Ellas son las que dejan sus labores a medias con tal de traer a sus retoños a cumplir en el diamante; son las que han preferido olvidarse de una blusa nueva para completar el guante de sus pequeños; son el ejército que ocupa las gradas “armadas” con porras y cánticos para animar a sus hijos en todo momento.
Por eso, no es raro que de pronto se les nublen sus ojos al preguntarles qué sienten al ver que sus hijos hayan llegado hasta un torneo Nacional.
Una de sus metas está por alcanzarse, al ver que el esfuerzo de sus pequeños y el suyo propio está rindiendo frutos al lograr las Ligas Unidad Modelo y “Mala” Torres el pase al Nacional, que es la antesala de la Serie Mundial de Williamsport.
BEISBOL X TRES
Para Elsa Guadalupe Cardona Torres el beisbol no existía en su vida hasta que el gusto de su marido por este deporte la hizo involucrarse cada vez más; posteriormente se convertiría en la pasión de la familia completa y en el desahogo ideal para que el mayor de sus varones pudiera recuperar la confianza tras el nacimiento de sus hermanitos.
“Yo batallaba mucho con el grande por que era muy distraído, chipilón por los otros niños, muy pegado a mí y ya que entró aquí empezó a tener más confianza en él, a trabajar más en grupo, le ayudó mucho”, explica la mamá de Isaí, primera base y jardinero de la Liga Pequeña “Mala” Torres ubicada en el municipio de Guadalupe.
Pronto este deporte envolvió a la familia, por lo que los más pequeños, Axel y Diego, no dudaron en aspirar a vestir la misma franela que su hermano. Hoy la madre de familia se tiene que partir en tres, y es que admite que ésta ha sido la temporada más difícil al coincidir muchos de los encuentros de sus retoños.
“Axel, de 8 años, está en categoría moyote también seleccionado; luego Diego, de 7, en premoyote; yo soy comerciante y pues a veces he tenido que dejar el trabajo para atenderlos, lo cierro o a veces se queda mi hija de 16 años para poder atenderlos a ellos.
“Siempre quieren que esté yo, se pelean porque vaya la mamá, pero pues ahorita que están los tres, a veces no se puede y nos turnamos hasta con mis hermanas para poder acompañarlos a los tres en su partido”, dice entre risas.
Con cuatro hijos en casa -la mayor practica softbol en la preparatoria-, el estirar el gasto es primordial. Los uniformes de 600 pesos, los pagos de 420 por semana por los tres niños, son las inversiones que ya están en la lista de esta familia; aunque a pesar de esto, subraya Elsa, la satisfacción no tiene precio.
APOYO TOTAL
En casa de los Rodríguez Quijano son beisboleros de corazón, es por ello que apenas y el pequeño Héctor Daniel completó la edad para inscribirse en la categoría chupones o pre moyote, su familia no dudó en traerlo al campo de entrenamiento, explica doña Jovita Quijano de Rodríguez
“En mi casa somos beisboleros, el mayor de mis hijos también jugó beisbol y con el nada más esperábamos a que tuviera la edad, porque pues veía al grande y cuando veía la televisión él se tiraba sólo, y cuando estaba pequeño él mismo diseñó una careta con una pieza de un triciclo”, señala la madre del pelotero también conocido como “Rayo” en los campos de la “Mala” Torres.
Madre de dos mujeres y dos hombres, siendo Héctor el menor de todos, explica que en la familia siempre hubo el apoyo necesario para que el pequeño jugador no faltara a sus entrenamientos, por lo cual a veces los hermanos o su padre se turnaban para cumplir.
La menuda mujer reconoce que por momentos el factor económico complica el objetivo; sin embargo subraya que “mientras a él le guste este deporte, aquí estoy yo”, por lo tanto no duda en organizarse con otras madres de familia para con rifas y patrocinios, sacar adelante la pasión de los pequeños.
“EN MI CASA SE COME BEISBOL”
En la casa de Carlos, jugador de la Liga Pequeña Unidad Modelo no se habla nada más que de beisbol, confirma su madre Elizabeth García Banda, quien con tres hijos y un marido inmerso en este deporte, asegura que este es el tema de conversación recurrente en su mesa.
