La tragedia pudo haberse evitado


Imagine que todas las escuelas de Nuevo León contaran con un sistema de pruebas psicológicas que pudieran detectar en niños de primaria y secundaria problemas como ‘bulliyng’, depresión, principios de anorexia y bulimia e, incluso, a aquellos menores que fueran propensos a cometer actos de violencia como el que enlutó al Colegio Americano del Noreste hace unos días.
Hace 12 años, durante la administración de Natividad González Parás, un programa de este tipo pudo haberse implementado en todas las escuelas de la entidad, pero la falta de dinero y la indiferencia de los padres de familia impidieron hacerlo.
Era el año 2004 cuando Brenda Blancas, estudiante de la carrera de psicología en la Universidad Metropolitana de Monterrey, realizaba su servicio social en lo que hoy se conoce como el Instituto de Defensoría Pública, donde se desempeñaba como perito en psicología criminal.
Su experiencia en el trato con jóvenes infractores hizo que se preocupara por el incremento en los índices de delincuencia juvenil y la ineficacia de los programa de readaptación social.
Por ello, en su tiempo libre diseñó un proyecto que conjuntaba una serie de pruebas clínicas que, aplicada a jóvenes de educación primaria y secundaria, permitirían la detección oportuna de aquellos quienes presentaban rasgos de conducta delictiva, además de otros problemas emocionales.
El plan conjunta en un solo programa una serie de pruebas ya existentes que permiten identificar, medir y prevenir perfiles potencialmente criminales en los menores de edad, con lo que se pueden diseñar y aplicar los tratamientos adecuados para estos niños y sus familias.
El programa permite, mediante instrumentos psicométricos, medir el proceso cognitivo, la capacidad de enfocar y reorientar la atención, así como la capacidad de hacer frente a la interferencia.
Además, incluye una prueba que evalúa aspectos neuropsicológicos en el niño con trastornos, como la dificultad de aprender.
También cuenta con una valoración del potencial de agresividad premeditada e impulsiva, así como de aspectos antisociales, delictivos y de conducta desviada, las conductas que fácilmente pueden incurrir en un delito, la evaluación de la capacidad de agresión y habilidades sociales, de la impulsividad, ausencia del miedo, las sensaciones derivadas de problemas sociales y de comportamientos antisociales.
El proyecto es tan completo, que contempla pruebas que miden el control de la ira en los niños, la evaluación de la sintomatología depresiva, y la valoración de trastornos emocionales como síntomas de inutilidad, irritabilidad y problemas de pensamiento.
También se pueden evaluar los problemas en la autoestima, de hiperactividad e impulsividad, de atención, alimenticios y de aprendizaje, y la posibilidad de consumo de sustancias, entre otros rasgos.
De acuerdo a este plan, todas las pruebas estarían concentradas en un solo programa computacional que sería llenado por los alumnos de las instituciones educativas, de forma similar a la que el Gobierno federal y estatal llevan a cabo las evaluaciones de confianza entre su personal.
Los resultados individuales de cada uno de estos instrumentos serían valorados por psicólogos de la Secretaría de Salud o de Educación, quienes contarían con los parámetros para identificar a aquellos niños con problemas que necesitan de atención, terapia y tratamiento tanto en lo personal, como en su entorno familiar.
Blancas indicó que la prueba tomaría una hora y media, y sería de gran beneficio para las instituciones educativas, brindándoles las herramientas que necesitan para detectar a aquellos menores con problemas que luego podrían generar situaciones de violencia.
“Hubiera sido sencillo aplicar este programa, pues se cuenta con una población cautiva en las escuelas, la Secretaría de Educación cuenta con la experiencia para aplicar este tipo de evaluaciones y solo se necesita que los niños vayan y llenen los formatos”, expresó.
La creadora del proyecto reconoció que la idea hubiera requerido algún convenio de colaboración entre la Secretaría de Educación, la de Salud y el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia para la conformación de un equipo de psicólogos encargados de analizar los resultados de los exámenes e identificar a los niños con problemas.
Posteriormente, ese equipo estaría en posibilidades de llamar a los padres del menor para ofrecerles en conjunto el tratamiento y las terapias necesarias para solucionar el problema de forma efectiva.
Al llevar a cabo estas acciones, problemas como el ‘bullying’, suicidio infantil, depresión y hasta de violencia como el que se registró en el Colegio Americano del Noreste podían ser prevenibles y tratables.

