En Sector 9, la ficción se invierte y muestra una de sus facetas más aborrecibles e ingeniosas. Hay magia y fantasía, pero no son encantadoras. Por el contrario, muestran una de las facetas más oscuras del ser humano como depredador inmisericorde.
No hay nada de Hollywood en escena. Ni nombres conocidos, ni temática glamorosa. En la línea de los filmes independientes, Sector 9 es una propuesta subversiva contra la industria cinematográfica misma. Rehace la forma de presentar uno de los géneros más trillados, con una historia que no tiene nada del entrañable E.T, ni de los malvados Aliens.
Su propuesta es original, un valor cada vez más extraño en el negocio de las películas.
La fantasía acostumbra situar a los extraterrestres como la raza amenazadora, acechante, peligrosa para los humanos. En esta película apadrinada por Peter Jackson, el mundo gira en sentido contrario y el orden es alterado.
Los alienígenas son los oprimidos en la tierra.
La cinta, bien disfrazada de documental, parece relatar sucesos actuales que apenas comienzan a salir a la luz pública para todo el planeta. En África viven, desde hace 20 años, extraterrestres que están confinados en un campo de refugiados.
Lo increíble ya no es que respiren el mismo aire, sino cómo perviven los alienígenas. Una raza con tecnología superior, procedente de algún lugar desconocido del cosmos, que puede hacer que su gigantesca nave del tamaño de una ciudad, flote durante años sobre Johanesburgo, vive en un hacinamiento infrahumano (¿o infraextraterrestre?).
Los seres venidos de otro planeta, que forman una colonia de más de un millón, deambulan en condiciones de pobreza subsahariana, ante la indiferencia de las autoridades internacionales, que no saben qué hacer con ellos.
Hasta que un día un inexperto funcionario encargado de comandar un gigantesco operativo de reubicación, se ve involucrado en un incidente que le cambiará la vida y por el cual se verá forzado a encontrar una solución al enorme problema que no ha sido resuelto en años.
Sector 9 es una trepidante película de acción y suspenso, de un hombre desesperado en un universo desconocido y acechante. Pero es también, más allá de la primera lectura de la discriminación y rechazo al desconocido, un estudio sobre las sociopatías y la deshumanización del mundo frente a un problema común que nadie se atreve a resolver. Lo mejor es ignorarlo, dejar que permanezca encajonado en un rincón del mundo donde no puede hacer daño.
La paradoja es terrible. Los aliens son víctimas por su apariencia repulsiva, y su naturaleza es pacífica, aunque se convierten en criminales frente a la desesperación. Muy parecidos a los humanos.
Todo el equipo que participa aquí es desconocido. Jackson eligió a un videoasta debutante para hacerse cargo de este monumental esfuerzo de ficción y efectos especiales que, afortunadamente, pasa siempre por el lado humano, terrenal, sin perderse en la atmósfera fantástica a la que convoca el tema.
Aunque la temática es de extraterrestres, nunca deja de ser esta una película de personas.
El protagonista, un mequetrefe funcionario menor de la empresa de seguridad que comanda la reubicación, sufre una transformación asombrosa, pero no sólo por su lamentable exposición a una sustancia química. El desconocido Sharlto Copley pasa de ser un tonto oficinista a un indeclinable salvador, un tenaz fugitivo que ayuda a los extraterrestres a pretender mudarse de planeta.
Sector 9 parece cine político entre alienígenas, dirigido a adolescentes y adultos.
Es una cinta brillante que abre la puerta para que el género se ventile.



