El renacer de El Pana

Brindo por las damitas, damiselas, princesas, vagas, salinas, zurrapas, suripantas, vulpejas, las de tacón dorado y pico colorado, las putas, las buñis, pues mitigaron mi sed y saciaron mi hambre, y me dieron protección y abrigo en sus pechos y en sus muslos y acompañaron mi soledad. Que Dios las bendiga por haber amado tanto…”.

Fueron las palabras del brindis hecho por el mítico torero mexicano, Rodolfo Rodríguez, El Pana, aquel 7 de enero de 2007 en la que todos pensábamos era la última vez que se vestiría de luces el “Brujo de Apizaco” era pues la corrida de despedida del torero antiguo, del torero en la legua.

Esa tarde fría, del primer mes del año, la Plaza México viviría una de sus más importantes e inolvidables tardes, en el que decía adiós el mismo torero que el 18 de marzo de 1979 tomara la alternativa en ese mismo coso, con un toro de Campo Alegre, llevando como padrino al torero charro Mariano Ramos, ya fallecido. Habían transcurrido 28 años de aquella memorable fecha, en la que sin saber por qué, el destino o los dioses, nos tenían preparados un pasaje taurino milagroso, al permitirnos sentir y disfrutar una faena, llena de arte y sentimiento y con un dejo de sabor añejo, El Pana, en esa tarde destapó el pomo de las esencias y nos brindó una excelsa faena a la vieja usanza del toreo mexicano.

Ese 7 de enero de 2007 El Pana lucía al partir plaza, un precioso traje de colores, rosa y plata confeccionado al estilo antiguo; esa tarde el tlaxcalteca nos hacía suponer sería su último paseíllo en la plaza mayor del mundo. En ese mismo coso taurino, que había sido testigo de su azarosa vida de torero, que había visto sus fracasos y triunfos, esa plaza, que había padecido y gozado de la enorme personalidad del mítico torero de Tlaxcala.

Por muchas razones, la vida personal y taurina de El Pana había estado repleta de altibajos y contrastes, habiendo vivido historias que parecían sacadas de obras literarias de tragedia, como un protagonista más de las novelas de García Lorca; esa tarde que pensábamos era el adiós de Rodolfo Rodríguez, estaba predestinada como una de las fechas con más arte y sabor del toreo mexicano; ese día 7 del primer mes de 2007 se despedía según la crónica que todos tenían preparada, el personaje considerado el ultimo romántico de la Fiesta Brava.

Esa tarde se respiraba en la Plaza de Insurgentes un halo de tristeza y de nostalgia, porque se iba uno de sus mayores ídolos, después de años llenos de problemas y sinsabores; se iba, pues, el personaje que en su momento había alzado la voz, mostrando su rebeldía y crítica mordaz a las empresas y a las figuras del toreo, lo que le valió por muchísimos años haber sufrido el veto de las principales plazas de toros y de muchos compañeros de profesión.

Ese domingo 7 de enero aparecía el nombre de El Pana, encabezando un cartel modesto, al compartir créditos con los toreros Serafín Marín y Rafael Rivera; la mayoría pensábamos que sería una corrida de trámite y el adiós de El Pana, pasaría sin pena ni gloria; no obstante la plaza registró una muy buena entrada y el matador de corte antiguo, llegó al coso de la colonia Noche Buena, fiel a su costumbre, ataviado a la vieja usanza y además llevado hasta la puerta principal por una calandria, fumando su típico habano y rodeado de miles de personas que lo acompañaban como al héroe o mítico personaje que acudía a la plaza, a lidiar sus toros; con ello se podía percibir, como en las novelas, que la magia de El Pana podía transformar la despedida en un nuevo capítulo del protagonista, cual novela de tragedia mexicana.

Y entonces surgió el milagro, saltó al ruedo de Insurgentes un precioso toro de la ganadería de Garfias llamado “Rey Mago”. Fue entonces cuando El Pana, en un momento de inspiración,  empezó a mover el capote con profundidad y temple, pegándole al burel una inolvidable serie de lentas y majestuosas verónicas dignas de una pintura; y luego, con la misma cadencia  ofreció a la concurrencia un maravilloso quite por chicuelinas muy al estilo de Silverio Pérez poniendo en ebullición a los miles de aficionados que extasiados veían la faena del “Brujo de Apizaco”.

Pero lo mejor estaba por venir, El Pana, después de hacer el famoso brindis por televisión, se puso enfrente de “Rey Mago”  y con la muleta en la diestra, bordó al ejemplar de Garfias, un toreo lleno de magia y profundidad, pegando unos derechazos largos y templados que parecían interminables, que remató con dos majestuosos trincherazos dignos de una escultura que electrizaron a la concurrencia; fueron dos pinceladas de puro arte mexicano.

Fue entonces que el torero, que parecía se retiraba esa tarde de los ruedos, voló a lo más alto, a la cúspide de la emoción; la faena a “Rey Mago” lo catapultó otra vez a los cuernos de la luna  y El Pana, en otro capítulo de su novelesca vida, decidió seguir toreando y fue ahora sí que le llovieron contratos en cosos mexicanos y españoles. El Pana volvió a nacer, su espíritu afloró de nueva cuenta y el llamado “Brujo de Apizaco” permaneció por un buen tiempo, en el ánimo de los aficionados y empresarios.

Recuerdo que El Pana, con su grandiosa faena al toro  “Rey Mago” de Garfias, conmovió a toda la afición taurina, poniendo a llorar a miles de aficionados presentes en la Plaza y a muchos más que seguíamos su obra de arte taurina a través de la televisión.

Con ese triunfo El Pana volvió a ser el centro de atención de la Fiesta en México y su figura y embrujo cautivaron también a los aficionados españoles; El Pana gracias a su encuentro con “Rey Mago” logró torear muchas tardes en España y México, logrando nuevamente con ello de su ostracismo, había pues El Pana ganado otra vez la batalla.

Hoy el legendario matador de tez morena, piel curtida, porte de torerillo antiguo, que viste pantalón ajustado, pañoleta al cuello y lleva un clavel en la solapa y que cuenta con 64 años de edad, protagoniza nuevamente otro capítulo más en su vida de tragedia, al encontrarse al punto de la paraplejia, al haber sufrido un gravísimo percance el pasado 1 de mayo en la modesta Plaza de Lerdo, Durango, al ser herido por el toro número 5 de la Ganadería de Guanamé, que le provocó lesiones cervicales de altísima gravedad.

Los pronósticos médicos no son muy favorables y todo parece indicar que su inmovilidad corporal será permanente, tal y como les sucedió a otros grandes toreros de otra época, nos referimos al español Julio Robles y al francés Cristian Montequioul Nimeño II, quienes a consecuencia de heridas de toro  quedaron postrados en una silla de ruedas,  hasta que ellos mismos decidieron acabar con su vida.

Deseamos que la gracia de Dios, al último de los románticos del toreo ayude a salir bien librado de este trago amargo, deseamos sinceramente que nuestro torero chapado a la antigua tenga otra oportunidad en la vida.

Te deseamos mucha suerte Pana, seguramente saldrás adelante en tu vida de tragedia literaria como sinónimo de una forma dramática cuyo personaje protagónico se ve enfrentado de manera misteriosa, invencible e inevitable contra el destino.

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