Durante mis casi 30 años como periodista he conocido colegas en Nuevo León y Tamaulipas que me conocen perfectamente; que transpiro adrenalina cuando entro al terreno de la investigación, en especial de sospechas de corrupción en dependencias públicas como alcaldías y universidades públicas.
Cuando en Nuevo León parecía que había una campaña en los medios de comunicación para presentar a Tamaulipas como una sucursal del infierno, el rapto y posterior confirmación de la muerte de la pequeña Melany viene a echar a perder todos los avances para cambiar esa percepción.
Injusta o no la eliminación azteca de la Copa de Brasil 2014 frente a los europeos, las frases xenofóbicas en contra de los holandeses “putos” y “que chinguen a su madre” -que pronunciaba la entonada puberta en la canción-, confirmó que somos una nación intolerante.
El Norte podía ser líder en ventas y en circulación, pero no era dueño, ni de la verdad publicada ni de hacer el mejor periodismo; El Porvenir daba la pelea.
Los albiazules sumaron 41.4 por ciento por 35.6 de los tricolores, según el muestreo que se hizo entre el 11 y 14 de mayo pasado entre 2 mil habitantes de Nuevo León.
Con el paso de los años mi relación fue más estrecha, primero porque conocí a su padre, que sin duda descansa en paz, el profesor universitario e historiador Celso Garza Guajardo. También porque era del barrio donde pasé una etapa de mi vida en Monterrey, en la colonia Villa Mitras.