Mauricio Fernández Garza es quizá el panista de Nuevo León con menos pelos en la lengua, y cuando se trata de criticar a su propio organismo político no hay otro ilustre militante albiazul como él.
El empresario ya fue diputado federal, senador de la República, alcalde de San Pedro y, en 2003, se quedó con las ganas de ser gobernador de Nuevo León, cuando jugó en su contra la pésima gestión como gobernador panista de Fernando Canales Clariond, cuando perdió por amplísimo margen ante Natividad González Parás en la elección constitucional.
Mauricio es un miembro del Partido Acción Nacional diferente. Recuerdo que a finales de 1996, cuando por primera vez buscó la candidatura del PAN al gobierno del Estado, detenía la caravana de prensa y bajaba en cualquier tienda de pueblo a comprar refrescos y comida para los reporteros.
Apegado al dicho de que “el que nada debe nada teme”, acostumbraba llegar a las entrevistas con los medios de comunicación sin guardaespaldas. Al volante de sus envidiables automóviles de colección.
Para la campaña de 2003, se dice en su mismo partido que Mauricio no se quiso ayudar, creyó ganar solo y no incorporó a panistas de otras corrientes en su círculo cerrado de su equipo de campaña. Pero la verdad, esa no fue la principal razón de la derrota.
El sexenio de Canales Clariond fue tan desastrozo y polémico que el PAN no tenía cómo retener la gubernatura de Nuevo León; ni con la bendición de la Virgen de Guadalupe.
Mauricio perdió porque su partido fue insensible con la sociedad nuevoleonesa que le había dado su voto a Canales Clariond en 1997. Hubo otros políticos de esa misma camada que, con su forma de gobernar municipios, contribuyó para que el PRI y González Parás recuperaran el Estado.
En las últimas semanas, antes del “dedazo” del Comité Ejecutivo Nacional que entronizó al ex senador Fernando Elizondo Barragán como candidato a la gubernatura, Mauricio volvió a salir de la oscuridad y se apuntó como el quinto aspirante.
Con menos posibilidades que sus contrincantes, el empresario no descartaba repetir la historia de Canales Clariond, de haber perdido una vez la elección y, años después (1997), entrar por la puerta grande al Palacio de Cantera. Aunque su salida fue por el traspatio de manera vergonzosa.
En días pasados desde la Ciudad de México, cuando el PRI a su estilo arropó a Rodrigo Medina de la Cruz como su candidato a la gubernatura con el apoyo de la mayoría de los que sonaban como Abel Guerra Garza, Cristina Díaz y Benjamín Clariond Reyes, entre otros, en el PAN supuraba la inconformidad porque no digerían la forma de elegir a Elizondo Barragán.
El ex senador y gobernador interino cuando Canales Clariond fue llevado por Vicente Fox Quesada tratando de salvar el barco de Nuevo León que se hundía, se presentó ante la prensa el miércoles 4 de febrero, ante la notoria ausencia de ilustres militantes de Acción Nacional.
La imposición de Germán Martínez, presidente nacional albiazul, obviamente con la anuencia en esa decisión de Felipe Calderón Hinojosa, pone al PAN en una grave crisis y en el riesgo latente de perder no solamente la elección para gobernador, sino los municipios conurbados y la mayoría en el Congreso.
Porque la elección del 5 de julio está muy cerca y, difícilmente, los contrincantes van a subirse a ese tren con entusiasmo.
Seguramente Fernando Larrazábal Bretón, Fernando Margáin Berlanga, Mauricio Fernández Garza y Adalberto Madero Quiroga, con una mano, levantarán el brazo de Fernando Elizondo Barragán, pero con la otra harán una señal cuyo significado es impublicable en este espacio.
Siempre he sostenido que los panistas saben ser verdaderos enemigos cuando se disputan las candidaturas. Y esa rabia que algunos no saben disimular por culpa del “dedazo” de Germán y Felipe, no será como una gripa, que se quitará con una cucharadita de jarabe.
El Revolucionario Institucional tiene en Medina de la Cruz a un candidato que va con el perfil rejuvenecedor que busca ese partido rumbo a las lejanas elecciones presidenciales de 2012. Y en este 2009 en Nuevo León servirá para ir abonando el camino, casi seguro, a Enrique Peña Nieto.
No dudo ni tantito que el PRI va a retener el poder ejecutivo del Estado, porque tampoco dudo ni una pizca, que las heridas del PAN no van a sanar y, peor tantito, algunos van a jugarle en contra a su candidato, tras bambalinas.
Pero regresando con Mauricio, me atraparon unas declaraciones que hizo a El Universal la designación del candidato del PAN… al viejo estilo del PRI.
Aquí va parte de la nota:
“No voy a aceptar un ‘dedazo’, es un retroceso fundamental, se demuestra la falta de democracia… esta gente está perdiendo al partido, Germán no sabe o no conoce, porque no vivió, los ideales en que fueron fundados el partido”.
“¿Le levantarás la mano a Elizondo?”, se le cuestionó.
“Que se la levante el que lo eligió, que venga Germán a levantarle la mano, ni siquiera se ha aparecido, pues es un proceso antidemocrático”, apuntó.
El también aspirante a la gubernatura Fernando Margáin comentó que la reforma estatutaria que le da poder al CEN para aplicar una designación directa representa “un retroceso en la vida política del partido y hace a un lado la democracia”. v



