Barrio Antiguo y Regio Fest. El epicentro de la fiesta

Sin duda Monterrey tiene bellos lugares en donde los turistas nacionales y extranjeros pudieron acudir durante la justa mundialista en la ciudad, sin embargo uno de los principales, sino es que el más visitado, fue la zona de la Plaza Zaragoza y el Barrio Antiguo.

Caminar por las angostas calles del histórico centro de Monterrey era para los turistas hacer una radiografía a la Sultana del Norte y así conocer un poco sobre la cultura norestense de México.

De paso en su recorrido encontraban un caluroso recibimiento y un gran ambiente de fiesta que se podía apreciar y sentir con sólo caminar por calles como Morelos, Abasolo, Diego de Montemayor, Zuazua o Zaragoza.

Y lo anterior no lo dijeron los propios regiomontanos, sino algunas personas que tuvieron la oportunidad de visitar otras sedes del torneo internacional y confirmar que Monterrey fue y es único.

LOS VIKINGOS

Primero fue el turno para los suecos, quienes se dejaron ver unos días antes del duelo entre Suecia y Túnez. de hecho los primeros captados en el centro de la ciudad fueron Marcia y Hans, una pareja de edad avanzada que no se quiso ir si probar los tradicionales tacos mexicanos acompañados de una refrescante cerveza.

Con el paso de las horas y los días, poco a poco las calles del Barrio Antiguo se vieron pintadas de amarillo y azul, además de uno y que otro tunecino.

Y aunque ambas aficiones transmitían pasión por sus equipos, fueron los suecos quienes lograron hacer click con los regiomontanos.

Durante el día aprovechaban para degustar la gastronomía local; entre los alimentos preferidos se encontraba los tacos de carne asada, chicharrón y de trompo, además de chilaquiles.

Por las noches, los bares y restaurantes se volvieron un punto de encuentro para fraternizar y seguir con la fiesta que parecía interminable.

Incluso hubo quienes de estar en otros putos como el Fan Fest, sobre todo los más jóvenes, decidían regresar al Barrio Antiguo para adentrase en algún bar a disfrutar de todo tipo de música.

Cuando llegó el turno de que marcharse a otra ciudad, en donde habría de jugar su selección, hubo quienes decidieron quedarse a disfrutar en Monterrey por unos días más.

ENAMORADOS

Con el transcurso de los días llegó el turno para los nipones, quienes también se dejaron sentir en las entrañas de Monterrey. Desde la Plaza Zaragoza hasta la Plaza del Reloj.

Los jersey azules inundaron las calles del Barrio Antiguo, la afición del Sol Naciente reflejaba el entusiasmo y la confianza en su equipo.

A un día del encuentro, también contra Túnez, el sol no les dio tregua y como podían se quitaban el calor. Con una dinámica de Hora Cero descubrimos que a los nipones les encanta la cerveza.

Pues al darles a elegir entre una coca cola, agua o una cerveza Indio, la gran mayoría prefirió la bebida de cebada.

Ordenados y educados deambulaban por el centro y se tomaban fotos con regios y cuantas personas se las pedía.

Fue tanto el click que hicieron, que un numeroso grupo de nipones decidió quedarse una semana más después del juego para seguir disfrutando y conociendo Monterrey.

Admirando la arquitectura de las antiguas casas o degustando un delicioso manjar regio, era como los turistas paseaban admirando la historia de los locales.

Los ¡quiere volar! y ¡el que no brinque es chino! sonaban constantemente a una sola voz en diversas aglomeraciones que hacían los mexicanos para fraternizar con los japoneses.

¡Pikachu! era otro tipo de porras que se hacían en las reuniones durante las noches.

también disfrutaron

Aunque no fue un grupo muy numeroso de turistas, los tunecinos también pudieron disfrutar de la ciudad y sus pasajes urbanos.

Y es que al tener su equipo su campamento por más de dos semanas en Monterrey, algunos aficionados decidieron acompañarlos por casi todo ese tiempo para poder presenciar los juegos contra Suecia y Japón.

Tal vez por su cultura fueron un poco más reservados y extrañamente se vieron algunos tunecinos disfrutando en la ciudad, sin embargo el Barrio Antiguo y la Plaza Zaragoza también fueron dos de sus puntos de reunión obligatorios.

“Es la primera vez que vengo a Monterrey y me encantó su cultura y su gente”, comentó un aficionado de África del Norte que paseaba en el centro de la ciudad después de la derrota de su equipo contra suecia.

COREANOS Y SUDAFRICANOS

También pudieron conocer al menos por un par de días la cultura mexicana, no se diga la del norte específicamente la de Monterrey.

Los mismos coreanos, quienes ya habían estado en Guadalajara, catalogaron a la Sultana del Norte como la mejor sede de México, pues aseguraron que el ambiente que se vivía en esta ciudad no se comparaba con el del centro del País.

Por las noches las míticas calles regias se convertían en una extensión de la fiesta futbolera, pues curando los partidos acababan, la mayoría de las aficiones se congregaban en la zona del Barrio Antiguo para seguir con la euforia.

TODOS FUERON BIEN RECIBIDOS

Sin duda los regios no esperaron invitación para unirse a la fiesta futbolera y apoyar a una u otra selección. Aunque cabe aclarar que los suecos, nipones y coreanos fueron los equipos de los regios durante los partidos que se disputaron en el Estadio Monterrey.

Así como en el estadio, las calles del Barrio Antiguo fueron una locura nocturna. Futbol, alcohol y mucha diversión fue el común denominador durante las últimas tres semanas.

Aprovechando que al ser considerado un corredor mundialista, por el municipio de Monterrey, las calles como Morelos se volvieron cantinas públicas en donde todo estaba permitido, menos quedarse sentado en un rincón.

Besos entre mexicanos y extranjeros, turistas volando por el aire y duelos de pierrotazos, era común ver entre tumultos cuando el sol se iba a descansar.

Cada vez que los extranjeros eran abordados por algún medio de comunicación, siempre se escuchó: “Amé Monterrey y su gente”.

BIEN CUIDADOS

Saldo blanco fue el que reportaron las autoridades municipales durante los días de fiesta en el Barrio Antiguo, lugar que se mantuvo bien custodiado por los efectivos de la Policía de Monterrey, las 24 horas del día.

Durante la mañana y la tarde, en cada esquina siempre hubo elementos dispuestos a ayudar a quien lo necesitara, por las noches las calles eran restringidas a la circulación vehicular para cuidar a los paseantes.

Así la fiesta nunca se salió de control y cuando se ocupó siempre hubo un policía dispuesto a proporcionar asistencia.

Así fue como la Plaza Zaragoza y el Barrio, como lo nombran los locales, se convirtieron en epicentros de la Fiesta Futbolera, incluso por encima de otros lugares.

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