Pero esos pasajeros de los autobuses nunca llegaron a su destino. Fueron bajados en retenes del crimen organizado en las carreteras de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, y también cuando las unidades llegaban a las centrales camioneras.
El primer domingo de junio del próximo año los electores aprobarán o rechazarán, en las urnas, la gestión de un gobernador que fue impuesto por su antecesor en 2009, cuando el PAN estaba en Los Pinos y los priistas estaban huérfanos de un presidente de la República. Vaya, todo se decidió en casa, sin pedirle permiso a nadie.
Después de todas las mentiras que publicó en su portal pasquinero, mismas que me causaron una risa maratónica, quise responderle con verdades, porque este tipo de personajes, cómplice de pillerías de políticos de Nuevo León, deben ser encuerados.
Durante mis casi 30 años como periodista he conocido colegas en Nuevo León y Tamaulipas que me conocen perfectamente; que transpiro adrenalina cuando entro al terreno de la investigación, en especial de sospechas de corrupción en dependencias públicas como alcaldías y universidades públicas.
Cuando en Nuevo León parecía que había una campaña en los medios de comunicación para presentar a Tamaulipas como una sucursal del infierno, el rapto y posterior confirmación de la muerte de la pequeña Melany viene a echar a perder todos los avances para cambiar esa percepción.
Injusta o no la eliminación azteca de la Copa de Brasil 2014 frente a los europeos, las frases xenofóbicas en contra de los holandeses “putos” y “que chinguen a su madre” -que pronunciaba la entonada puberta en la canción-, confirmó que somos una nación intolerante.