Ser campeón es lo máximo. Levantar el trofeo de un torneo difícil y competido es la aspiración máxima de todos los clubes participantes. Porque el segundo lugar no cuenta y se olvida pronto. Y el subcampeonato equivale a una especie de fracaso amargo por haber estado nada más cerca de la gloria sin ceñirse la corona de laureles.
El club Tigres, obligado a imprimir su quinta estrella de un torneo de liga, debió cumplir las expectativas de su enorme y fiel afición además de desquitar la fama de tener el cuadro más caro del futbol mexicano, de acuerdo con el sitio alemán Transfermarkt, especializado en traspasos de Europa, que considera al plantel felino como el más costoso del país, equivalente a casi 55 millones de dólares.
El América, por su parte, tiene una plantilla de 38 millones de dólares, según Transfermarkt, abajo de los 47 millones de dólares atribuidos a los Rayados de Monterrey y de los 44 de Cruz Azul. Y si no bastara sólo por ese rubro y el deseo de complacer a sus millones de seguidores en México, tuvo un estímulo más ahora, con motivo de la celebración de los cien años de su fundación.
Y mayor motivación inspiró a sus jugadores en la cancha el hecho de haber debutado con el pie derecho ante el Jeonbuk Hyunday coreano en el primer partido disputado en el Mundial de Clubes en Japón la madrugada (hora del centro de México) del domingo 11 de diciembre, triunfo por 2 goles a 1 que le dio derecho de medirse al Real Madrid en el amanecer del jueves 15.
Los Tigres, con su goleador insignia, el francés André Pierre Gignac, valorado por Transfermarkt en 11 millones de dólares, rubricó el anhelo de volar más alto que los azulcremas capitalinos y su romperedes Silvio Romero, en un duelo que la historia habrá de consagrar como de un alto nivel competitivo.
Los méritos fueron bien ponderados por la crítica especializada en esta Final inédita por cerrar el torneo de apertura el domingo 25 de diciembre que, contra la costumbre, se aplazó 18 días por una seria imprevisión de los directivos del futbol mexicano al no esperar que el América podría, como ocurrió, viajar a Japón para jugar el Mundial de Clubes y regresar, agotado, en vísperas del primer partido el 22 de diciembre.
Como quiera que sea, el camino hacia el título de la Liga Mx selló el esfuerzo de los Felinos que llegaron a la liguilla entre los ocho participantes como el que más partidos había perdido en las últimas de las 17 jornadas, pero como quiera se ubicó en el tercer puesto general, mientras que el club de Televisa obtuvo buenos dividendos al cambiar de entrenador y despedir al mexicano Ignacio Ambriz por el argentino Ricardo Antonio Lavolpe, quien llegó invicto en busca del cetro contrarrestando un alud de críticas y malos augurios.
Los Tigres demostraron que, al clasificar tercero en la tabla, harían un torneo muy al estilo Ricardo “Tuca” Ferreti por sus antecedentes en las 8 Finales que tiene en torneos cortos, con 21 goles a favor y 19 en contra, y cuatro campeonatos en su palmarés. Así, empataron con Pumas en la ciudad de México a 2 goles el miércoles 23 de noviembre y golearon a los dirigidos por Paco Palencia por 5-0 en el Estadio Universitario el sábado 26. Y contra León dieron el campanazo de un apurado 1-0 en el Nou Camp el miércoles 30, pero contra lo que sus seguidores esperaban, en su propia cancha sudaron la gota gorda el sábado 3 de diciembre para frenar a los Panzas Verdes que hicieron un juego para ganar, pero sucumbieron por 2-1, al recibir un gol en fuera de lugar y reclamar una anotación que no contó porque el abanderado señaló que el balón salió antes de que fuera centrado, lo que desató la polémica por lo rápido y complicado de la acción en la portería de Nahuel Guzmán.
A su vez, el América se repuso de los dos enfrentamientos contra las Chivas Rayadas de Guadalajara, que le habían causado enorme bochorno principalmente porque fue como perdió la oportunidad de hacerse del título en el torneo de copa que tenía contemplado en el año de su centenario. Así es que al efectuarse los dos clásicos nacionales en plena liguilla la venganza llegó por partida doble, porque a Lavolpe también le sirvió para desquitarse en su rencillas con el dueño del club tapatío, Jorge Vergara.
Luego se impuso a un Necaxa que llegó con la etiqueta del “caballo negro” por hacer a un lado los pronósticos de descenso y ganar al favorito Pachuca inicialmente en la Liguilla y hacer ver su suerte al América, que después de todo puso su cuota de grandeza en busca del gallardete, sin imaginar que su pase a la Final lo obligaría a hacer un compás de espera por la prioridad del Mundial de Clubes.
A nivel local, en el último partido el ingrediente extra fue ver a “Tuca” Ferreti gozar por haber borrado el golpe que los Rayados de Monterrey le habían dado a Tigres en la liguilla de hace seis meses al dejarlos fuera de la Finalísima. Pero también lo vimos pasear su leyenda en el futbol mexicano por completar mil partidos dirigidos en la máxima categoría.
Y colorín colorado, el torneo por fin se ha acabado.






