Las huellas que dejan diariamente los neumáticos de millones de automóviles en las grandes capitales, se borran al momento en que otros tantos vehículos pasan sobre éstas y así sucesivamente. Sin embargo permanecen en la memoria del suelo como testigos del ajetreo diario del monstruo urbano.
En la producción artística de Betsabeé Romero predomina un elemento base: la llanta, pero no precisamente como el símbolo de su propuesta, sino como parte de un concepto integral sobre el uso del coche como medio de transporte y como accesorio fundamental de la vida moderna.
“He estado trabajando alrededor del automóvil como un objeto a través del cual se pude discutir la problemática de todas las megalópolis. Es un objeto muy contradictorio con el de-sarrollo de las ciudades y con esta idea de la velocidad, que es algo que el modernismo siempre ha colocado de manera importante dentro de la vida contemporánea”, expresó la artista originaria del Distrito Federal, quien presentó su exposición “Lágrimas Negras” en el Museo Marco.
Romero establece que hay una dependencia hacia este bien material que igual es un indicador de estatus como un artículo de primera necesidad y , que desde su óptica, es útil para mostrar el doble servicio que tienen las ruedas de los carros, tractores y peseros.
“Mi idea es discutir la contradicción de un objeto a través del cual yo hablo de otras cosas y le cambio el significado. Se supone que una llanta es para rodar , para ir rápido, para tener seguridad en el camino, etcétera. Yo creo que más bien pasa mucho más tiempo parada, que caminando.
“Por ejemplo muchas de las piezas las uso como arcos, como elementos estacionados, arquitectónicos y esto habla que son más inmuebles que móviles. Las uso para imprimir en ladrillos, en telas como las jergas, en papel y hasta en azúcar”, indicó la escultora, fotógrafa y creadora de estos sellos “rodantes”.
EL RODILLO CILÍNDRICO
Para realizar los grabados sobre las llantas, Betsabeé Romero adquiere la materia prima en “desuso”, es decir, cuando las gomas están lisas, de tal manera que puede diseñar y trabajar los relieves.
Una vez que las ruedas están procesadas, se convierten en una especie de rodillos que imprimen no sólo sobre pavimento, sino en cualquier superficie dura o blanda, en la que quedará la huella.
“En Mesoamérica de la época prehispánica existieron los rodillos cilíndricos y también en todas las antiguas civilizaciones como en Egipto, en Grecia, en Mesopotamia, en los países orientales; entonces creo que una función primordial para el ser humano es la memoria y no la velocidad.
“Así que yo vuelvo a imprimirle esta función de rodillo de impresión a una llanta que se supone que es para otra cosa”, mencionó la reconocida exponente del arte contemporáneo en México y en el extranjero, cuya obra ha sido expuesta en más de 30 ocasiones en forma individual.
Pero durante el recorrido por “Lágrimas Negras” , el visitante encontrará esos dibujos impresos en las franjas que fueron desprendidas de las llantas, que al mismo tiempo fueron rellenadas con chicles de colores.
“Son dos materiales muy parecidos: el hule y el chicle, ambos de origen mexicano, pero este último se convirtió en un símbolo de la cultura de consumo norteamericana que mastica, pero no digiere”, explicó quien dedico más de 10 años a este proyecto.
Consideró que este tipo de cultura no aporta nada al arte, ya que es superficial y vacía, sin profundizar en nada.
“Desgraciadamente esta cultura es la dominante actualmente. Consumes bienes culturales, bienes simbólicos de una manera como muy rápida, sin digerirlos. Y además de que sus contenidos artificiosos no nos aportan conocimientos, nos taponean todo lo que son las cicatrices históricas que tenemos como seres humanos.
“Entonces, en estas llantas que yo vuelvo a grabar lentamente, lentamente, de pronto se le ponen incrustaciones de chicles de colores, y eso es lo que tapa la memoria, la cicatriz”, reiteró.
“Con esta muestra es posible evidenciar y poner en valor la peculiar sensibilidad de Betsabeé Romero y comprender cómo un objeto cotidiano es transformado en un hecho extraordinario, con lo cual se abren diálogos inesperados entre la tradición artesanal, la herencia decorativa y el arte contemporáneo dentro y fuera del país”, citó Julián Zugarzagoitia, curador de la muestra.
“Lágrimas Negras” permanecerá en Marco hasta septiembre en las salas 1, 2, y 4 de la planta baja del museo. La museografía estuvo a cargo de Edgardo Ganado Kim y Lucía Alonso. v







