Políticos sin vergüenza

Mis pláticas con el gran Vicente Leñero eran auténticas clases de erudición y de formación crítica. Su espíritu indomable ante el poder y la riqueza o la fama, y su independencia de criterio para volcar en sus escritos lo que consideraba su verdad aunque hiriera la sensibilidad de muchos, me hacían expresarle mi tributo de admiración cada vez que teníamos oportunidad de un saludo, aunque fuera por teléfono en sus últimos días en que la enfermedad lo postró en cama.

Él sonreía y con mucha humildad simplemente me decía: “¡Ah qué Esquivel tan especial!”. Pero el especial era él por la finura de su estilo literario y su vocación humanista, además de esa forma de comportarse y de dar clases de periodismo sin proponérselo, porque no le gustaba ser encasillado en el género informativo, ya que la dramaturgia fue su camino desde la niñez. Pero, al querer y sin ganas, para mí fue siempre el enorme entrevistador y cronista que me inspiró en mi juventud, además del sabueso con una intuición muy fina para ordenar reportajes de investigación a pasto para la revista “Proceso”.

Leñero decía que el único periodista que había en México, o el mejor, era Julio Scherer García de quien aprendió el abc de la prensa demandante y comprometida con la opinión pública, imparcial y feroz. Y comentaba que en sus charlas ambos estaban de acuerdo en que los países tercermundistas son un agasajo para los profesionales de la noticia porque están repletos de temas sobre la corrupción, de manera que los reporteros no terminan de investigar un caso cuando las pistas los llevan a otros más, y así llenan páginas y páginas de historias pestilentes en los diarios y tiempos en los medios audiovisuales.

A eso hay que sumarle la conducta delictiva de tantos malos ciudadanos que son parte de la nota roja en los periódicos un día sí y otro también, particularmente cuando se desató la vorágine del crimen organizado y la lucha contra los narcos.

Y Leñero comentaba con una fina ironía que ser periodista en estas circunstancias es muy entretenido, mientras que el aburrimiento es el sello de los medios informativos en países de alta educación y civilidad como Noruega, Dinamarca, Finlandia, Suiza, donde la salida del sol es la que llama la atención y no hechos negativos de una sociedad tan ordenada, de modo que al primer disparo de un fusil de asalto la novedad envuelve a estas sociedades abruptamente.

Agregaba el ilustre dramaturgo que, especialmente en México, el medio político es un semillero de notas sensacionales y a veces sensacionalistas por las uñas largas de quienes alcanzan el poder al más alto nivel o caen de pie en un organismo público y no contienen su codicia innata al oler el presupuesto o al administrar el erario de cualquier entidad gubernamental, y dar así abundante materia prima a los verdaderos detectives del periodismo cuando éstos no se vuelven cómplices del corrupto, porque también hay corruptos en la prensa, la radio y la televisión.

Los ejemplos siguen campeando hasta nuestros días, pero no todos los medios exhiben las trampas de funcionarios que recurren a empresas fantasmas para disimular sus fechorías ni denuncian a verdaderas ratas de dos patas que ni siquiera disimulan la ostentación de su riqueza apenas llegan a un cargo público, valiéndose a veces de prestanombres y testaferros con tal de sangrar el dinero de los impuestos.

Esos medios callan y se desentienden de muchas de estas notas pero se rodean con el desfile de políticos deshonestos cuando sus escándalos dan de qué hablar, e inclusive consiguen matizar mucho el hecho de que el Presidente Enrique Peña Nieto no haya podido quitarse el estigma del conflicto de interés por haber comprado la casa en el club de golf de Ixtapan de la Sal a uno de los contratistas más favorecidos por su gobierno, a pesar de las argumentaciones en que se excusa para que la opinión pública lo exonere. Nada de eso. El peso ligero de la culpa en su conciencia no concuerda con la severidad del juicio a que sigue sometido por los sectores más pensantes del país que, obviamente, no tienen cabida en los medios críticos y antigobiernistas.

Y más cuando no ha desaparecido la sospecha de que su esposa Angélica Rivera “La Gaviota” también se valió de las influencias del primer mandatario para comprar la hoy famosa “Casa Blanca” a Grupo Higa, la cual le tendió también facilidades de pago y bajos intereses al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, para la compra-venta de una mansión en Malinalco, Estado de México, así como la renta de un terreno colindante. La defensa que arguyen a su favor no ha valido de nada.

Scherer y Leñero tenían razón: la danza de noticias acerca de otros gobernadores como Humberto Moreira (de Coahuila), Tomás Yarrington (de Tamaulipas), Andrés Granier (de Tabasco),  José Murat (de Oaxaca), Rodrigo Medina de la Cruz (de Nuevo León),  Padrés (de Sonora) y Ángel Eladio Aguirre Rivero (de Guerrero) sigue alimentando el morbo insaciable de lectores que apenas dan crédito a la forma como la banda de sinvergüenzas del gobernador con licencia de Guerrero robaron 287 millones de pesos, triangulando transferencias con empresas favorecidas con contratos de obras federales y estatales.

La misma historia de siempre. Como la que afrontan en Nuevo León  el Arq. Abel Guerra Garza y su esposa Clara Luz Flores por el negocio millonario que hicieron con la compra venta de un terreno en el municipio de Escobedo.

Pero la realidad es que no vemos para cuándo termine tanta corrupción si los que se lanzan a esta actividad tan lucrativa saben que no les pasará nada porque la impunidad los protege, y al final de cuentas recurren a argucias políticas y a padrinos encumbrados para negociar el perdón sin regresar el dinero sustraído del erario, u obtenido con trampas que tratan de despistar el conflicto de interés o la compra indebida de propiedades mediante prestanombres.

En síntesis, la corrupción no terminará jamás si el estado de derecho no termina también con la impunidad. Y entonces el periodismo seguirá dándose banquetes de informaciones de rapiña y lavado de dinero, como lo dijo en su momento el inolvidable Vicente Leñero como colofón de sus charlas con Julio Scherer García. Todo México es un agasajo para la prensa y los medios que no están comprometidos con ninguna clase de poder en la sociedad. No hay aburrimiento cuando se trata de informar sobre las triquiñuelas de los políticos y la maldad de los delincuentes.

Últimas Noticias

El Mundial desde mi X

Como parte del equipo de Hora Cero Deportes tuve...

Que no se vuelva a repetir

M ás allá de los discursos de Samuel García de...

TOY STORY 5. La amenaza de la tecnología

En Toy Story 5, la franquicia de animación llega...

¡Viva la UANL!

Amo entrañablemente a la Universidad Autónoma de Nuevo León. Fue la casa de estudios de mis hijos: Iris (Administración de Empresas) y Jorge (Derecho...

Adiós, Dr. Todd

Se nos fue muy temprano, y en domingo, pues al Doctor Luis Eugenio Todd Pérez le encantaba madrugar. Era un genio para el humor...

Desvergonzados

Suena cinismo, pero no les da pena a los del gobierno federal. Parece burla, pero la jerarquía burocrática no tiene conciencia de su efecto....