“El Estado y una buena parte de este esqueleto moral está podrido, necesitamos una refundación nacional. Vamos a ver partidos llegar, nuevas caras y el infierno seguirá porque es un asunto de estructura política, de corrupción de clase política. No importa quién llegue al poder, con esto no vamos a caminar más que al ahondamiento del infierno, sean azules, rojos, amarillos o independientes, mientras no entendamos que es un asunto de la estructura del Estado y la corrupción de la partidocracia, difícilmente vamos a poder salir”…
Estas palabras fueron pronunciadas por Javier Sicilia luego de la jornada electoral del 5 de junio que llevó a siete panistas a obtener el triunfo en otras tantas gubernaturas.
Sicilia, el activista social, poeta, periodista y escritor quien se lanzara a las calles luego de la desaparición de su hijo Juan Francisco, sabe de qué habla.
Y tiene razón.
Hace muchos años, el gobierno tenía dueño. No había más que priistas.
Los emanados del partido tricolor regenteaban la República y las entidades federadas a su libre albedrío, sin control alguno.
Luego, vendría aquella respuesta de oposición que fue el PAN, luego la Izquierda, a través de aquel Partido Comunista Mexicano que encabezaban Valentín Campa y Heberto Castillo; luego nacería el PRD con Cuauhtémoc Cárdenas como líder moral.
Cuando la Oposición lo era realmente.
Luego, como contrapeso a ello, el PRI ideó una serie de franquicias y sucursales disfrazadas de partidos políticos como el PT, el PPS, el PSUM y el Partido Verde y ya de ahí aquello degeneró en una orgía de empresas particulares disfrazadas de partidos al servicio del gobierno.
Usaban (y usan todavía) el presupuesto federal para fingir como partidos y no son más que mercenarios, pistoleros a sueldo del gobierno en turno para inclinar la balanza a donde haya que inclinarla, lamer las botas que haya que lamer y cobrar por ello.
Tiene razón Javier…
El Estado está podrido.
Lejanos quedaron ya los tiempos cuando existían líderes opositores reales como Heberto, Cuauhtémoc, Pablo Emilio, Conchello o Clouthier.
Todo comenzó a prostituirse con lo de las “concertacesiones”.
“Yo cedo aquí y tú allá; tú ganas y yo gano, todos ganamos”.
Lejos de tirar bengalas, cohetones, sacar el confeti, los pitos y serpentinas y traer el mariachi para festejar, los mexicanos tendrían que analizar realmente qué ganó el país y los estados que eligieron a panistas para gobernarlos.
En algunos estados como Veracruz y Tamaulipas fue más notorio el problema.
Sobre los candidatos ganadores Miguel Ángel Yunes Linares y Francisco García Cabeza de Vaca pesan sólidas acusaciones por diversas causas, aunque coinciden en el enriquecimiento ilícito, corrupción y nexos con el crimen organizado.
Uno de ellos, el de Tamaulipas, no bastó que se le señalara como dueño de una propiedad valuada en unos 100 millones de pesos para siquiera poner en tela de duda su candidatura.
El Instituto Nacional Electoral ni pestañeó ante el señalamiento.
Y bueno, es de entenderse, si una semana antes de las votaciones hallaron un cargamento de despensas destinado a los simpatizantes de Cabeza de Vaca. Despensas de un programa oficial contra la Pobreza, de la Sedesol, del gobierno federal.
¿Cómo actuaría la autoridad electoral, es decir el gobierno, contra una figura cuestionada, por usar despensas patrocinadas por un programa de gobierno?
No se vale al mismo…
Por eso cuando señalan a un político de tener una residencia de 100 millones de pesos o departamentos de 45 millones de pesos debidamente documentadas las denuncias y el INE se queda quietecito… entiendes todo.
¿Cómo les crees que si denuncias a la Fepade a la jefa de manzana que viene a ofrecerte mil 500 pesos por tu credencial de elector, la puedes denunciar y alguien la castigará?
El chiste se cuenta solo.
El candidato de Veracruz, acusado de pederastia y de compartir gustos por niños y niñas con los empresarios Kamel Nacif y Jean Saccar Kuri (este último, preso por esa causa) y el ex gobernador poblano Mario Marín.
El hartazgo de los votantes contra pésimos gobernantes como Rodrigo Medina en Nuevo León, Javier Duarte en Veracruz o César Duarte en Chihuahua habría llevado a la gente a votar por cualquiera, menos otro priista.
En Nuevo León, hace un año se dio la campanada cuando Jaime Rodríguez Calderón llego al poder por la vía independiente y lanzó a la calle todo aquello con aroma tricolor.
Y aunque se lanzaron otros independientes, no tuvieron ni la personalidad, diseño de imagen, ni el discurso o el manejo de redes sociales que al “Bronco” le redituaron más de un millón de votos en las urnas.
En Veracruz, el candidato de Morena, Cuitláhuac García, pidió la revisión de la elección y el organismo electoral contó de nuevo, o por los menos eso hacía días atrás, luego de que detectaron casi 90 mil votos nulos lo que podrían hacer que el triunfo de Yunes Linares se fuera por la borda.
Y puede ser que Morena accediera al poder en esa entidad, el punto, volviendo a la afirmación de Sicilia, no es quién llega, ni la forma, el tema es que en algunos casos ni siquiera son personas confiables y sólo cambiarán las siglas del cártel en turno que gobierna esa plaza.
“Hay que entender que es una acumulación. Los muertos, los desaparecidos, los crímenes de lesa humanidad, no es un asunto de administración, es un asunto de Estado… no hay solución, no hay respuesta de justicia, no hay ruta de paz. Así que, quien llegue al poder, carga con los muertos, carga con la exigencia de justicia del pasado”, dijo Sicilia.
Y tiene razón.
Lamentablemente, Javier tiene razón…







