Debo reconocer —con riesgo de ser víctima de una horda de enardecidos fanáticos— que nunca le encontré gracia a los programas de Chespirito.
De niño no acostumbraba ver El Chavo del 8 o El Chapulín Colorado. Años después, ya adulto, entendí que ese humor de bullying, de costalazos y de ofender al patiño no era para mí.
Sin embargo, había unos personajes que me caían como patada en el hígado: los llamados “Caquitos”, como se conocía a El Chompiras, El Botija y La Chimultrufia. Y lo sé: para desagradarme tanto la serie, sé demasiado de ella. Pero mi regla siempre ha sido que, si algo me va a desagradar, tengo que conocerlo primero. Se me hace estúpido odiar algo que evitas ver o escuchar.
Pues bien, de La Chimultrufia recuerdo una frase que, estoy convencido, resume a la perfección la administración emecista en Nuevo León: “Como digo una cosa, digo otra”.
Al igual que la desaliñada ama de casa, esposa de El Botija, el gobierno samuelista dice una cosa y luego otra. Se la pasa prometiendo el sol, la luna y las estrellas; dibujando un estado de chocolate, arcoíris y unicornios para luego, cuando se dan cuenta de que prometieron más de lo que pueden cumplir, salir a declarar que nunca dijeron lo que dijeron.
Ahí está el monorriel. Hace meses, el gobernador dijo que estaría listo y funcionando para el Mundial de Futbol y, ahora, Hernán Villarreal, secretario de Movilidad, ni siquiera se atreve a dar una fecha aproximada de cuándo estará en operaciones.
¿Y qué tal el Parque del Agua? Primero, el gobernador lo inaugura con bombo y platillo, pero semanas después, cuando todos salen a evidenciar que las obras están a medias y abandonadas, Mariana publica un video donde dice que el espacio solamente estaba habilitado como un lugar para los juegos de la Copa del Mundo; que nunca dijeron que ya estaba terminado.
Un caso similar lo evidenció mi compañero de Deportes, Erick Melchor, quien recordó que hace ya varios años la administración estatal hizo un evento rimbombante para realizar un pozo, con el que, según ellos, arrancaban las obras de construcción del nuevo estacionamiento necesario para iniciar la edificación del estadio de Tigres.
Como podrán adivinar, han pasado los años y no hay estacionamiento ni estadio; el pozo… ya hasta lo taparon.
Estamos en la recta final de la administración y, si todos los reportes son ciertos, la prioridad en el equipo naranja será enfocar sus baterías contra Adrián de la Garza, alcalde de Monterrey, a quien van a acusar de robarse hasta el penacho de Moctezuma.
¿No sería mejor que esas energías las invirtieran en terminar todo lo que tienen pendiente?, pregunta el ciudadano común.
Parece que no: lo importante es hacer grilla.



