Baterías: un riesgo ambiental

Las baterías, ya sean comunes o portátiles, se han vuelto indispensables en la vida diaria. Están presentes en una gran variedad de objetos que usamos constantemente: desde controles remotos, relojes, cámaras, juguetes y linternas, hasta aparatos médicos y cargadores externos de celular que nos permiten mantenernos conectados sin depender de un enchufe.
Las llamadas baterías portátiles o power banks son una solución práctica para cargar dispositivos como celulares, tabletas, relojes inteligentes o audífonos inalámbricos en cualquier momento del día, especialmente cuando no tenemos acceso a una toma de corriente. Su tamaño compacto, capacidad de carga múltiple y portabilidad las han convertido en aliadas cotidianas para millones de personas.
Por su parte, las pilas alcalinas o recargables comunes siguen siendo fundamentales para muchos aparatos electrónicos pequeños que no funcionan con corriente directa. Gracias a ellas, tenemos energía instantánea para dispositivos sin necesidad de cables ni instalaciones.
El gran beneficio de este tipo de energía portátil es que nos permite movilidad, autonomía y comodidad, ya que almacenan energía de forma eficiente y segura para usarla cuando la necesitemos. Sin embargo, a pesar de sus ventajas, su desecho inadecuado representa un problema serio para el medio ambiente.
Y es que, así como su uso facilita muchas de nuestras actividades, también implica una gran responsabilidad. Si estas pilas no se desechan correctamente, pueden representar un riesgo grave tanto para el medio ambiente como para la salud.
La Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) han advertido sobre los peligros de arrojarlas a la basura común o manipularlas sin precaución, subrayando la necesidad urgente de adoptar hábitos de consumo y desecho más conscientes.
Una sola batería puede contaminar de 3 mil hasta 600 mil litros de agua si es desechada de forma inadecuada. Esto ocurre cuando se tira a la basura común, se deposita en lotes baldíos o acaba en tiraderos sin control.
Las baterías, tanto recargables como alcalinas, están compuestas por metales pesados como plomo, mercurio o cadmio, sustancias altamente tóxicas que pueden filtrarse al suelo o a cuerpos de agua, provocando efectos contaminantes a largo plazo.
Además del impacto ambiental, PROFECO advierte sobre riesgos físicos: intentar recargar pilas alcalinas, exponerlas al calor, mezclarlas con otras químicas o perforarlas puede causar fugas, explosiones o intoxicaciones graves.

¿QUÉ SE HACE EN NUEVO LEÓN?

En la entidad, algunas dependencias gubernamentales y facultades universitarias cuentan con contenedores para estos residuos, aunque la cobertura y frecuencia de recolección siguen siendo esporádicas.
En 2020 se promovió la instalación obligatoria de contenedores en tiendas que venden baterías, pero muchos fueron retirados en administraciones recientes. Sitios como Agua y Drenaje de Monterrey y las oficinas del 070 habían sido puntos de acopio, pero actualmente no operan bajo esa modalidad.
El estado no cuenta con centros de acopio permanentes operados directamente por el gobierno estatal. Sin embargo, algunos municipios organizan campañas de recolección de residuos como pilas, baterías y electrónicos de forma ocasional. La Universidad Autónoma de Nuevo León también participa en este tipo de esfuerzos, aunque sin contar con puntos fijos.
En la zona sur del estado, existen alternativas como el Centro de Reciclaje TEC y algunos puntos verdes distribuidos en distintas localidades, que reciben ciertos tipos de materiales.
Aun así, la falta de espacios accesibles y permanentes para la recolección de baterías portátiles, como los power banks, representa una preocupación creciente. La ausencia de infraestructura para su disposición segura deja a los ciudadanos sin opciones claras y, en consecuencia, aumenta el riesgo ambiental por su mal manejo.

 

¿Qué se recomienda?

 

La Secretaría recomienda el uso de pilas recargables, ya que tienen una vida útil más larga y son menos dañinas para el ambiente. También sugiere almacenarlas en frascos secos hasta reunir una cantidad suficiente para su disposición final segura. Entre las recomendaciones clave están:

:: No tirarlas en la basura doméstica.

:: No perforarlas, abrirlas ni exponerlas al sol o al fuego.

:: No mezclarlas con otros tipos de baterías.

:: Llevarlas a centros de acopio certificados para su correcta disposición.

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