La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, estuvo en México en una intensa visita de dos días. Llegó con un radical cambio de discurso, respecto al que antes había dicho el director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Dennis Blair. El funcionario definió a México como “Estado Fallido” situándolo al mismo nivel que Pakistán. Tales declaraciones chocaron con la campaña mediática de Felipe Calderón, que reitera que su gobierno está ganando la guerra al narcotráfico. Su principal bandera política le fue arrebatada. La molestia del gobierno mexicano se dejó sentir de inmediato. El presidente Obama envió entonces a Hillary Clinton, para limar asperezas antes de su próxima visita programada para mediados de abril. Distensar la relación bilateral, no significa que el diagnóstico estadounidense se haya modificado.
Blair había dicho semanas atrás que México no tenía control sobre varias porciones de su territorio, debido a la influencia de los narcotraficantes. Incluso se refirió a la complicidad existente entre distintos niveles de gobierno y las bandas de narcotraficantes. Molesto, Felipe Calderón no mencionó por su nombre al destinatario de su respuesta, pero le reviró:”Yo reto a quien diga eso, que me diga a qué punto del territorio nacional quiere ir y lo llevo. Exijo que vayamos al punto que quieran del territorio nacional para demostrar el imperio del Estado. Sí, tenemos problemas como los que tiene Estado Unidos, pero lo que tenemos nosotros es una firme determinación de terminar un problema que no ha sido creado en nuestro país y que sufre como consecuencia de estar a lado del mayor consumidor de drogas en el mundo y del mayor proveedor de armas del mundo.
Calderón, en el mejor de los casos, sabe que sus afirmaciones no corresponden a la realidad. Peor sería que se crea su propia campaña mediática, acerca de la victoria del gobierno sobre el narco. Lejos de poder afirmar que tiene control sobre cada entidad del país, lo difícil es ubicar un estado en donde no haya violencia o en el que no exista presencia del narcotráfico. Las declaraciones del funcionario estadounidense son veraces, pero en vísperas del encuentro de Calderón con el presidente Barack Obama, no fueron diplomáticamente oportunas ni políticamente correctas. México es todo eso y Blair se quedó corto pero fue un error airearlo públicamente, para los propósitos de Estados Unidos.
El presidente Obama tomó nota de las reacciones generadas en México por Blair. Además de Calderón, hubo respuesta de la Secretaría de Gobernación y de varios actores políticos que criticaron lo dicho por el funcionario estadounidense. Tal ambiente de hostilidad entre ambos gobiernos no era conveniente para la visita de Estado del presidente Obama. Se le ordenó a Blair que se retractara. Dennis Blair señaló el miércoles 25 de marzo que siempre no, que México no era un “Estado Fallido” .Ese mismo día vino Hillary Clinton con una misión: planchar la visita de su jefe, el presidente Obama. Lo hizo nada más pisar suelo mexicano.
Clinton se apresuró a corregir la plana a Dennis Blair. Dijo que “la lucha contra estos cárteles es algo que el gobierno mexicano está trabajando con gran éxito, para expandir y demostrar la fuerza de la respuesta. No creo que existan territorios ingobernables en México”. La secretaria de Estado reconoció que los narcotraficantes mexicanos, están motivados por la demanda de drogas en Estados Unidos y están pertrechados por las armas de ese país: “Nuestra insaciable demanda de drogas ilegales alimenta el comercio de drogas”.
Clinton dijo que su gobierno era consciente de que “el narcotráfico es un problema compartido”, y anunció que se creará una nueva Oficina de Implementación Bilateral en México que trabajarán conjuntamente para combatir a los narcotraficantes y la violencia que tratan de diseminar”. Lo que no dijo Clinton – pues esto no le correspondia decirlo a ella -, es que por ser un problema “compartido”, Estados Unidos ya decidió intervenir, más allá de su territorio.
Clinton ratificó el compromiso de su gobierno para enfrentar conjuntamente la violencia “intolerable” de los carteles de la droga. Reiteró que EU admite que el problema del narcotráfico “no sólo es de los mexicanos.” Desde luego, si también es de los estadounidenses, tienen derecho a intervenir para no verse afectados en sus intereses.
Después de su reunión con Calderón, Hillary Clinton puntualizó que: “Nuestra incapacidad para prevenir que armas sean ilegalmente traficadas a través de la frontera para armar a estos criminales, causa las muertes de policías, soldados y civiles”. Fue definitivamente un mea culpa que por reiterativo, resulta sospechoso.
Primero Blair y después Clinton, le dijeron al gobierno mexicano “públicamente” – que es lo que importa en política – lo que el gobierno quería escuchar, para que lo oyeran todos los mexicanos: que México no es “Estado Fallido” y que está haciendo su parte en la lucha contra el narcotráfico. Que de este problema ambos gobiernos son corresponsables. El mensaje se repitió una y otra vez en todos los medios de comunicación.
Después de la visita de Hillary, el presidente Obama designó como nuevo embajador de EU en México al cubano-americano Carlos Pascual, experto del departamento de Estado, en “Estados Fallidos” es decir, en el diseño de planes para estabilizar y reconstruir sociedades que vivieron conflictos. Así que hubo fuerte contraste entre los dichos y los hechos. Si México no es un “Estado Fallido” ¿Por qué Barack Obama nombró a un embajador para nuestro país, especialista en ese tema? Una de las tesis del experto es que ante un “Estado Fallido” este debe intervenir para proteger los intereses de Estados Unidos.
Varios especialistas en la relación bilateral entre México y Estados Unidos anticiparon que de la visita de Clinton a Calderón, no podría resultar ningún gran acuerdo. Hillary no vino a “acordar”, sino a anticipar cuál será la posición de su país en el tema que nos ocupa. Su trabajo fue repetir un solo mensaje: que el problema del narcotráfico era de México pero también de Estados Unidos. La secretaria de Estado, estaba anunciando que su país tomará cartas en el asunto. De esto se sabrá pronto. Una vez desarticulada esa tensión innecesaria, se esperará que el presidente Obama, hará el anuncio de las acciones que su gobierno tomará en su frontera con México.
El argumento del “problema común” que enfrentan ambos países con relación al narcotráfico – que Hillary fue pródiga en aceptar por parte de su gobierno- , es el preámbulo para después ofrecer dentro de ese esfuerzo “conjunto” la militarización de la “frontera común” en Arizona, California, Nuevo México y Texas que ya se había mencionado antes de la visita de Clinton.
El presidente Obama dijo incluso que continuarían “monitoreando” la situación y que si las medidas no funcionaban entonces harían más, aunque no aclaró qué es lo que eso significa. Añadió: “Los pasos que hemos tomado están diseñados para asegurarnos de que las comunidades fronterizas en EE.UU. estén protegidas y que la violencia no se traspase y que estamos ayudando al gobierno mexicano a lidiar con un gran desafío”. Cuidado con estas ayudas.
Pues el presidente Obama ya nos avisó a través de Hillary, a qué viene a México en su primera visita a un país latinoamericano. Estados Unidos pretende militarizar la frontera, lo que será una mala noticia para México. Especialmente porque Felipe Calderón, le va a abrir las puertas para ello.







