Desde julio de 2006 los seguidores de Andrés Manuel López Obrador han sostenido que él es el Presidente legítimo de México. Es el mismo lapso en que los de Felipe Calderón han afirmado que él es el Presidente legal.
Dos años después de las elecciones presidenciales más cuestionadas desde las de Carlos Salinas en 1988, aparece un libro cuya principal valía es su rigor en la investigación, que demuestra que las irregularidades cometidas en ese proceso electoral nos impiden saber quién ganó realmente la Presidencia de México en 2006.
Sabemos que la parte del país que votó en 2006 se dividió en dos grandes mitades y la diferencia “oficial” entre López Obrador y Calderón fue de poco menos de medio punto. En una democracia se puede ganar incluso con menos del “menos de medio punto”. Este es el tema.
México no es una democracia y durante las elecciones hubo demasiadas irregularidades -muchas confesadas orgullosamente por sus autores- que dejaron abundantes dudas sobre el verdadero ganador, y que ahora se acrecientan con la aparición del libro 2006: hablan las actas, del investigador José Antonio Crespo.
Autor de varios libros sobre política e investigador del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C.) no toma una postura política para favorecer a ninguno de los dos contendientes.
Por el contrario, decide ubicarse en una posición al centro del conflicto, desde el que parte para ofrecer a los lectores una detallada investigación con la que prueba que hubo tantas irregularidades durante el proceso electoral, que nunca sabremos si ganó López Obrador o Calderón.
Durante su investigación Crespo se da a la tarea de revisar las actas de escrutinio de la mitad de los 300 distritos electorales; es decir, revisó actas en 150 distritos y así comprueba la tarea que la autoridad se negó a hacer. Descubre inconsistencias aritméticas en un 63 por ciento.
Como se recordará, en medio de la disputa post electoral entre los dos bandos, López Obrador exigía que se abrieran los paquetes y se contara “voto por voto” y “casilla por casilla”. Algunos seguidores de Calderón llegaron a sugerir que Felipe se sumara a esta sugerencia, porque si estaba convencido de su triunfo, le demostraría a Andrés Manuel y a la mitad que votó por él, que estaban equivocados.
Pero Calderón guardó un conveniente silencio, lo que aumentó las dudas entre los que no estaban convencidos de la limpieza de las elecciones.
Fueron los días aciagos en que, desde el Instituto Federal Electoral (IFE), se golpeó a una joven democracia mexicana que intentaba dar sus primeros pasos.
Integrado por consejeros a modo del partido en el poder, y cuya cabeza, Luis Carlos Ugalde, respondía a las órdenes de su jefa Elba Esther Gordillo, el IFE se negó a revisar un porcentaje representativo de las actas de escrutinio y se limitó a contar el 1.7% de los paquetes electorales.
No se avanzó nada en averiguar la verdad electoral, cuando el Tribunal Electoral abrió casi el 12%. Las “revisiones” de ambas instituciones que deberían darle solidez a la democracia mexicana, le dieron un golpe mortal que luego se les revirtió.
Crespo afirma, con las pruebas de su investigación en la mano, que las inconsistencias aritméticas alcanzan 633 mil votos, por lo que el argumento de las verdaderas democracias -no es el caso mexicano- de que se gana así sea por un voto, se cae.
Su investigación revela que no hay forma de probar qué pasó en la elección, porque inconsistencias aritméticas en 633 mil votos hablan de un proceso amañado. Es decir, las cifras encontradas por Crespo invalidan la diferencia oficial emitida por el IFE con la que se supone que Calderón le ganó a López Obrador.
José Antonio Crespo no dice que haya ganado López Obrador, pero tampoco dice que haya ganado Felipe Calderón. Lo que sí dice es que los mexicanos no podemos saber quién ganó, porque las autoridades electorales decidieron no volver a contar los votos y tampoco se quisieron anular la elección. No sólo eso.
Crespo demuestra que las inconsistencias triplican la diferencia entre López Obrador y Calderón sobre las cifras oficiales. Como se recordará Calderón obtuvo, según las cifras oficiales, 14 millones 919 mil 204 votos y López Obrador 14 millones 679 mil 453 votos.
Es decir, Calderón le ganó por 239 mil 751 votos. Pero Crespo descubre que hay irregularidades en 633 mil votos, exactamente tres veces más que la diferencia oficial entre los dos.
Con el trabajo de investigación de Crespo se entiende por qué la autoridad electoral, que obedecía a Elba Esther Gordillo -quien estaba aliada con Vicente Fox-, se negó a revisar las actas de escrutinio.
La consigna era no volver a contar los votos. La pregunta que vuelve a surgir dos años después de la elección es ¿por qué? Sabían que al volverse a contar las actas el resultado no sería el que esperaban Calderón y Fox.
La investigación que ofrece Crespo en su libro trae a la memoria las cínicas declaraciones de Vicente Fox reconociendo que se metió a la elección para ayudar a su candidato, con lo cual admitía que las elecciones de Estado nunca se fueron, sólo que ahora favorecieron al PAN y no al PRI.
Nuevas declaraciones recientemente reveladas aportan otros datos. Las del ex dirigente Manuel Espino, en entrevista con Georgina Morett del periódico Milenio. Admite que ante el desfonde que enfrentaba la campaña de Felipe Calderón hizo algunas “travesuras”.
Buscó alianzas para la campaña del PAN con los 17 gobernadores del PRI. Le respondieron 10, le cumplieron 6.
Minimiza los beneficios de la alianza con Gordillo, a la que considera se le pagó caro el apoyo y reconoce la “ayuda” recibida de 6 gobernadores del PRI.
También reconoce la alianza con los empresarios del Consejo Coordi-nador Empresarial y la campaña negra contra López Obrador.
Dice Espino que los empresarios los buscaron a ellos porque “podían amarrar un compromiso con el candidato, la campaña, y si se gana hay que cobrarle al que ganó”.
Regresando al libro 2006: hablan las actas, su autor nos deja una dolorosa certeza: En las elecciones de 2006 hubo un fraude electoral.
Hay por lo menos 633 mil votos con inconsistencias aritméticas. La negativa de las autoridades electorales a volver a contar los votos porque se subordinaron al ex presidente Vicente Fox, nos impide saber quién ganó las elecciones.
Las instituciones que debieron preservar que el proceso fuera democrático, fallaron. Si ni siquiera sabemos quién ganó la Presidencia , los mexicanos tenemos derecho a preguntarse ¿Cómo es que está en sentado en la silla presidencial un hombre que no puede demostrar que ganó?
Lo que nos regresa al principio, ahora con pruebas irrefutables: Felipe Calderón es el presidente legal, pero carece de legitimidad para ostentar el cargo de Presidente porque no tiene modo de probar que lo es.
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