Un mundo sin sonidos

De entrada se les ve actuar de igual forma que cualquier otra persona, aunque prestándoles más atención podrías darte cuenta que tienen sus propios métodos de comunicación, en el que lo prioritario es el manejo de las manos.
Son las personas con discapacidad auditiva, que aunque su falta del sentido no se nota a simple vista contradictoriamente son los más relegados de todos los grupos vulnerables, ya que para la ciudadanía es muy difícil eliminar la barrera del sonido, que si la combinaran con anuncios sería para ellos el puente ideal para la integración.
La presidenta de la Asociación de Sordos en Nuevo León, Olinda Perla Treviño, señala que la mayor problemática que tienen es la educativa, ya que las escuelas no saben manejar la lengua de señas y esto les impide el desarrollo.
Sin embargo, en Nuevo León existe la única opción en México que no les cierra las puertas a nivel superior. Lucía Vignau, encargada del Programa de Atención a la Discapacidad de la Universidad Tecnológica de Santa Catarina, explica que no son una escuela de enseñanza especial, únicamente facilitan los medios para que sus estudiantes con estos problemas puedan cumplir su objetivo.
Este modelo les ha funcionado tan bien que incluso ha atraído alumnos de todas partes de la República, como es el caso de los capitalinos José Guerrero, Alfonso Balderas y Eduardo Reyes, quienes recuerdan que para poder terminar la preparatoria en el Distrito Federal tuvieron que invertir en un intérprete de hasta 800 pesos por semana.
Pero las historias también existen en el ramo deportivo, Alberto Solís García juega desde hace más 10 años en la selección estatal de futbol para discapacitados auditivos, con quienes han logrado coronarse dos veces campeón, aunque a él lo mismo le da practicar este deporte con sus compañeros de trabajo.

LA ESCUELA:
LA PRINCIPAL BARRERA
Su deficiencia auditiva no es total, esto le ha ayudado a Olinda Perla Treviño a abrirse paso más fácilmente que otros de sus compañeros, incluso escuetas frases salen de entre sus labios mismos que la ayudan a pasar casi desapercibida.
Pero a pesar de ello, las dificultades la han acompañado en su andar: pláticas que se pierde, conversaciones en las que se le dificulta seguir el hilo y hasta un avión estuvo a punto de dejarla, todo por que no hemos aprendido a convivir con ellos.
“Lo más difícil”, dice mirando hacia arriba como si tratara de encontrar una respuesta, “pues una ocasión un vuelo se retrasó y le comenté a la persona que me avisara por favor por que yo tengo este problema, y no lo hizo, ya casi se me iba el avión, de no ser por que vi la gente correr y pues fui a ver qué pasaba, yo creo que si quitaran esa barrera del sonido y pusieran también anuncios no habría problema”, mencionó de manera pausada.
Su hablar no es fluido y por momentos no muy claro de todo, consciente de ello no pierde de vista a su interlocutor para cerciorarse de que haya comprendido su mensaje. El poder entender también el lenguaje de las palabras, ha sido una gran ventaja para Olinda, aunque ante su débil audición ha tenido que aprender a nivelar su voz.
En su caso, fue un año y medio después de nacida cuando perdió el sentido del oído a causa de un medicamento para la fiebre, pero durante estos primeros años el haber escuchado a su familia, así como el empeño que éstos pusieron para sacarla adelante, hizo que comenzara a hablar a los tres años y pudiera entrar a la escuela a los seis.
El tesón de su padre para integrar a su hija, lo hizo dar los primeros pasos del Instituto de la Audición y el Lenguaje de Monterrey. Esta cercanía con la discapacidad, animó a Olinda a estudiar la Licenciatura en Educación Especial.
Sin embargo, la hasta hoy única directora sorda de una escuela en México a cargo del Centro de Atención Múltiple “Abel Sauza Aranda”, confiesa que en sus años estudiantiles quiso inclinarse por las leyes, pero su discapacidad hacía que se le complicara cursar esta carrera.
Lo más difícil para ella, reconoce, ha sido cuando tiene que acudir a las juntas de directores, ya que ante la falta de un intérprete, su capacidad se limita a poder sostener cuando mucho una conversación con dos personas, más de tres es prácticamente imposible.
Olinda recuerda que en sus años la integración estudiantil era más sencilla que en estos tiempos, donde tristemente se ha encontrado con quienes llegan a la juventud o la edad adulta sin saber leer o escribir, y hasta sin conocer el lenguaje de señas.
“Hay un compañero que incluso en su misma familia lo discriminan, todos se salen a pasear y a él lo dejan en casa. También hay otros que apenas en edad adulta están comenzando a leer y escribir”, mencionó añadiendo a sus palabras un gesto de disgusto.
No sólo académicamente Olinda ha podido salir adelante, pudo formar una familia con la que se adapta perfectamente en la convivencia. Recuerda que cuando el mayor de sus hijos tenía seis meses de edad, en lugar de llorar comenzaba a aventarle juguetes para que le hiciera caso.
Actualmente la tecnología ha jugado un papel importante en su vida, aunque no puede hablar por teléfono, los mensajes de texto son muy útiles para comunicarse. Dice que otra de las salidas puede ser la video llamada, aunque lamentablemente aún es muy costosa para utilizarla.
Según los número de la Asociación de Sordos de Nuevo León misma que también dirige, existen en México más de 10 millones de personas que padecen esta discapacidad, de los cuales tres millones viven en la entidad. Alrededor de 300 integran esta asociación, misma que pide se elimine la barrera del sonido, mientras tanto la sensibilidad que ellos desarrollan es la que los mantiene al tanto de todo lo que ocurre más allá de sus oídos.

