En el vientre de la Madre Tierra

La penumbra lo invade todo y el vapor empieza a fluir, bañando los cuerpos de los 30 asistentes que empiezan a sudar copiosamente. Una flauta desgrana sus notas en una dulce letanía y los cantos a la Madre Tierra se elevan al cielo como el humo de la hoguera.
Así comienza la experiencia del temazcal, práctica terapéutica prehispánica que se conserva en nuestro tiempo gracias al interés y generosidad de personas como María Elena González, “Nena”, la guía temazcalera.
El lugar de la cita es la Casa del Sol, una hacienda internada en La Huasteca, en Santa Catarina, donde no llegan señales de telefonía y el desierto lo invade todo. Es mediodía y el sol empieza a calar, pero el aire corre fresco y mitiga un poco el calor.
Ahí, en un patio de tierra ardiente, el grupo de seguidores de las prácticas de las culturas azteca y dakota se congrega en torno al Tata Fuego, una hoguera donde arden piedras volcánicas llegadas desde Veracruz y que conforman el punto medular de la liturgia, en la cual el agua también juega un papel preponderante.
Jarros, sonajas, tambores, figuras indias, dulces, plumas, hierbas y cuernos de venado son parte de las ofrendas de un altar que incrementa el toque de misticismo a la ceremonia.
Los participantes van rompiendo el hielo poco a poco. La variedad es amplia, desde una mujer y su hija adolescente hasta un hombre que seguramente ya es abuelo, así como adulto jóvenes.
Mientras las presentaciones se realizan de manera espontánea, los organizadores del temazcal van colocando colchas sobre una estructura que semeja una tienda de acampar, fabricada con ramas de sauce. A los pocos minutos queda formada lo que parece una enorme concha de tortuga, con dos entradas ubicadas en puntos opuestos.

¿QUÉ ES EL TEMAZCAL?
“El temazcal es una práctica ancestral que viene desde antes de la llegada de los españoles”, cuenta María Elena González mientras da indicaciones de cómo construir el temazcal.
La guía temazcalera explica que durante el imperio azteca fue una práctica muy importante pues en él nacían los bebés, deliberaban los ancianos y se preparaba a los guerreros para las batallas.
También concido como temazcalli, consiste en un baño indígena con vapor de agua de hierbas aromáticas, originado en las culturas de México y Centroamérica y cuyos vestigios más antiguos se hallan en las zonas arqueológicas de Palenque, Piedras Negras (Guatemala), y en Joya de Cerén, en El Salvador, en habitaciones de los antiguos Mayas.
De acuerdo con González, el nombre proviene de la lengua náhuatl y significa “casa de vapor” (Temaz – vapor, calli – casa ).
“El baño se realiza dentro de unas casetas en forma de cúpula de pequeña dimensión (actualmente llamadas “Toritos”), construidas con mantas o pieles sobre varas, en las cuales se introducen piedras porosas previamente calentadas al rojo vivo, sobre las que se vierte una infusión de plantas medicinales”.
El vapor es manejado y dirigido por el guía temazcalero, en este caso María Elena, quien abanica un ramo frondoso de plantas frescas mientras realiza cantos, tiene visualizaciones y hace ejercicios de meditación.
“El uso del temazcal ha sido tanto terapéutico y relajante como ritual y su práctica sobrevive en la actualidad gracias a la tradición de las distintas comunidades indígenas”, explicó “Nena”.
Se ha sofisticado su aplicación en la medida que se practica en “Toritos” de cemento o barro y en grupos que buscan experiencias espirituales.
“El temazcal es la morada de los dioses, una alegoría del vientre de la Madre Tierra hecho con varas y cobijas que guardan el calor de las rocas al rojo vivo colocadas en su centro; son las abuelitas, y sobre ellas se vierten hierbas aromáticas y medicinales”, cuenta María Elena González.
Una vez dada la explicación, los asistentes forman una fila para ser purificados, orar y lanzar un poco de tabaco a las llamas que arden frente a la entrada del temazcal.
Después ingresan, uno a uno y de rodillas, colocando la frente en la tierra, por la entrada que se halla ubicada hacia el oriente, con el fin de recibir la energía del sol que nace y transmitirla a los participantes de la liturgia.
Mientras los vapores emanan los rezos van cayendo como las gotas de la lluvia que aparecieron pero sólo humedecieron la tierra. Se pide por la familia, por los amigos, por los niños, por las plantas, por los animales, por el medio ambiente y por los presentes.
Abril Morelia es una joven de tez blanca y ojos claros que parece extranjera pero es tan mexicana que abrazó las costumbres prehispeanicas y es de las principales promotoras, junto con “Nena”, de los temazcales, y también tiene amplios conocimientos del tema.
“El temazcalli es un baño de vapor ancestral que se realiza en construcciones naturales que representan el vientre de la Madre Tierra. Su propósito: la confrontación de Tezcatlipoca, es decir de nuestras partes oscuras para que el espíritu pueda renacer más libre de como entró”.
De acuerdo con Abril, la construcción tiene cuatro puertas porque en ellas se sanan los cuerpos físico, emocional, mental y espiritual. “El ritual se inicia con el encendido del fuego y se acompaña con música elaborada con instrumentos autóctonos y cantos emanados de la tradición”, dijo la joven.
Por su parte, María Elena agregó que según el propósito de cada temazcalli, “se corre” con 9 piedras, en cada una de las cuatro puertas, cuando es de sanación. O con 13 si se trata de templar el espíritu guerrero.
“En cada temazcal participan: quien cuida el fuego e introduce las piedras, quien las recibe, quien sahúma a los participantes, quien deposita medicina en cada piedra, quien trabaja con los xicahuaxtli para dar acomodo a las piedras en el ombligo del temazcal.
“Además del corredor del ritual, a quien se le consagra para, al depositar el agua en las piedras, generar el atlachinolli; la reconciliación de los opuestos representados por la unión del fuego y el agua.
“El temazcalli implica —según los ancianos— aprender a trabajar con los espíritus del fuego, el agua, el aire y la tierra y a generar las condiciones para la liberación y transmutación de lo que no sirve. Así se curaba nuestra gente cuando no existían hospitales”, dijo González.

