Ahí mismo, en el Semefo del Hospital Universitario, le mandó hablar un ministerial estatal; habló con él dos o tres minutos. Y volvió para continuar con el papeleo y comenzar a ver lo del servicio funerario.
Era el año de 1986, casi tres décadas, nada menos. La historia oficial dice que el PRI ganó aquella elección. La verdadera, dice que la alquimia tricolor convirtió votos azules en tricolores y como por arte de magia, el triunfo de Barrio se esfumó.
Aunque hasta el momento Eduardo Bailey aparece como el dirigente estatal, se nota la falta de un liderazgo superior. No teniendo un líder moral como en su momento solía ser la figura del gobernador, los tricolores andan como alma en pena. Lo de “moral” es un decir, no lo tome tan a la letra.