Para cuando esta columna esté publicada, la serie “Chespirito: Sin querer queriendo”, habrá llegado a su fin, una miniserie biográfica sobre la vida de Roberto Gómez Bolaños y quien muchos pudimos ubicar como el creador de personajes icónicos que siguen vigentes hasta el día de hoy, como El Chavo del 8 y el Chapulín Colorado, por mencionar algunos.
Esta serie se enfocó en mostrar el lado humano, profesional y personal que atravesó en distintas etapas de su vida el querido “Chespirito”, sin embargo, el exponer tantos matices de su vida tuvo como consecuencia, el retomar temas que han generado polémica, descontento, discusiones y hasta rumores de demandas porque narrativamente, se declara solo una versión de los hechos.
Se agradece que el actor Pablo Cruz, quien interpretó a Roberto Gómez Bolaños, no lo imitara, sino que lo interpretara con inteligencia y sensibilidad, logrando el balance entre lo nostálgico y lo humano. Para los fans de Chespirito y sus personajes, es un viaje poderosamente emocional. Y para quienes buscan una reconstrucción fiel de los hechos ocurridos y de los conflictos que lo rodearon a él y a su elenco, la probabilidad de que continúen con más preguntas que respuestas puede ser alta.
Durante ocho semanas, el público tuvo temas para platicar e intercambiar opiniones acerca de la infancia, juventud y adultez de Chespirito, sin algún orden cronológico. Por igual los medios de comunicación lograron recopilar material para ir desarrollando la exposición de situaciones que fueron noticia años atrás y con el ojo crítico de los cibernautas (y probablemente con horas de ocio invertidas en ello), lograron reavivar señalamientos ante la exposición de eventos ocurridos entre el comediante y el elenco, con su familia, con su primera esposa, con su viuda y con sus hijos.
Nos detenemos a pensar si logró el impacto que tuvo “Luis Miguel: La serie” en su momento y aunque “Chespirito: Sin querer queriendo” tuvo fuerte presencia en México y América Latina, provocando debates sobre la memoria histórica de su legado, el rating muestra que quedó en el ‘ya merito’, debido a que no hay una tendencia por querer revivir sus programas, ni la reproducción de sus discos o de agotar la mercancía dedicada a sus personajes.
Aunque ambas producciones abordan el tema sobre leyendas del entretenimiento, la serie que le da título a esta columna ha sido más cultural y nostálgica, con la controversia a cuestas por las decisiones que se tomaron para mostrar lo que se vió en pantalla. Se exploró su mundo interior, sus inspiraciones, sus luchas creativas, su primer gran amor y a la vez la soledad junto con las contradicciones y la complejidad que formaron a un hombre que, sin querer queriendo, marcó generaciones.
Con aciertos emocionales y omisiones polémicas, la serie quizás no generó el fenómeno mediático de otras, pero sí logró que muchos volviéramos a mirar – con nuevos ojos – al hombre detrás del personaje. No pretendió ser un retrato exacto, sino una interpretación íntima en donde se abrió una ventana hacia el corazón creativo de Roberto Gómez Bolaños, recordando que más allá de los aplausos, de la fama y la fortuna, también existe la complejidad, el error y la imperfección. Cumplió su propósito como homenaje visual y emocional a un ícono de nuestro país y Latinoamérica. Más que una biografía hecha a la medida, es un homenaje poético con licencia creativa.
@soydeliaramirez







