Sentir la camiseta…

M

uchas de las -merecidas- críticas que han recibido los Rayados tras su penosa eliminación de la repesca frente al San Luis (¡!), se basan en la actitud mostrada por la mayoría de los jugadores del Monterrey.

“Pechos fríos”, “pingüinos”, “tienen atole en las venas”, “no vibran con los colores”, “no sienten la camiseta”, son las críticas más comunes que se lanzan contra la plantilla del Monterrey que, para cuando estas líneas sean publicadas, van a estar en un paradisiaco punto turístico disfrutando de sus vacaciones.

Sin embargo hay una frase que desde hace días me ha estado dando la vuelta en la cabeza: “no sienten la camiseta”.

Vamos a partir de la idea que, como lo dijo Valdano (¿o fue Sacchi?): “El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes” para entender la importancia que muchas personas le dan a este jueguito que gira alrededor de una pelotita.

Para millones de aficionados, quienes anhelan pertenecer a algo, los colores de su equipo de futbol son más fuertes que cualquier otro vínculo en sus vidas.

Por razones que están de sobra analizar en este espacio, muchísimos hinchas le dan una importancia sobrenatural al equipo de sus amores, al que colocan en un pedestal que, en ocasiones, no le dan ni a sus familias.

Para bien o para mal, sus vidas tienen como Alfa y Omega al futbol, no conocen nada más importante, no les interesa alguna otra actividad.

Sin embargo, y en honor a la verdad, el futbol y los futbolistas no deja de ser un trabajo como cualquier otro… ellos practican una actividad y se les paga por sus servicios.

Es cierto, a diferencia de miles de otras profesiones, aquí tenemos a millones de personas siguiendo lo que hacen estos obreros del balón, por llamarlos de alguna manera.

Pero, al final y fuera de la enorme brecha salarial que existe entre ambas actividades, ser futbolista representa lo mismo que, por ejemplo, ser cajero en una tienda de conveniencia.

Aquí el detalle es que los cajeros de los Oxxos o los Super 7 no tienen a millones de ojos hurgando cada uno de sus movimientos.

Digamos que una mala tarde, uno de estos cajeros se equivoca al entregar el cambio de una compra, nadie en su sano juicio va a estar viendo en un loop interminable las grabaciones de la cámara de circuito cerrado del momento justo en que el susodicho entregó una moneda de 10 pesos en lugar de una de cinco.

Ningún analista, opinador de televisión o radio, va a estar pausando el segundo preciso en que el cajero se equivoca de moneda, imaginando qué es lo que pasaba por su cabeza o reclamándole que un “profesional”, como se supone lo es, “tiene que saber cómo entregar un cambio”, pues “para eso le pagan”.

Obviamente si hubiera un programa donde ex cajeros del Oxxo se la pasaran analizando los métodos de venta, técnicas para entregar el cambio, mejores formas de justificar que “se cayó el sistema” y todo lo relacionado con esta actividad, seguramente nadie lo vería.

Pero eso es lo que en ocasiones no los aficionados y la llamada prensa especializada no quieren entender: para muchos jugadores, patear la pelota cada domingo no es más que su manera de ganarse la vida.

En parte debo decir que les doy toda la razón.

¿O acaso alguien de los que está leyendo estas líneas “siente la camiseta” de su empleo de la misma manera que le exigen que lo hagan los jugadores de su equipo preferido?

¿Habrá quién le tenga tanto amor a Transportes Hualahuises, Salchihuites y Asociados, GAPAC S.A. de C.V. o Supermercado La Gallina Descabezada?

Dudo mucho que exista ese nivel de entrega para un empleo.

A lo mucho habrá quienes se esforzarán más allá de sus obligaciones, trabajarán hasta tarde, sacrificarán fines de semana y días festivos pero, se los aseguro, nada de esto viene de un amor a la camiseta o una pasión por los colores de su empresa.

Todo esto viene porque se está haciendo un trabajo y se está cobrando un sueldo.

Entonces, tomando en cuenta lo anterior ¿por qué los aficionados le exigen a los jugadores que amen al equipo de aquí a la eternidad? 

Seguramente alguien no va a estar de acuerdo con mi teoría pero, en el fondo de su corazón, sabe que no estoy del todo equivocado.

Así que le próxima vez que quiera comerse vivos a los jugadores de Rayados (o cualquier otro equipo) y los acuse de ser “pechos fríos”, ténganles un poco de consideración y comprenda que más allá de los millones de pesos que cobran, no son más que trabajadores, igualito que el resto de nosotros.

En todo caso, quienes tendrían que decirles algo y, con justa razón, quemarlos en leña verde, son sus patrones en FEMSA quienes, después de todo, son los que les pagan sus fabulosos sueldos.v

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