SUDAR Y ORAR, ORAR Y SUDAR
La estancia en el temazcal dura un par de horas, durante las cuales se elevan oraciones a la vida representada en las cuatro estaciones del año, en los cuatro puntos cardinales y en los cuatro elementos para lograr una comunión con los cuatro cuerpos: el físico, el emocional, el mental y el espiritual.
Se necesita estar bien hidratado antes de entrar. Una vez que el agua va cayendo sobre las piedras (las abuelitas) y el vapor inunda el ambiente, se debe hacer un ejercicio de relajación para disminuir el ritmo cardiaco y volver más pausada la respiración, de lo contrario, el visitante experimentará dificultades para respirar.
Entre una y otra entrada de cada piedra se va elevando rezos y cantos. La música acompaña la odisea y el ambiente es de profundo respeto y tranquilidad.
Sentados, hincados o en cuclillas, los cuerpos de los 30 asistentes -los hombres en pantalón corto y sin camisa, las mujeres en obligatoria falda y con blusa o top- parecen derretirse ante la humedad. El sudor llena los rostros y las pieles se ven brillantes por las toxinas que van liberando conforme el agua abandona el cuerpo.
Luego de unos minutos de rezar y cantar, se abre la puerta para que entre otra de las rocas. El encargado de mantener el fuego introduce la pala y dice “abuelita de paz” y desde adentro se responde “ahooo, bienvenida abuelita” y así sucesivamente con la “abuelita” de amor, de esperanza, etc.
Cada que la puerta se abre entra una refrescante bocanada de aire que los presentes agradecen. Cuando el temazcal va a la mitad, María Elena reparte a los presentes un jarro con agua fresca o con un té de hierbas que es reconstituyente, además de rociarlos con agua para aliviar un poco el calor y evitar la deshidratación.
Al final, cuando abandonan el temazcal, cada visitante posa la frente en la tierra como señal de respeto, dice “por todas mis relaciones” y da una vuelta sobre su eje simulando la rotación del Universo.
La experiencia es intensa y el aprendizaje se vuelve íntimo y personal pero sin duda a todos les deja una enseñanza: la comunión con la Madre Tierra, la reconciliación con nosotros mismos.

Informes para asistir a un Temazcal:
[email protected]
Tels: (81) 8359-5046
Móvil 044 811-572-5110

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