En una zona comercial de Pharr, Texas, existe un campo de tiro en el que cualquier persona –no importando su nacionalidad– puede disparar los pertrechos que quiera, desde una pistola calibre .45, hasta un fusil de asalto
AK-47, a cambio de varios dólares sin que exista una investigación previa. Los niños también tienen acceso, siempre y cuando acudan con sus progenitores.