EDUCACIÓN INTEGRAL
Aunque muchos de los que se relacionan en el ambiente de la discapacidad conocen la Universidad Tecnológica de Santa Catarina como “escuela para sordos”, la coordinadora del Programa de Atención a la Discapacidad Lucía Vignau Ling, subraya que son una escuela para todos, con la diferencia de que a las personas especiales les facilitan lo necesario para que puedan avanzar en sus estudios a nivel superior.
“La persona con discapacidad llega y se inscribe como cualquier otra persona, la única diferencia es que se registra en este departamento por que nosotros tenemos expediente de esta persona por que de aquí se gestionan los apoyos que cada uno requiera como persona, nosotros trabajamos lo que se llama atención centrada en la persona.
“Nosotros no trabajamos con educación especial, no es educación especial, es simplemente la persona entra y nosotros nos encargamos de apoyarlo en lo que nos pida”, dijo.
Personas con discapacidad auditiva, motriz, visual o de trastornos de lenguaje, pueden inscribirse a cualquiera de las seis carreras a nivel Técnico Superior que la institución ofrece, mismas que son Mantenimiento Industrial, Mecánica Industrial, Electrónica y Automatización
Procesos de Producción, Comercialización, así como Tecnologías de la Información y la Comunicación.
La única diferencia es que mientras que los alumnos no especiales pueden concluir sus estudios en dos años, ellos tendrán que hacerlo en tres, ya que las horas que los primeros aprovechan cursando más materias, los estudiantes con alguna discapacidad las emplean con asesorías especializadas, clases de señas mexicanas, entre otras actividades, ya que advierte manejan una educación integral.
Esta institución educativa tiene 10 años de formar profesionales, y desde hace cinco abrieron sus puertas para las personas con discapacidad luego de que un grupo de 17 sordos se acercara a ellos con la inquietud de cursar la carrera en Información y Comunicación; incluso, las instalaciones del campus cuentan con accesibilidad total para quienes utilicen silla de ruedas puedan desplazarse con libertad.
A la fecha, explicó Vignau Ling, 77 personas se han beneficiado con este programa que no sólo los apoya proporcionándoles intérpretes o cualquier cosa que necesiten, sino que también los beca al 100 por ciento y dinero para el transporte, a fin de que no claudiquen en su meta de obtener un título.
Aunque comenzaron con el nivel técnico superior, gracias a un convenio con el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del estado de Nuevo León (Cecyte), también podrán ofrecer el bachillerato con estos mismos beneficios.
Actualmente cuentan con seis intérpretes de lengua a señas, mismos que acompañan al maestro en su clase para traducir a los alumnos discapacitados los contenidos, salvo en la clase de inglés en la cual sí es un grupo exclusivo de no oyentes, ya que mientras el resto practica la fonética, ellos aprender a leer y escribir en este idioma.
Su población estudiantil durante el actual período educativo es de 64 estudiantes con discapacidad, 42 de ellos es auditiva, mismos que asegura son los más discriminados por la sociedad.
“La discriminación en la discapacidad auditiva es más por que la personas piensan que al no poderse comunicar directamente, hay quienes piensan que no entienden, cosa en la que están muy equivocados”, enfatizó la líder de este grupo que también cuenta con un ciego de nacimiento, quien está a cargo del material Braille.
Al ser el único programa estudiantil en todo México que brinda esta accesibilidad a los educandos, no son pocos los que deciden dejar su ciudad natal para continuar sus estudios en este campus. Incluso cuentan con un estudiante originario de Honduras.
Otro claro ejemplo son José Miguel Guerrero, Alfonso Balderas y Eduardo Reyes, quienes ante las barreras escolares que les pusieron en el Distrito Federal, optaron por mudarse a la Sultana del Norte.
Todos cursan el segundo semestre de Tecnologías de la Información y Comunicación, carrera de la que se enteraron gracias al Internet, mientras que Alfonso y Eduardo se conocen desde que estaban en el jardín de niños, Miguel se les unió cuando cursaban la secundaria.
Juntos hicieron lo posible para seguir con sus estudios, a pesar de las dificultades que en su natal Distrito Federal se presentaban, haciendo “coperacha” pudieron culminar sus estudios en el Conalep de Ixtapalapa en México, costeandose entre los tres un traductor en el que invertían 800 pesos semanales. Por lo que al ver que este servicio lo ofrecía la Universidad Tecnológica de Santa Catarina sin costo alguno, no dudaron en mudarse a Nuevo León.
“Yo quería estudiar en la UNAM pero reprobé el examen dos veces y no había apoyo para mí; estuve buscando alguna modalidad abierta, fui y me acerqué a otra escuela para ver si tenían algún apoyo para las personas con discapacidad porque yo necesitaba un intérprete y me dijeron que eso no era posible porque la escuela no contaba con eso, yo me sentí discriminado”, señala José Miguel, con la ayuda de su intérprete Xóchitl Rodríguez Cardona.
Sin perder atención en la gesticulación y mucho menos en las señas, los tres estudiantes continúan comunicando con sus manos lo que sus labios quieren decir, aunque por momentos estos movimientos son acompañados de algún sonido. Mientras Xóchitl, su voz hacia el mundo del habla, no sólo se limita a repetir las palabras, sus gestos también son el reflejo de la alegría o disgusto de los alumnos.
Para quienes no padecemos una discapacidad como ésta, resultaría estresante poder vivir de esa forma; sin embargo, para ellos que desde su nacimiento conocen este mundo sin tener antecedentes en la familia, el contar con un intérprete es como tener la vida resuelta.
“Hubo un tiempo en que no tuvimos intérprete y nos tuvimos que esforzar demasiado para ponerle atención al maestro, leerle los labios, empezar a mejorar la comunicación con los compañeros y como ya nos conocíamos era más fácil la comunicación y si vimos la diferencia por que algunas cosas no las entendíamos y los amigos nos ayudaban a explicar, hubo un compañero que aprendió señas, pero ya cuando llegó el intérprete todo fue más fácil”, recuerda Eduardo Reyes.
Para ellos Monterrey es una de las ciudades en las que más apoyos y menos trabas han encontrado respecto a su discapacidad a diferencia del Distrito Federal. Por otra parte mientras que para muchos ante una discapacidad no hay nada más que hacer, ellos tienen aspiraciones como cualquier persona.
“El ver a otras personas que no tienen nada, que no hacen nada o que pierden el tiempo me hacen esforzarme y hacer el propósito de esforzarme más, no importa tal vez ahorita no tenga tanto dinero pero yo puedo trabajar para poder graduarme y tener un futuro mejor”, explica Eduardo Reyes.
Mientras tanto, Alfonso Balderas comenta que su madre trata de que se implemente un programa como el que tiene la UT en el D.F.; sin embargo, la principal negativa proviene de los sordos, ya que no se pueden hacer a la idea de que pueden estudiar y superarse.
Todos tienen el objetivo de terminar su carrera y trabajar, aunque la idea de seguir preparándose con una Ingeniería no les desagrada, el común denominador de ellos va más allá de salir adelante para su propio beneficio, sino también demostrar que una discapacidad no es un impedimento para lograr objetivos, y ellos quieren ser ejemplo.

