La primera lección que ha de recibir un aspirante a periodista profesional es que los medios masivos tradicionales tienen dueños. Pero esa lección debe repetírsele a lo largo de la carrera, y más si es en las aulas universitarias, a fin de estar preparado a un despido repentino y para que no sufra una fea decepción a la hora de practicar la libertad de prensa y de expresión, porque una cosa es el deber ser que se enseña en la escuela y otra muy distinta es el ser a la hora de retratar profesionalmente la propia verdad y juicios de valor sobre los hechos públicos.
Muchos maestros en las instituciones que enseñan el periodismo ponen énfasis en que los medios se mueven de acuerdo con sus intereses, pero hay otros docentes que ocultan esa contundente realidad y dejan que la ingenuidad de los jóvenes idealistas se estrelle en una sala de redacción o con el productor en la TV, sin reconocer que sus jefes obedecen a otros jefes.
¿O a poco creen que los que dan la cara en los principales programas de noticias en las televisoras son los que mandan? Nada de eso: son empleados porque las empresas los emplean y les pagan muy buen sueldo además de hacerlos famosos. Pero se deben a las políticas internas de su sitio de trabajo y, por tanto, han de obedecer disciplinadamente las órdenes y mandatos de sus jefes y éstos de los dueños de esos sitios laborales. El que paga manda.
Por eso siempre recomiendo a mis alumnos que tengan a la mano los diez factores de valoración de la noticia, llamados también “ingredientes noticiosos” o “criterios de noticiabilidad” para no olvidar jamás el que se refiere a la ideología e intereses de los medios masivos que convierten en noticia lo que se apega a sus conveniencias aunque no sea noticia per se, o, por el contrario, manipulan u ocultan las verdaderas noticias y le niegan el valor de noticia a los hechos que afectan a esos mismos medios masivos o a quienes ellos protegen por contar éstos con poder político y/o económico.
El que paga manda. Y si se equivoca sigue mandando. Así es que el periodismo libre y honesto tiene una amplia avenida en la sociedad, siempre y cuando no pise “callos” de los poderosos conectados con los dueños de los medios masivos o siempre y cuando no toque temas que reciban el veto de los que pagan sueldos o publicidad y propaganda. Ese mismo periodismo también es objeto de un freno intempestivo en sus investigaciones reporteriles ante los señalamientos de los propietarios de los medios y ante la amenaza y peligros de los criminales o caciques políticos (que a veces son los mismos).
Son raros los medios tradicionales que se arriesgan a desobedecer a los poderosos cuando éstos piden a los dueños seguir determinada consigna o línea informativa. Y son más raros los medios tradicionales que no se coluden con los políticos que con su propaganda a raudales pagan el silencio obligado tanto en críticas incómodas hacia ellos como informaciones que les echen a perder su imagen y, más todavía, las que comprometen su honestidad y podrían llevarlos a la cárcel.
DEMANDAS CONTRA
CARMEN ARISTÉGUI
Así es que no hay que extrañarse que Joaquín Vargas, el dueño del grupo MVS Comunicaciones, haya interpuesto dos demandas mercantiles y una por daño moral contra la periodista Carmen Aristégui debido a las “falsedades” que escribió en el prólogo de un libro y no por la “extraordinaria investigación”, subraya él mismo, sobre la llamada “Casa Blanca”, de 7 millones de dólares de Angélica Rivera, esposa del Presidente Enrique Peña Nieto, quien el 17 de junio pidió perdón por el escándalo que desató esta mansión de lujo.
La casa editorial Random House también está siendo obligada a que en las próximas ediciones del texto no aparezca el “prólogo injurioso”, exige Joaquín Vargas, ya que, según el poderoso empresario, Artistégui le imputa en él “falsedades y diversos calificativos” y “alimenta con mentiras su fantasiosa tesis” que ella ha hecho circular sobre las razones de su salida de MVS en marzo de 2015, por lo cual la invita a probar sus afirmaciones o a retractarse públicamente.
La demandada ha calificado como una acción de censura y un “escalamiento” del acoso judicial contra ella y su equipo por el trabajo reporteril sobre la “Casa Blanca” dado a conocer en noviembre de 2014. Y quienes están de su lado también acusan un intento de coartarle la libertad de prensa y de expresión, e intuyen, igual que doña Carmen, que atrás de tal decisión está el gobierno federal, a pesar de que Joaquín Vargas alega que se trató de un claro “abuso de confianza” al comprometer a la empresa en alianzas con terceros sin consultarlo con él, como dueño de MVS Comunicaciones, por lo que se vio en la necesidad de despedir a los dos periodistas del equipo de Aristégui por haber utilizado la marca del grupo para sumarse a Méxicoleaks, una herramienta con la que ciudadanos pueden filtrar a la prensa documentos secretos, y luego ella trató de reinstalarlos y al no conseguirlo también dejó su trabajo.
Lo dicho: los medios comerciales tienen dueños. Y los hermanos Vargas, Joaquín, Ernesto y Alejandro, a quienes Carmen Aristégui “estimó mucho y sinceramente desde hace años”, puntualiza la periodista, están para ver primero por sus intereses. Por tanto no hay que confundir lealtad y fidelidad a una empresa con ingenuidad. El trabajo exige entrega y capacidad para hacerlo lo mejor posible, pero sin desvincularse de la familia, que es lo primero en la vida, pues de repente los jefes toman la decisión del despido o del sometimiento a sus reglas, a veces a costa de la ética.
No importan los años en una organización ni importa la trayectoria limpia y honesta. Cuando los que mandan deciden echar a la calle a quien le dé la gana, no se tocan el corazón. Así es que, por favor, periodistas, no nos ufanemos tanto de la fama y glamour que dan los medios, porque éstos tienen dueños, y la gloria no siempre dura toda la vida.








