Leí recientemente en redes un texto muy interesante, de un articulista que se firma como El Míster Pérez, sobre las lesiones que afectan al mundo del deporte y que, según sus datos, cuesta al año unos 2 mil millones de dólares a los clubes.
En el escrito muy bien documentado, el autor, que puede ser localizado en su cuenta de twitter @ElMister_mx, menciona que hay un esfuerzo mundial de los científicos especializados en deportes en crear un algoritmo que pueda anticipar las lastimaduras de los atletas de alto rendimiento, pues cuando se queda reposando por alguna torcedura, se convierte en pasivos que hacen perder mucho dinero a las empresas dedicadas a los espectáculos deportivos.
Los directivos estiman que en ocasiones, las lastimaduras de los futbolistas pueden hacer que una sola organización pierda hasta 30 millones de euros en una temporada.
Se ponen los casos conocidos de mexicanos Jesús Manuel Corona, jugador del Sevilla que, al momento en que se escribía este reporte, había pasado 140 días inactivo y había parado por 28 partidos, lo que representaba una merma considerable para las arcas del club, que le paga 1.9 millones de euros al año. Por su parte, J. J. Macías que lleva 500 días parado, le costará a Chivas más o menos 1.2 millones de dólares. En junio del 2022 tuvo una grave lesión de rotura total de ligamento cruzado anterior de su rodilla derecho. Le dieron como pronóstico nueve meses fuera. Regresó a entrenar mucho antes, en enero del 2023, y fue contemplado para formar parte de la plantilla en esta temporada, pero de nueva cuenta, la fatalidad lo marcó: en febrero se reportó que se volvió a lesionar en la rodilla derecha y se perderá un par de torneos más.
Según el análisis de Míster Pérez, las dos intervenciones quirúrgicas, muy especializadas, le costaron al club tapatío hasta unos 25 mil dólares y eso que había sido prospecto para jugar en Europa, con un paso improductivo por el Getafe de España, equipo donde no anotó ni un gol en el semestre, y al que solo fue a pasearse por la Gran Vía de Madrid y donde tuvo oportunidad de, cuando menos, visitar los bellos museos de la capital española.
Otro ejemplo de la preocupación de los equipos: entre los años 2019 y 2021, los 49s de San Francisco perdieron 80.7 millones de billetes verdes por jugadores que tuvieron que estar en rehabilitación.
Lo que señala el artículo es que los grandes clubes de las ligas importantes del mundo, no solo de futbol, están buscando, mediante inteligencia artificial, una herramienta que proporcione pronósticos de lesiones de los jugadores.
Lo cierto es que, si se observan los hábitos de los jugadores y la técnica que utiliza para hacer acciones básicas como saltar, rematar de cabeza, arrancar el sprint, o lanzarse, en el caso de los arqueros y hacer los recorridos, los especialistas pueden ayudarlos a corregir las fallas, y evitar que se les luxe el tobillo, porque tienen la maña de brincar con un solo pie. También se toma registro del tiempo de esfuerzo.
Con datos personalizados, como peso, altura, velocidad, horas de sueño, dieta, hábitos, se podría predecir, según las estimaciones, hasta un 80% de las afectaciones, heridas, rupturas de los atletas.
Están involucrados en el estudio los circuitos futboleros europeos de España, Italia, Inglaterra, Francia y Alemania. También participan, por su cuenta, la NFL, NBA, y NHL que sufren en sus finanzas cuando alguno de sus estrellas da un mal paso, choca, cae descompuesto, es golpeado, recibe una dura entrada.
Lo cierto es que la naturaleza azarosa del juego, lo que lo hace fascinante, por impredecible, convierte en tarea prácticamente imposible, al menos con la tecnología actual, la predicción de las dolencias o las heridas graves que sufrirá un jugador en actividad, ya sea en prácticas o en juegos oficiales.
La carga para los equipos es muy pesada sobre todo cuando el que no puede jugar es un estelar, pues implica gastos pasivos de salarios, intervenciones médicas, recuperaciones, y personal involucrado para regresarlo a la actividad, dice el artículo.
A esto hay que agregar que, en muchos casos, la fractura o el ligamento roto, trae también ansiedad y depresión al paciente al que, aparte, hay que darle remedios para que no se le afecta la salud mental como terapia sicológica y emocional.
A los equipos les urge encontrar una herramienta que pueda prevenir lesiones. En realidad, lo que se quiere es un programa que evite las pérdidas que traerá consigo un deportista que recibe millones y que no puede saltar a la cancha porque le duele una uña.
El escenario oscuro es que, para evitar estos contratiempos, los directivos, siempre preocupados más en los pesos que en las piernas, pueden hacer que los reglamentos endurezcan las sanciones, lo que evitará que el futbol, en este caso, se juegue con entradas fuertes. Se privará al aficionado de presenciar una barrida viril, una carga con energía, un salto por el balón dividido. No vaya a ser que se sienta mareado el considerado super crack, y tenga que estar en reposo dos semanas.
Si bien la ciencia puede ayudar a evitar accidentes, no existe poder humano, hasta ahora conocido que pueda predecir los efectos de la mala suerte, como cuando un jugador busca un balón por aire, y al caer al pasto recarga todo el peso en el hombro, con lo que trágicamente se fracturará la clavícula.







