Vive Nuevo León ‘probadita’ de la fiesta mundialista

No, los partidos del 26 y 31 de marzo que tuvieron lugar en el Estadio Monterrey, no eran del Mundial, pero fue lo más cerca que estaremos hasta el mes de junio.
La ciudad de Monterrey no esperó para sentirse mundialista. Con el torneo internacional cada vez más cerca, el repechaje intercontinental fue más que una probada de lo que se vivirá en Nuevo León.
Banderas de Bolivia e Irak aparecieron en calles, hoteles y plazas; los acentos se mezclaron en restaurantes y en las afueras del estadio.
Oficialmente era el ensayo general de lo que vendrá meses después, pero para las más de 82 mil personas que asistieron al estadio, ya era el Mundial.
Esta repesca no solo trajo partidos; traía un anticipo. Monterrey, futura sede mundialista, vivió unas noches donde cada detalle —la logística, la afición, la convivencia— se puso a prueba.
Irak, Bolivia y Surinam le regalaron a la afición futbolera de Nuevo León una semana para recordar en las inmediaciones del Gigante de Acero que se vistió de gala para recibir los encuentros.
Las dos caras de la moneda se mostraron. La fiesta y algarabía de los iraquíes por regresar a la justa mundialista tras 40 años, pero dejando a una afición de Bolivia que llegó hasta las lágrimas luego de casi acariciar la gloria.
Una especia de mapamundi tuvo lugar en la ciudad pues los bolivianos e iraquíes no solo provenían de sus países de origen, si no de otras partes del mundo.
Desde diversas ciudades de Estados Unidos, Canadá e incluso del interior de la República Mexicana se emprendieron vuelos que aterrizaron en Monterrey cargados de ilusión de millones de volver a un Mundial.
Los bolivianos tomaron la ciudad con entusiasmo. Cantaron, marcharon, se reunieron. Una noche antes del primer partido, incluso le llevaron serenata a su selección, como si quisieran empujarla desde fuera del hotel hasta la cancha.
Del otro lado, los iraquíes comenzaban a llegar en menor número, pero con una carga emocional distinta. Su selección venía marcada por dificultades logísticas derivadas del conflicto en su región, que complicó su traslado a México.
El primer capítulo se escribió el 26 de marzo. Bolivia y Surinam abrieron la actividad en el Estadio Monterrey. La tribuna respondió con una buena entrada y un ambiente que mezclaba curiosidad local con pasión extranjera.
Pese a que Surinam pegó primero en el Coloso de Guadalupe, La Verde se sobrepuso a las adversidades y logró remontar el partido para ganar 2-1, poniéndose a un solo paso de la hazaña.
La ciudad respondió a ese triunfo. La presencia boliviana creció en las calles y el ambiente se intensificó gracias a que la Federación Boliviana de Futbol, en colaboración con una aerolínea, subsidiaron vuelos directos a Nuevo León para hacer más presencia.
En paralelo, los iraquíes comenzaron a hacerse notar. Sus celebraciones, su música y sus reuniones nocturnas contrastaban con la expectativa silenciosa previa.
Esto dejó de ser solo un torneo o un clasificatorio, se convirtió en un intercambio cultural y una fiesta futbolera.
El 31 de marzo llegó el desenlace. Bolivia volvió al mismo estadio, ahora para enfrentar a Irak por el último boleto disponible. La expectativa era mayor ante la cercanía.
El silbatazo final confirmó el 2-1. Irak se quedó con el boleto al Mundial, regresando a la máxima cita después de cuatro décadas. Bolivia, en cambio, se quedó a un paso, tras una semana en la que pasó de la esperanza a la eliminación.

NACIÓ LA AMISTAD

En el día previo al encuentro, Óscar y Ezra. Un boliviano y un iraquí que casualmente coincidieron hospedados en el mismo hotel del centro.
Casi 13 mil kilómetros de distancia entre ambos se recortaron y estrecharon en Monterrey, donde a raíz de la pasión que guiaba a ambos por su selección, se convirtieron en amigos rápidamente.
“Qué momento increíble. Nos encontramos en el mismo hotel, me dice ’tú vienes para Bolivia’ y yo le digo ‘tú vienes para Irak’ y nos hicimos amigos. Es increíble lo que se está viviendo aquí”, dijo el sudamericano.
“Eso es lo importante del futbol. No solo jugar, es reunir gente de todo el mundo y aunque somos de países distintos, estamos compartiendo el momento, por eso se reúne la gente, se comparte. En el partido somos rivales, pero en el partido es la guerra”, agregó el asiático.
Una muestra de que las fronteras se pueden romper en cualquier momento, pues no importó que ambos hablaran distintos idiomas, pues encontrar la forma de comunicarse en inglés y surgió una amistad que parece será eterna.

CELEBRARON HASTA TARDE

Además de los festejos en el estadio y a las afueras del mismo, los asiáticos tomaron un par de puntos en el área metropolitana.
Primero el hotel de concentración del combinado iraquí ubicado en los limites de Monterrey con San Pedro Garza García, donde al menos hasta las 3:00 horas de este miércoles, aún había aficionados orientales con música y banderas.
El autobús del equipo arribó alrededor de de la 1:40, sin embargo, no salieron del hotel para saludar a sus compatriotas que festejaban el pase al Mundial.
Otro punto, como es costumbre en esta ciudad, fue la Macroplaza, donde otro grupo de iraquíes tomó las calles del corazón de la metrópoli para festejar que la selección rompió cuatro décadas sin Mundial.
Todo fue custodiado y salvaguardado por elementos de la Guardia Nacional, Fuerza Civil, Policía de Monterrey y Protección Civil municipal, quienes estuvieron resguardando a seguridad y no se reportaron incidentes.

SE INCLINARON POR IRAK

Por alguna razón, una gran parte de la afición de Monterrey se inclinó a apoyar al combinado iraquí.
Dentro del estadio se escucharon los “¡olé!” en contra de los bolivianos cuando Irak paseaba del balón.
Incluso muchos adoptaron la nacionalidad por unas horas. Turbantes, banderas y la túnica representativa de aquel país llamada ‘dishdasha’ para darle color a uno de por sí ya coloridos encuentros.
No pasó desapercibido un aficionado el cual vestía una ‘dishdasha’ y al preguntarle en inglés acerca de la ciudad, respondió “soy de Apodaca”.
Al terminar el encuentro, cientos de personas salieron del inmueble festejando junto a los compañeros de Medio Oriente, quienes, obviamente estaban mas que extasiados por lo que acababan de vivir.
Aunque en un principio mucha gente no volteó a ver e incluso minimizó estos encuentros que le correspondieron a Monterrey, al final todos buscaban un boleto por cualquier parte.
No es casualidad entonces que en el primer partido asistieron 33 mil personas y para el segundo casi 50 mil, casi la máxima capacidad del inmueble.
Los boletos se volvieron más cotizados que para un Clásico Regio, pues ante la poca fe, no se animaron a comprarlos por 300 pesos en el sitio de la FIFA unas semanas atrás.
En cuanto a seguridad y logística se pudo pasar o no la prueba, pero sin duda fue más que una probada de lo que viviremos a partir del 14 de junio que comience la fiesta mundialista en Monterrey.

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