El espeluznante guión de la tragedia del huracán “Gilberto” tiene un nombre y apellidos: Rogelio Ayala Contel.
Cuando estaba realizando labores de salvamento en las márgenes del río Santa Catarina, este joven de 22 años fue tragado por el torrente; nadie más lo vió, se perdió frente a los ojos de sus compañeros, quienes lo creían muerto.
Horas después fue rescatado. Había recorrido 36 kilómetros arrastrado por la corriente, esquivando los puentes para no estamparse en aquellos que eran alcanzados y hasta rebasados por el nivel del agua.
“Sacaba la cabeza a la superficie para tomar aire y resistir los borbotones de agua mezclados con lodo que por segundos me ahogaban”, relató Rogelio a los socorristas de la Cruz Roja.
“De pronto me estrellé de espalda con un árbol. Ya para entonces no podía ver porque tenía mucho lodo en los ojos. De repente descubrí, entre la oscuridad, unos árboles que estaban cerca de la orilla del río”, contó.
Rogelio logró escapar de la furia del río cuando escaló a la copa de uno de los árboles, descendió y llegó maltratado, casi asfixiado por el lodo, hasta un ejido.
Cuando llueve, el cielo se pone gris y escucha los truenos, con paso temeroso se acerca al río, pero prefiere retroceder… igual como su memoria.






