Ulises tiene 11 años y uno de sus entretenimientos favoritos son los video-juegos de su X-box 360, en el cual ya es un experto. Para el estudiante de sexto año de primaria, los juguetes tradicionales mexicanos son aburridos.
Al vecino del municipio de Apodaca, al igual que a sus amigos de la misma edad, lo que más les llama la atención de la moderna consola es la interminable acción que experimentan los participantes.
“Me gustan (los juguetes tradicionales) pero no me divierten tanto como el X-box. Preferiría quedarme a jugar videojuegos porque es más divertido, real y tiene mucha acción. Los que más me gustan son los de carreras de coches”, agregó Ulises Espinoza Sánchez.
Al igual que otras tradiciones, los juguetes típicos se van perdiendo a un ritmo tan acelerado como la modernización de aparatos y juegos electrónicos que entran al mercado provenientes de culturas extranjeras.
El Wii, el Play Station y el X-box 360 son las consolas de moda que ha dejado atrás las grandes historias de aventuras sobre un avión de madera para viajar por todo el mundo o el té que se servía junto a una muñeca de trapo.
Ni hablar de las suertes con el balero, de las acrobacias del yo-yo, los premios y castigos de la perinola, el destello polícromo de las canicas o el baile sin fin del trompo.
A pesar de conocer estos pasatiempos propios de la cultura mexicana, los integrantes de la generación de Ulises prefieren ocupar sus tardes libres compitiendo contra la computadora frente a las pantallas de televisión, aunque ello implique olvidarse de la convivencia con sus amigos.
“Tenía seis años cuando empecé a jugar Play Station Uno; mis hermanos tenían el Nintendo y ahora que tenemos el X-box es más real y casi siempre lo juego solo”, comentó Ulises mientras demostraba sus habilidades con el Nedd for Speed Carbono, una competencia de autos de carreras con un realismo impresionante.
YA NO ES NEGOCIO
Los juguetes típicos mexicanos se encuentran casi al borde del recuerdo y la nostalgia, pues la comercialización al por mayor de consolas atrae a chicos y grandes, quitándole mercado a los productores nacionales.
Martín Servín, fabricante de juguetes de madera del estado de Michoacán, visitó Monterrey junto a varios compañeros para vender sus productos.
La situación en Nuevo León y en la mayoría del país es complicada, aseguró el hombre de 40 años, pues las ventas han caído desde inicio de año por la entrada al mercado de juguetes modernos y la crisis económica.
“Esto (el juguete tradicional) es muy sano, desgraciadamente muchos niños ya no conocen los yoyos, baleros y trompos que representan el colorido de nuestro país. Ojalá los niños tengan la oportunidad de comprar uno algún día”, expresó Servín.
A pesar de todo, el pequeño empresario mantiene las ganas de seguir inculcando las tradiciones mexicanas y hacer su aportación a fortalecer la idiosincrasia nacional.
“Una de las intenciones de seguir fomentando estas tradiciones es para que los niños se retiren un momento de la computadora y se despejen. Esto les ayuda a estar más sanos para estudiar y aprender mejor. Por ejemplo, el balero les ayuda a tener equilibrio y concentración”, agregó el oferente michoacano.
Además, comentó el entrevistado, estos singulares objetos logran que los niños y niñas perciban la realidad y experimenten un mundo más interesante y basto.
“Estos juguetes representan recuerdos muy bonitos, porque en mi infancia usaba mucho el balero y el trompo, que muchas veces nosotros fabricábamos por que no teníamos el dinero para comprarlos”, recordó el hombre de gesto serio.
Aunque muchos de estos artículos no han sido fabricados con fines pedagógicos contienen variadas posibilidades de desarrollo creativo, como los que vende el entrevistado.
“Tenemos ajedrez, dominó, títeres, jenga y memorama. Pueden encontrar tablas de sumar y calculadoras de madera, con ellos además de aprender a contar se conocen los colores”, explicó Martín Servín.
Los juguetes son representaciones precisas de la idiosincrasia de una comunidad y en sus rasgos se distingue el ingenio, picardía y gran amor por los colores alegres de sus fabricantes.
“Mi papá nos enseñó a trabajar honradamente en esto, pues no tuvimos oportunidad de estudiar. Ahora, la tarea es enseñar a nuestros hijos a que valoren los juguetes tradicionales de nuestro país”, añadió el michoacano.
Al respecto, Napoleón Nevarez Pequeño, investigador y cronista del municipio de Hualahuises, comentó que creció rodeado de trompos, canicas, matatenas, baleros, tablas mágicas, coches de madera y muñecas de trapo.
“Cuando éramos niños elaborábamos trabajos manuales y juegos que tenían como objetivo fomentar el amor a la patria y desarrollaban en el niño una integración de grupo que se conserva hasta la edad adulta, en este momento tan necesaria”, dijo el también catedrático universitario.
Guadalupe y Hualahuises se consideran municipios importantes en la fabricación de artículos tradicionales como trompos, baleros y yoyos, elaborados a bases de madera.
“Estos juegos de destrezas ayudaban mucho a la convivencia familiar y social de nuestros compañeros en los centros de estudios. Yo considero que podemos rescatar estas tradiciones.
“En las fiestas de septiembre tienen un gran valor histórico, pues los decoran con colores patrios, muy vivos, que tienen como propósito influir en el pueblo mexicano. Lamentablemente el producto se envía al extranjero, donde se aprecia mejor”, comentó Nevarez Pequeño.
Asimismo, sugirió que los padres vigilen a sus hijos porque las nuevas tecnologías son buenas pero deben tenerse cuidado con los contenidos.
FOMENTAN LA VIOLENCIA
Edwin Rivera Aldape pasa horas junto al televisor con “Mega Man”, su videojuego favorito, y aunque lo disfruta, está consciente que fomenta la violencia.
“Los videojuegos provocan mucha maldad como matar gente, atropellarla, explotarla y volarle la cabeza”, dijo el niño de 10 años de edad.
La violencia en los niños es un problema que en últimos años ha ido en aumento, considera Ana María García de León, coordinadora de la Unidad de Servicios Psicológicos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
La investigadora explicó que los videojuegos también promueven una obsesión por la competencia y hacen que los menores quieran ganar a como dé lugar.
“Enseñarle al niño que lo importante es ser competente, no competitivo. Saber hacer las cosas. Si mi amiguito se ganó el primer lugar yo tengo que analizar cuáles son sus métodos de estudio y cuántas horas le dedica. Ser competentes, no competitivos”, dijo García de León.
El aspecto social es uno de los más afectados debido a la falta de interacción con los demás compañeros, incluso con la misma familia.
La psicóloga recomienda no estar más de dos horas diarias frente al monitor y mucho menos con las luces apagadas, así como motivar al niño a realizar actividades tales como brincar, saltar, correr o practicar algún deporte.
“El videojuego limita y los papás deben enseñar a sus hijos a tener creatividad con sus amigos, con actividades de mesa o concursos con juguetes sanos.
“Cuando un padre no sabe si es bueno darle algo a su hijo debe tomar en cuenta tres aspectos: lo que le quiere darle al niño, si ese algo está dentro de sus posibilidades económicas y lo más importante: si conviene dárselo”, añadió la entrevistada.
Así, estos juguetes impregnados de tradición, que ayudaron a conformar el universo imaginario de abuelos y padres, van poco a poco perdiendo la batalla contra la industrialización y la mercadotecnia.



