El paraíso de los criminales 

No es fácil procesar las imágenes de lo que sucedió en el estadio La Corregidora de Querétaro el pasado 5 de marzo.

No es sencillo pues las fotografías y los videos del horror que se registraron en el inmueble están fuera de lugar, no pertenecen a un centro de entretenimiento donde, se supone, las familias pueden acudir unidas a divertirse.

Sin embargo, la violencia existió y ha dejado una enorme cicatriz en el futbol mexicano.

Pero no nos engañemos, lo que pasó en Querétaro no es un hecho aislado, es la lógica consecuencia de la espiral de violencia e impunidad que se vive en el país y que no ha podido ser detenida por ninguna autoridad de los tres niveles de gobierno.

Por un lado, tenemos al gobierno federal con su estúpida estrategia de “abrazos y no balazos”, que solo sirve para que las autoridades estatales y municipales justifiquen su parálisis y permitan que los malos hagan lo que se les dé la gana.

Como nadie hace nada, es posible asesinar a alguien a plena luz del día, en calles concurridas y que los hechos queden hasta grabados en videos que luego solo sirven para alimentar el morbo de los noticieros y las redes sociales.

México se ha convertido en el paraíso de los delincuentes, donde es posible robar, matar, herir y salir impune.

Lo que pasó en Querétaro es un ejemplo pues, solo 14 agresores han sido detenidos o de jodido identificados por las autoridades.

Por evidencias no falta. Las redes sociales están llenas de videos y fotografías donde estos animales presumen lo que hicieron.

¿Cómo es posible que vivamos en un país donde puedes moler a golpes a una persona y, minutos después, escapar sin que nadie te haga nada? Solo en México.

A la impunidad hay que agregarle la descompuesta relación entre las autoridades y la población, quienes prefieren creer en teorías de conspiración cuyos autores se las sacaron de la parte del cuerpo donde no da el sol.

Como las autoridades son una partida de inútiles, la gente prefiere creer que en los hechos del Corregidora hubo 17, 30, 200 muertos. 

Para los mexicanos, el video de una persona inerte (obvio, le acaban de partir el alma a golpes), no puede significar más que ha perdido la vida.

Para las redes sociales, es más fácil creer en una enorme conspiración armada en cuestión de horas, que encontrar a uno solo de esos supuestos muertos que, créanme, cualquier reportero estaría feliz de tomarle una foto o un video.

La gente no cree en las autoridades porque ellas no han hecho nada para ganarse su confianza.

Ultimadamente, que no haya habido muertos no cambia en nada la gravedad de lo que sucedió.

Lo que pasó en Querétaro es una muestra que el negocio del futbol está podrido, que el dinero es más importante que los seres humanos.

Por eso Gallos Blancos no será desafiliado de la Liga MX y, obviamente, México seguirá firme con su candidatura para organizar el Mundial de Futbol.

La Liga MX ha anunciado “medidas sin precedentes”, pero no pudo salir con algo mejor que prohibir que las barras visitantes puedan acudir a un estadio, ¿eso de qué Diablos va a servir?

Gallos Blancos y el estadio La Corregidora representan millones de pesos en ingresos económicos y por eso no recibirán el castigo que se pide para ellos en las redes sociales y en los medios de comunicación.

Ah… y los medios, ahí están otros responsables de lo que pasó en Querétaro.

En Monterrey lo sabemos muy bien, un sector de la prensa deportiva es experta en “vender chicharrón”, en enajenar a la tribuna, a enardecer a los fanáticos.

¿O ya se les olvidaron las hieleras afuera del hotel de Abu Dhabi?

Pero eso sí, tan buenos son para sembrar tormentas, como para esconder la mano cuando la piedra rompió el cristal.

No tengo la menor duda que hoy, estos “chicharroneros” están modificando los guiones con los que pretendían “calentar” el Clásico entre Tigres y Rayados, después de todo hoy no es políticamente correcto recordarle a las barras de ambos equipos lo mucho que se odian.

Desgraciadamente estoy seguro que lo que pasó en Querétaro se repetirá, porque vivimos en el país donde no pasa nada, donde el dinero es más importante que la vida, donde la violencia es una gran manera de conseguir rating.

Qué tristeza.

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