Hasta antes de la final del 13 de junio en Nueva Jersey, la primera edición del Mundial de Clubes de la FIFA 2025 ha sido un éxito, no solo por los dos millones de espectadores que asistieron a los estadios y la audiencia televisiva, sino por el nivel de fútbol demostrado por los equipos favoritos a partir de los octavos de final.
Hubo escuadras como el París Saint-Germain —actual campeón de la Champions, que se dio el lujo de perder 1-0 ante el Botafogo en la fase de grupos—, o como el Real Madrid, que empezó a medio gas el Mundial empatando 1-1 con el Al-Hilal, equipo que sorprendió al eliminar al Inter de Milán.
En las semifinales se medirán Fluminense vs. Chelsea y París Saint-Germain vs. Real Madrid, y dos de ellos llegarán a la final del domingo 13 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, donde Hora Cero Deportes culminará una gran cobertura con enviados especiales.
Y si hay una pregunta que se hará Gianni Infantino, presidente de la FIFA, después de entregar la copa al capitán del equipo campeón y cerrar con números positivos, será: ¿Valdrá la pena repetir el gran negocio del Mundial de Clubes y hacerlo cada dos años, en lugar de esperar cuatro?
Por lo pronto, Estados Unidos fue el anfitrión que se esperaba, a un año del Mundial de Fútbol. Un evento que tuvo como “aliado” a Donald Trump, quien redujo la intensidad de las redadas del ICE contra las personas que no han regularizado su estancia en ese país.
RAYADOS Y EL “YA MERITO”
Cierto, a ningún equipo le gusta perder, ni en un amistoso, aunque sea de pretemporada. Pero lo sucedido en Atlanta el martes 1 de julio dejó un sabor amargo para los Rayados y sus seguidores, por la manera en que quedaron eliminados del Mundial de Clubes 2025.
Cuando parecía que sería una goleada como la del Inter Miami ante el París Saint-Germain, el Monterrey se levantó del marcador adverso (2-0 en el primer tiempo) para poner contra las cuerdas a los alemanes del Borussia Dortmund en el segundo tiempo.
Un gol tempranero de Germán Berterame abrió la caja de los sueños para los Rayados, y algo que nadie imaginó dentro del estadio de Atlanta ni frente a las pantallas: que un equipo de la modesta Concacaf pudiera eliminar en octavos de final al subcampeón de la Champions 2024.
Con un “Tecatito” Corona irreconocible en la cancha, que volvió loca a la defensa alemana, la posibilidad de enfrentar al Real Madrid en cuartos de final era real, y con ello, hacer historia en el primer Mundial de Clubes de la FIFA con 32 equipos.
Pero se interpuso el árbitro argentino Facundo Tello, quien no marcó un claro penalti contra el “Tecatito”, empujado por la espalda dentro del área, lo que lo desequilibró antes de disparar al arco. De haber cobrado, el marcador habría sido 2-2.
Los asistentes del VAR tampoco lo llamaron para revisar la jugada —¿raro o con dolo, no?—, porque de haberlo hecho, habrían señalado la pena máxima y abierto las esperanzas para los Rayados.
¿Pero quién eligió a un árbitro argentino para este partido? ¿Acaso el directivo de la FIFA que tomó esa decisión no sabía del histórico pique entre los clubes mexicanos y argentinos, desde aquel arbitraje polémico de 2015, cuando Tigres perdió la Copa Libertadores ante River Plate?
Lo hecho, hecho está. Y el cuerpo técnico, directivos y plantel del Monterrey volvieron con la frente en alto, tal como lo hizo Tigres cuando la Conmebol les arrebató la copa, simplemente porque el orgullo argentino no permitiría que un equipo mexicano fuera campeón.
Días antes del Mundial de Clubes, conocí ese capítulo negro del fútbol que afectó a Tigres, por eso no entiendo cómo hay aficionados felinos que celebraron la eliminación de Rayados, cuando fue el Monterrey, con su empate ante River Plate, quien, de cierta manera, saldó esa deuda del 2015.
Cierto, el fútbol es pasión, más aún cuando hay rivalidad entre dos clubes locales. Pero también tiene momentos de unión, como los que viví en Pasadena, California, en dos partidos de Rayados a los que asistí, donde aficionados de Toluca, Pumas, Xolos, Necaxa, América y San Luis apoyaron al equipo mexicano, a once jugadores vistiendo los colores azul y blanco del Monterrey.
Así debe ser el fútbol: sin odios, sin locos en las gradas, y sobre todo, sin decisiones sospechosas dentro de la FIFA, como designar a un árbitro argentino para sacar al Monterrey del torneo y favorecer al Borussia Dortmund.
En otro espacio, compartiré mi experiencia —junto a mi esposa y mis dos hijos— en las gradas del Hard Rock Stadium de Miami, viendo al Real Madrid contra la Juventus, y disfrutando del juego de Mbappé, Valverde, Vinícius, Rüdiger y Modrić… ¡Por favor, despiértenme!
x: @hhjimenez







