Carmen Aristegui es una prestigiosa periodista que tiene fervientes partidarios y defensores de su estilo informativo, pero también hay por ahí uno que otro detractor que no le perdona sus errores, como Marco Levario, de la revista “etcétera” capitalina, quien también le restriega una y otra vez lo que él supone en ella un protagonismo desbocado.
Sin embargo, la influencia y el vigor de la personalidad de la Aristegui se ve que tampoco hacen mella en los juzgadores donde está radicada una denuncia contra la valiente mujer de parte de su ex patrón Joaquín Vargas, de MVS radio. Por eso la sentencia dictada en su contra por el Juzgado Séptimo de lo Civil de la ciudad de México es considerado un aviso a los periodistas críticos para inhibirlos en el ejercicio de su profesión cuando lancen juicios y comentarios sobre las personas públicas que tienen recursos para amedrentar a los más atrevidos miembros del gremio informativo.
Otros, quizá, estén de acuerdo en considerar un “exceso en el uso de la libertad de expresión” lo que llevó al juzgador a dictar esta sentencia, e inclusive celebren este castigo a Carmen “por manchar el honor y prestigio” del rico empresario de medios de comunicación. Y es probable que haya quien esté de acuerdo en que este precedente sirva para que otros periodistas midan sus palabras orales o por escrito, porque pueden correr la misma suerte al ser demandados.
Lo cierto es que el juez Odilón Centeno Rendón se valió de un recurso jurídico que él acepta como legítimo para señalar con énfasis el “daño en el patrimonio moral” que Aristegui causó a Joaquín Vargas por haber publicado falsedades sobre él y su grupo empresarial en el prólogo del libro “La casa blanca de Peña Nieto”. Así es que en las siguientes ediciones deberá incluirse un extracto del fallo judicial con lo cual se haría ver la magnitud del error de la periodista.
“Es insoslayable el hecho de que el 17 y 18 de septiembre de 2015 MVS obtuvo de forma expedita por parte de un tribunal federal dos fallos favorables en asuntos que estuvieron largamente en litigio”, escribió Aristegui, quien fue acusada de mentir, según Joaquín Vargas, al publicar un desplegado en los principales diarios capitalinos el lunes 7 de noviembre “celebrando” esta sentencia que no es definitiva pues aún queda el camino de la apelación y el recurso de amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
Total, el ruido de este caso ha puesto a pensar en los costos del ejercicio de la libertad de expresión, pues basta que un personaje agraviado se lance contra un periodista para sufrir el acoso de los abogados, los jueces y la opinión pública, al grado de llegar a perder no solamente precioso tiempo sino el poco dinero que pueda ahorrarse, si es que los sueldos alcanzan para ese lujo.
Por tanto habrá quien tenga acceso a los medios informativos y prefiera mejor “nadar de muertito” y no “pisar callos” de la gente pudiente y menos de los políticos y gobernantes, aunque más vergonzoso es volverse cómplice de sus fechorías, no vaya a ser un gobernador como Javier Duarte, de Veracruz, en plena cúspide del poder, se vaya a sentir agraviado por los señalamientos probados de corrupción, peculado, enriquecimiento ilícito, delincuencia organizada, desfalco y deuda estratosférica que han hundido a su estado natal y demás delitos graves como asesinato de periodistas.
Por eso yo les aconsejo mucho a mis alumnos que cuando ejerzan en los medios su profesión tengan todos “los pelos de la burra” en la mano o se valgan de citas obtenidas de personas y fuentes confiables que puedan servir de salvoconducto en una demanda y, mejor, sean muy aseados en el uso de los términos que utilicen para apegarse estrictamente al verbo de atribución.
Por lo menos hay que proceder siempre cuidando la “presunción de inocencia” y enfatizar los adverbios “supuestamente”, “probablemente”, “presuntamente” por si no valieran los argumentos esgrimidos en la nota ni los documentos de prueba.
Lo que no se vale es bajar la guardia. Ni andarse por las ramas debido al temor de la denuncia. Jamás. De otra manera, es mejor dejar el camino despejado para alguien con más valor profesional y seguro de sí mismo.