UN DEPORTISTA COMO CUALQUIERA
Para Alberto Solís García el futbol es un pasatiempo como cualquier otro, ha logrado conseguir dos campeonatos junto con sus compañeros a nivel nacional, lo peculiar es que esto ha sido jugando para la selección estatal de personas con discapacidad auditiva.
Sin embargo, para este deportista no representa mayor empacho jugar en un torneo donde él sea el único con esta discapacidad, tal y como lo hace con sus compañeros de trabajo en los torneos internos.
“Para él es fácil, cuando el árbitro marca algo los muchachos le avisan, o él se da cuenta cuando en las jugadas no se mueve nadie es que algo paso, es cuestión de estar siempre checando si algo pasó”, dice el futbolista por medio de Julia García Guerra, su compañera de vida quien ha logrado ser su voz gracias al lenguaje de señas.
La esposa del delantero de la selección estatal, comenta que para ella no fue tan complicado aprender a comunicarse con su esposo, ya que gracias a un libro de señas pudo aprender de este mundo, mismo que incluso también están aprendiendo sus pequeños Karime y Brandon.
“Cuando nos conocimos yo no sabía que era sordo, cuando me dijeron, pues él me fue enseñando con un libro las señas, primero empezamos letra por letra y luego una palabra con una sola seña y ahorita ya sabemos.
“La maestra del niño cuando estaba en el kinder, que le tocaba a él ir a recogerlo decía: ‘hay me quedo muy asombrada con el niño de lo bien que se entiende con su papa”, señala Julia.
El también soldador de la empresa Whirpool, menciona que sus estudios apenas alcanzaron la primaria debido a la falta de recursos en su hogar, aunado al desconocimiento de sus padres con su discapacidad que también padece el mayor de sus hermanos, no fue sino hasta los 12 años que pudo aprender el lenguaje de señas gracias a una pareja de sordos que lo orientó.
Para ellos las barreras no existen, sólo falta que así como ellos pudieron eliminarlas, quienes los rodeamos también podamos hacerlo.

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