Hamnet es un drama denso en extremo.
La mano de Chloé Zhao se observa claramente como la de una mujer que factura una de las cintas más intensas de los últimos años. Hay una delicadeza y comprensión hacia el sentimiento maternal, que pasa por el sufrimiento de la protagonista Agnes (Buckley), que agoniza terriblemente entre el dolor y la impotencia.
La figura conocida en la historia es William Shakespeare (Mescal) y su familia, dentro de la que ocurre una tragedia devastadora. En el contexto histórico, se menciona al más célebre de los escritores ingleses, pero lo que se ve es un drama que le puede ocurrir a cualquier pareja sin fama ni denominación conocida. Y no es un pronunciamiento feminista, pese a que lo protagoniza una mujer maltratada por la fatalidad: es simplemente una aproximación a la condición humana en un entorno alterado por la desdicha.
La escritora Maggie O’Farrell escribió la novela homónima que fue adaptada para la película en ella se explica, como teoría, las motivaciones que tuvo Shakespeare para escribir su célebre obra de dramaturgia sobre la venganza del Príncipe Hamlet, de Dinamarca, para vengarse de su tío que asesinó a su padre.
De acuerdo a esta versión, el autor fue definitivamente influenciado por los sucesos que le ocurrieron en su vida personal; todo lo acontecido lo derivó, como en una proyección freudiana, desde el trauma de su aflicción personal a un texto considerado uno de las obras cumbres del teatro universal.
Lenta en desarrollo, pero poética en imágenes, la cinta demora en su presentación para explicar el contexto de una pareja de jóvenes de mentalidad romántica, soñadores en un entorno rural inglés. Están en familias empobrecidas pero unidas, esforzándose por ayudarse en sus adversidades y compactándose en las crisis.
William y Agnes muestran una tensión permanente. La economía familiar apenas les da para vivir. Tienen una hija y está por recibir gemelos. Al momento del parto pasan situaciones crispantes que se resuelven favorablemente. El escritor sensible y poco expresivo va tomando nota de los incidentes que le pasan en su vida y que después, se adivina, se asoman en su obra virtuosa La muerte, la resurrección, la pobreza, la venganza el resentimiento.
El acontecimiento que parte sus vidas deja una impronta profunda en él, durante el resto de sus días. No puede superarlo, pero sublima el sufrimiento, condensándolo en escritos. Es en este punto cuando el dramaturgo se desconecta del resto del mundo. Solo él pudo haber escrito una obra brillante a través de hechos que le han destrozado el alma. Lo demás, la pérdida y la devastación, son sentimientos universales que cualquier persona experimentaría al estar en sus miserables zapatos.
El tercer acto es un torbellino emocional que mezcla arte y alma. Shakespeare se sobrepone a todo y le presenta al mundo lo que ha sido su gran creación. El superdotado escribidor ha puesto todo el espíritu en un montaje teatral de fuerza arrolladora. El arte se ha convertido en un vehículo sanador y reacomoda en su lugar los corazones rotos.
El artista fue un hombre con alma atormentada por las calamidades, pero aún se dio tiempo para afilar su pluma y plasmar en papel palabras que siglos después aún resuenan por todo el mundo.
Mescal es un gran Shakespeare, sigiloso y contenido, como si almacenara todos los sentimientos que le ocurren para luego volcarlos en tinta. Pero el aplauso mayor se lo lleva Buckely. Su interpretación es feroz. No puede haber manifestación de pena mayor que la de esta mujer que ha pasado por todos los estados emocionales que la existencia le puede dar a una madre, incluso el más doloroso que es la perdida de un descendiente.
Hamnet es una cinta contemplativa y bella, como un estudio sobre la utilidad del sufrimiento.
@LucianoCampos G







