señaló.
Por su parte, Niño de Rivera calificó el escrito como un “llamado de auxilio” y destacó que al realizar la investigación existe una “frustración” de escuchar historias de un México dolido y enojado, donde meter a los jóvenes a las cárceles es la solución fácil.
“No justifico el delito, cada uno de ustedes está aquí por ser acusado de delinquir. Es una responsabilidad que deben asumir y creo que sería muy injusto de nuestra parte el asumir que ustedes son los únicos responsables de una sociedad fallida.
“Las historias son fuertes y desgarradoras, tenemos el ejemplo de uno de los chavos que a los ocho años ya estaba en las filas del crimen organizado, cuando murió le hicieron peritaje para determinar su edad y ni su nombre sabían porque siempre llevó un apodo, un muchacho sin identidad que no pudimos hacer más por él porque no tenía documentos que avalaran su existencia”, remarcó.
A su vez, sostuvo que la base de un “México en paz” yace en el reparar y reconstruir el tejido social y añadió que escribir el libro fue un reto debido a que creciente enojo de la sociedad hacia el tema de las cárceles.
Al finalizar, Guerrero aprovechó para enviar un mensaje a los internos que presenciaron el evento.
“No se sientan chingones por andar en una camioneta del año o con un arma en mano. Los verdaderos triunfadores trabajan todos los días y buscan contribuir a que tengamos un México mejor”, sentenció.









