El doctor Abel Alanís Castillo, médico internista cardiopulmonar por la Universidad Autónoma de Nuevo León, comparte en el pequeño libro: “Relatos de la Medicina en Reynosa”, los antecedentes históricos en la rama de la salud durante dos siglos, antes de llegar la industria farmacéutica.
Tras los incendios intencionales del pasado 10 de julio en dos centros religiosos del poblado de Hargill, ubicado en el extremo noreste del condado de Hidalgo, Texas, a 61 kilómetros de la frontera con México, la policía no ha dado con ningún responsable. Los residentes piden mayor vigilancia y no descartan una nueva agresión.
En una zona comercial de Pharr, Texas, existe un campo de tiro en el que cualquier persona –no importando su nacionalidad– puede disparar los pertrechos que quiera, desde una pistola calibre .45, hasta un fusil de asalto
AK-47, a cambio de varios dólares sin que exista una investigación previa. Los niños también tienen acceso, siempre y cuando acudan con sus progenitores.
En una charla con Hora Cero el cirujano plástico, Raúl López Castillo, aborda los pormenores del que es el tercer procedimiento estético más practicado en México. Desde el norte de América, de Europa y de Asia, este médico tiene pacientes que han viajado largas distancias para operarse exclusivamente en su quirófano.
Los habitantes de los ejidos cercanos a Reynosa, así como los visitantes de Nuevo León y del resto de Tamaulipas, aprovechan el bajo costo del combustible que se oferta en las ciudades limítrofes de México con Estados Unidos para llenar los tanques de sus vehículos, puesto que en el interior del país vale casi el doble. Dicho fenómeno está desolando algunas estaciones de gasolina cara cercanas a la franja divisoria.
Con apenas 20 dólares en la bolsa, Nolvia Janeth Cárcamo, acompañada de sus hijas Maylin y Daniela, de ocho y diez años, atravesaron como “inmigrantes condicionadas” la Unión Americana, en un último y largo trayecto de tres mil 196 kilómetros en autobús, tras muchos días intentando llegar a la frontera sur de Estados Unidos. Tenían como objetivo reencontrarse con su esposo y padre de las niñas, Walter Pérez, a quien vieron por última vez hace siete años, desde que éste salió de su país natal, Honduras.
Por su adicción a la cocaína, Carmen Julia Hurtado Solís pasó de ser una ejemplar ama de casa a perder su familia, intentar suicidarse y terminar como prostituta en el sector de la Ribereña. Hoy es la encargada del primer centro de rehabilitación femenil en Reynosa y -con su testimonio- buscar ayudar a rescatar a prostitutas de la calle y mujeres en drogadicción.
Muy débil y extremadamente demacrada Berenice accedió a contar la historia del por qué ella y su pequeña Tifanny están enfermas con el virus del VIH. Desea retratar cómo es la vida cuando existe una sentencia de muerte tan avasalladora, que arrasó con sus fuerzas, anhelos y acabó robándole la felicidad. En medio del sufrimiento alza la voz para que la gente reaccione y ya entienda que debe cuidarse.