“Mi esposo juega beisbol y tiene un equipo, pero ya tiene muchos años jugando beisbol del que conocemos como llanero, el más grande ahorita sigue jugando, Carlitos entró a la liga a los 2 años 8 meses, y el chico desde los 5 años, por eso en mi casa se come y se cena beisbol”, señala.
Y no es para menos, si dedicada por completo a este deporte su día transcurre entre el campo de beisbol y su casa, ya que con dos pequeños practicándolo no queda tiempo de más.
“Tengo dos meses que no veo a mi hermana, y pues a ellas las veo diario, ahorita vengo a las 12 del mediodía, luego regreso a hacer el aseo y vuelvo a las cuatro de la tarde a traer al otro y ahorita viene a las cinco y mi hijo juega a las ocho de la noche, entonces el quehacer de la casa es lo que se alcanzó a hacer hasta el entrenamiento, pero lo primero es el juego y el entrenamiento”, sentenció.
Muestra de ello es que no escatima en esfuerzos a la hora de ver cristalizado algún anhelo besibolero, mismos que los han llevado a adquirir deudas con tal de cumplir en el diamante.
“La vez que se fueron con pee wee iba a nacer mi hijo el más chico y yo no tenía para nada, y pues mis suegro nos prestó 8 mil pesos hace ocho años por llegar a un Latinoamericano.
“Nosotros no sabemos de alguna cosa para la casa, pero de un guante de mil y pico o un bat de eso sí, dejas muchas cosas porque la prioridad es esto, usted llega a mi sala y lo primero que van a ver son los trofeos, las fotos y todo, porque como para otra gente son los diplomas, para nosotros es el beisbol”, confiesa entre risas.
EQUIPO FAMILIAR
En la casa paterna de los Fernández Hernández son beisboleros de corazón, al grado de que tienen organizado su propio equipo familiar con el que compiten en el deportivo “Las Fuentes”, al igual que en otros diamantes. Rosa María Hernández admite que este deporte no estaba siquiera en su lista, aunque después de llegar al altar todo cambió.
“De primero no me gustaba, pero desde que me casé me gustó, es que más bien no le entendía y pues si no puedes con el enemigo únetele, y pues ahora ahí traigo a todos mis enemigos”, señala entre risas.
Tres retoños varones son parte de su familia, quienes son sus pequeños “enemigos” a quienes no deja ni a sol ni a sombra, sin importar que ha sacrificado todo su tiempo con tal de ver a sus hijos felices en el campo de la Liga Pequeña Unidad Modelo.
“Cuando tienes dos hijos o más en el deporte si es muy difícil por que tienes que atender la casa, la escuela y pues llevar a uno, al otro y darles la misma importancia a los dos, repartirse en los juegos cuando se empalman por que los niños demandan más que nada a la mamá por que es la que echa las porras y el papá se queda callado”, dice la orgullosa madre de José Alberto, César Adrián y Ángel Andrés, dos de los cuales ya se enfundan en su franela.
Rosa admite que el deporte es muy absorvente, y no sólo la priva de lo material, sino también el tiempo, ya que en ocasiones mientras uno tiene entrenamiento a las cuatro de la tarde, el otro comienza a las seis, quedándose también todo su día en el campo. Aunque reconoce que la recompensa es ver a sus hijos felices y diciplinados.
“Ayer me preguntaba mi mamá que si vale la pena hacer estas cosas y sí vale la pena, igual que como vale la pena hacerle los quinceaños a una señorita, esto también vale la pena”, sentenció con una firme sonrisa.
Liga Epitacio “Mala” Torres
Manager :: Héctor Arrieta Yáñez
Números :: 16 ganados/ 2 perdidos
(se fueron invictos en la segunda fase)
Liga Unidad Modelo
Manager :: Óscar Cantú
Números :: 20 jugados / 18 ganados/ 2 perdidos
(la eliminatoria de los cuartos de final la pasaron invictos)
** Ambos equipos, con la mayor parte de los jugadores actuales, compitieron en el Nacional de la categoría Pee Wee celebrado hace 8 años en Nuevo Laredo.
En aquella ocasión Mala Torres se quedó eliminado en la primera ronda –aunque iba como favorito-, mientras que Unidad Modelo llegó hasta semifinal peridiendo la oportunidad de irse al Latino, que en aquella ocasión se llevó a cabo en Venezuela.







