Desde el momento de la designación de Qatar como sede del Mundial de Futbol, no se hicieron esperar los arrebatos mediáticos por sospechas de corrupción, pues se alegaron serios motivos para oponerse entre quienes siguen considerando que corrió mucho dinero para que las votaciones favorecieran a la capital Doha en las papeletas. Pero ni se crea que vaya a terminar la cantaleta de que la FIFA en su momento fue comprada, ni que el periodismo libre dejará de hablar de las miles de muertes de trabajadores que fueron contratados, en condiciones infrahumanas, para construir los estadios, pues desde que en 2010 arrancaron las obras, las condiciones climáticas ya jugaban en su contra por las condiciones del ardiente clima y las largas jornadas a que fueron sometidos los extranjeros que llegaron a ganar un euro por hora.
Así es que el futbol será el leit motiv de la fiesta, indudablemente, aunque sin dejar de lado los señalamientos de la supuesta comodidad de dichos estadios por su climatización, ya que para conseguir ésta, escurrirán los gases nocivos en el medio ambiente, pues uno de esos ocho escenarios tendrá cupo para 80 mil personas que gozarán los partidos con una excelente aire acondicionado, sí, pero a costa de la limpieza del aire en sus alrededores, que los ecologistas reclaman en forma airada por el peligro que entrañan los químicos que lo hace funcionar, más nocivo que el dióxido de carbono, y en una ciudad capital considerada de por sí como la más contaminada del planeta.
También, al igual que se reseñarán las jugadas más electrizantes, hay voces que no dejarán de hablar de Qatar y sus 2 millones 800 mil habitantes, país árabe al que le están cayendo encima otro tanto de visitantes, lo que hace voltear la mirada hacia Dubai para conseguir alojamiento por su cercanía y su mayor libertad y respeto a conductas que reprime con fuerza el código religioso de los anfitriones en este Mundial.
Y es en este rubro de consideraciones que la FIFA ha pedido a las selecciones participantes dar más importancia al futbol que a otra cosa. La razón es que se nota la irritación que causa la particular cultura en que se mueven los cataríes respecto al trato a la mujer y sus derechos o al comportamiento amoroso de la gente en la vía pública, y no se diga acerca de la criminalización de las relaciones entre personas del mismo sexo y la evidente discriminación hacia la comunidad LGTB+, la cual aviva encendidos debates en todo el mundo hoy en día.
Desde Zurich, Suiza, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y la secretaria general del organismo, Fatima Samoura, han hecho llegar una carta a las 32 federaciones que disputarán la Copa Mundial pidiéndoles que “el futbol ocupe un lugar central”, y lo han hecho con toda oportunidad al enterarse de que habrá equipos que portarán camisetas de luto por los trabajadores mal pagados que murieron durante la construcción de los estadios. Otros se enfundarán uniformes color rosa y habrá ocho más con brazaletes en forma de corazón para apoyar campañas contra la discriminación de las mujeres. Y este asunto también corre parejo con el pedido para que Irán sea eliminado y no salga a la cancha contra Inglaterra el 31 de noviembre, debido a los conflictos que ha provocado la muerte de una mujer a manos de la “policía moral” y que ha llevado a grandes protestas en las calles de Teherán y otras ciudades de ese país musulmán, a cuya solicitud se ha sumada la de Ucrania en protesta porque Irán ha apoyado a Rusia con drones en la guerra que tiene lugar en la tierra eslava.
¡Por favor, concentrémonos ahora en el futbol!, escribieron los dirigentes, al exhortar a los competidores que no permitan que el deporte sea arrastrado a todas las batallas ideológicas o políticas que existen… Sabemos que el futbol no vive en el vacío y somos igualmente conscientes de que hay muchos desafíos y dificultades de carácter político en todo el mundo, añadieron Infantino y Samoura en su carta. En la FIFA tratamos de respetar todas las opiniones y creencias, sin dar lecciones morales al resto del mundo.