‘GRACIAS, PERO…’
Una vez que tuvo en sus manos el proyecto terminado, Blancas solicitó el apoyo de su entonces jefe para conseguir una audiencia con Yolanda Blanco García, quien se desempeñaba como secretaria de Educación en la entidad.
Recordó que el día de la audiencia la entonces funcionaria estatal escuchó con mucha atención y de muy buena gana todo el planteamiento, reconociendo que ayudaría mucho a identificar posibles problemas de conducta entre los estudiantes de la entidad.
Sin embargo, tuvo que descartar la posibilidad de implementarlo pues, le explicó, no se contaba con los recursos económicos suficientes para poder llevarlo a cabo, además de que una idea de este tipo no tendría el apoyo de los padres de familia.
“Muy amablemente me dijo: ‘licenciada, agradezco mucho su interés en los jóvenes, su proyecto es muy interesante y sobretodo muy necesario; sin embargo, lamentablemente no contamos con los recursos materiales o económicos para llevar a cabo la evaluación, no hay presupuesto; es más, con seguridad podría decirle que los padres de familia ni siquiera estarían dispuestos a pagar una cuota de recuperación para poder llevar a cabo esta evaluación’”, dijo.
Decepcionada, Blancas comprendió que si la idea no contaba con el apoyo gubernamental, difícilmente iba a recibir recursos de la iniciativa privada, lo que también hubiera sido un problema, pues hubiera significado que esta evaluación solamente se llevaría a cabo en un sector de la escuelas de Nuevo León.
Es por ello que decidió guardar su programa en un cajón y continuar con su carrera, logrando obtener importantes reconocimientos.
Más de una década después y tras lo acontecido en el Colegio Americano del Noreste, Blancas ha decidido retomar su proyecto, actualizarlo, y buscar la forma para que, ahora sí, pueda ser aprovechado por las autoridades estatales.
“Los hechos en el Colegio Americano pudieron haberse evitado si se hubiera llevado a cabo una evaluación como la que estoy proponiendo, esas pruebas nos hubieran dado las herramientas para haber rescatado a ese joven, para haber detectado estos problemas y, en conjunto con sus padres, haber hecho algo”, indicó.
La especialista lamentó que en Nuevo León no exista una cultura del tratamiento de problemas psicológicos en los menores de edad, misma que permita evitar este tipo de situaciones que muy probablemente se repetirán en la entidad.
Esto es porque, considera la psicóloga, la difusión que han tenido los lamentables hechos en el Colegio Americano del Noreste servirá como un disparador para que otros jóvenes con problemas psicológicos similares a los del agresor, quieran imitar lo sucedido para obtener la atención que no reciben de sus padres y entorno.
“Aunque digan que es una conducta aislada, esto en realidad es una llamada de atención a la sociedad para replantearnos lo que estamos haciendo porque, es cierto, estos hechos no son típicos, es un hecho lamentable y sin precedentes en el estado, pero debemos hacer todo lo posible para que no vuelva ocurrir, aprovechando los mecanismos que existen para detectar a los adolescentes y jóvenes que tienen riesgo de atentar contra su propia vida, son víctimas del ‘bullying’, o son agresivos hacia su entorno”, sentenció.

LA FAMILIA, FUNDAMENTAL
Blancas lamentó que los padres de familia cada vez encuentren más formas de desligarse de sus hijos, como lo es el darles una tablet o teléfono inteligente que los mantenga “entretenidos” durante el día.
“Trágicamente vemos el resultado de una sociedad en descomposición, carente de los valores primordiales de la esencia humana, la educación y comunicación familiar en decadencia, hemos cambiado nuestra escala de valores y prioridades, la hemos sustituido por estar al día en los ‘trending topics’ de las redes sociales, videojuegos y smartphones”, expresó.
Agregó que es irónico que por un lado los padres de familia están muy preocupados por comunicarle al mundo vía las redes sociales lo que hacen, comen o piensan, y por el otro desconocen totalmente qué es lo que les sucede a sus hijos.
“No tenemos comunicación durante la comida o cena con nuestra familia y con nuestros jóvenes ¿acaso no es más importante saber dónde y con quién están nuestros hijos? Debemos de saber quiénes son, cuáles son sus pasiones, sus temores, sus dudas, conflictos, deseos, aspiraciones e intereses, qué les hace falta o demandan de nosotros y qué se les está dando de más. Es el momento de revirar, de ser actores de nuestra propia vida familiar y cotidiana”, dijo.
Consideró que estos hechos deben servir para que la sociedad y gobierno despierten y juntos vayan a la raíz del problema: la extinción de los valores y la nula interacción entre los integrantes de la familia.
Aunque reconoció que existe la posibilidad de que su idea vuelva a ser ignorada, la especialista no pierde la esperanza de que un día el gobierno desarrolle un sistema que permita identificar oportunamente problemas psicológicos en menores de edad para evitar que se desencadenen tragedias como la del Colegio Americano del Noreste.

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